sábado, 15 de agosto de 2009

Nietzsche y el Comunismo (IV): Contra el Iluminismo popular

Maldición de la Modernidad

Nicolás Alberto González Varela
Rebelión


“Pero, preguntando una vez más: ¿qué se quiere? Si se quiere una meta,
se han de querer los medios; si se quieren esclavos — ¡y se necesitan! —,
no se les tiene que educar para ser Señores.”
(F. Nietzsche, Nachlass)



H emos estado analizando la serie de conferencias públicas sobre la educación en la Alemania del IIº Reich, ante un selecto auditorio de personalidades intelectuales y líderes políticos conservadores que Nietzsche realizó a lo largo de 1872 durante su estadía en Basilea. Son las últimas intervenciones político-polémicas del filósofo en la arena pública y paralelas al desarrollo de varios escritos importantes, en especial El nacimiento de la Tragedia, y preludio a sus futuras Consideraciones Intempestivas. Al parecer tuvo un público numeroso, que le permaneció fiel a lo largo de sus exposiciones, según el propio Nietzsche señala al editor de Wagner, Fritzsch “este invierno he dado… seis conferencias públicas… Cada vez tuve aproximadamente 300 oyentes: desde los lados más diferentes se me ha exhortado a imprimir estas alocuciones. Y también yo tengo gran interés en que se impriman bien y bellamente.” En realidad no fueron seis, sino cinco: Nietzsche se cansó y suspendió la última conferencia sin explicaciones para irse al lago de Ginebra con su amigo Immermann. Diremos que unas conferencias ignoradas o subestimadas por el canon del Nietzschéisme, a pesar que el gran biógrafo, Janz, señala que “con estas conferencias Nietzsche toma definitivamente el derrotero en el que lo habremos de ver hasta el final.” La tercera conferencia, la Dritter Vortrag , tuvo lugar el 27 de febrero de 1872 y la consideramos la parte práctica del programa reaccionario del Partei Wagner centrada en mostrar los efectos degenerados y decadentes de la formación y educación universal de los ciudadanos. Nietzsche no tolera los “gastos extras” del dominio burgués, no consiente semejantes reformas ni tolerancia socrática para aceitar la máquina del estado bourgeois. Y su prognosis es inquietante: “La ‘Formación General’ (Allgemeine Bildung) no es más que un estadio previo del Comunismo (ein Vorstadium des Communismus): por esta vía la formación se debilita tanto que ya no puede prestar ningún privilegio (Privilegium)… La formación más general, es decir: la barbarie (die Barbarie), es precisamente el presupuesto del Comunismo (die Voraussetzung des Communismus)… El profesor de filología no duda en derivar un programa práctico para la coyuntura del IIº Reich de Bismarck. Un Bismarck que había despertado tantas esperanzas en el propio Nietzsche. En esto también coincidimos con la apreciación de Janz que en estas conferencias “se presenta con sus reivindicaciones crítico-culturales, que también contienen una buena dosis de crítica social.” Por supuesto: el Nietzschéisme las ignora completamente: ninguno de sus hagiógrafos o comentaristas (de Kaufmann a Vattimo) se digna ni siquiera en comentarla, salvo para descartarlas como Derrida (en el capítulo “Otobiographies” de su libro L'oreille de l'autre de 1982) o para subinterpretarlas como Giorgio Colli. La interpretación de Colli es paradigmática, es la tendencia a estrechar los textos nietzscheanos, sofocarlos en torno a ideas filosófica eternas y académicas. Para el hagiógrafo Colli, aunque se ve forzado a reconocer el hybris aristocrático, el tema central de estas conferencias se reduciría a la contraposición burckhardtiana tra Cultura e Stato, entre cultura y estado, “y sobre la enemistad radical que existe entre esos dos poderes.” Una muestra de la hermenéutica insostenible del Nietzschéisme. Por supuesto que Nietzsche es más grande y más complejo que sus propios seguidores y sobrevive a su culto bizco. Sólo hay que leerlo bien, lentamente, como reclamaba. El problema de la instrucción en Europa, ligado a la nacionalización de las masas, la Commune de Paris y el surgimiento de la figura del proletario, que concernía especialmente al modelo francés y alemán, era de gran actualidad en la agenda política de las clases dominantes. El progreso como fenómeno es un affaire privado y exclusivo que concierne a los savants, a la parte aristocrática de la humanidad; el saber es una dinámica de acumulación y de transmisión elitista de milenarias energías intelectuales. La educación obligatoria y extendida a las masas es presentada por Nietzsche como no sólo la negación misma de la esencia alemana sino que representa la quintaesencia de la Neuzeit burguesa. El objeto polémico detrás de la errancia y desvío de la forma estado de Bismarck se identificaba, vis-à-vis, con la tendencia e influencia del subversivo Hegel. Detrás de Hegel la misma Ilustración, la Aufklärung, el Iluminismo en su versión radical. Una larga decadencia que comenzaba en Sócrates, bimilenaria declinación que se había iniciado en la edad dorada de la Grecia arcaica y trágica. Y Nietzsche, que clamaba a gritos porque se lo interpretara correctamente, no quería que confundieran su äusserst Kritik, plena de hybris reaccionaria, con demagogia liberal o algún tribuno socialista: “Con estos predicadores de la igualdad no quiero yo ser mezclado ni confundido. Pues a mí la Justicia me dice así: ‘los hombres no son iguales’” (KSA IV, p. 130) En sus conferencias, recordemos que están literariamente construidas como un diálogo platónico entre un Philosoph (vagamente un híbrido entre Schopenhauer y Richard Wagner) que dialoga con unos estudiantes universitarios en el medio de un bosque, Nietzsche vuelve una y otra vez sobre la cuestión del estado y sus fines. Se pregunta ¿qué fin puede tener el Estado más allá de la tendencia inquietante, la befremdlichen Tendenz del hegelianismo? El hegelianismo como filosofía política oficial, advierte Nietzsche a su selecto auditorio, aunque pretenda que beneficia a la estabilidad (Fortdauer) y a la fuerza (Kraft) de un estado, en este caso el del IIº Reich, para supuestamente alcanzar una omnipotencia igual a la alcanzada en la Antigüedad, su efecto es el contrario. Si su objetivo es la perfección del género humano y el perfeccionamiento de la existencia humana (fines abstractos y vacíos, idealistas), genera justamente la degeneración y la decadencia. Nietzsche va a determinar los verdaderos fines (radicalmente anti hegelianos, esencialmente anti burgueses) de su concepción estatal: “La esencia del estado griego se mantuvo muy alejado… de ese fin utilitario (Utilitätsrücksicht), que consiste en admitir la Cultura sólo en la medida en que se beneficia al Estado y en aniquilar los impulsos que no resulten utilizables sin más para sus fines… para los griegos… el Estado no era para su cultura un guardián de fronteras (Grenzwächter), un regulador (Regulator), ni una institución de protección (Schutzanstalten) sino un compañero de viaje, un camarada sólido y musculoso, equipado para combatir (muskulöse zum Kampf gerüstete Kamerad), que acompañaba a través de realidades rudas al amigo más noble, casi divino, y a cambio recibía su admiración y gratitud… en cambio en el Estado Moderno (moderne Staat) eso no ocurre… dicha tendencia estatal (Staatstendenz) está en guerra –declarada o no– con el auténtico Espíritu Alemán (echten deutschen Geiste) y con cualquier Cultura que de él pueda emanar… el espíritu cultural que es beneficioso para esa tendencia estatal debe proceder de una esfera que no tiene ningún punto de contacto con el auténtico Espíritu Alemán. O sea, con el espíritu que nos habla tan maravillosamente de la esencia íntima de la Reforma alemana, de la música alemana, de la filosofía alemana… esa Pseudocultura (Pseudokultur)… ha usurpado el nombre y la dignidad del auténtico Espíritu Alemán y bromea abiertamente con la palabra ‘Alemán’ (Deutsch).” Llegado a este punto Nietzsche repite, con más o menos fidelidad, su teoría de la forma-estado, Der griechische Staat , desarrollada en el texto que iba a ser parte de El Nacimiento de la Tragedia y luego eliminado por consejo de los Wagner. Cuando Nietzsche dice en su lenguaje esópico “griego” se debe leer como dórico y su paradigma, como en Platón (cuya influencia en su pensamiento político ya hablaremos) no es la Atenas del siglo V AC, sino la cruel Esparta del sigloVI AC. Pero tenemos más pistas sobre el propio desarrollo de la argumentación nietzscheana si nos derivamos a sus manuscritos, el valioso Nachlass póstumo.

En los fragmentos de otoño de 1871 titulados simplemente Bildung (Formación) la tendencia a democratizar la educación se opone a la generación y conservación de lo que Nietzsche denomina la “Aristocracia de nacimiento del espíritu” (Geburtsaristokratie des Geistes). Recordemos brevemente que la palabra Bildung es un pendant de la Ilustración y de la Gran Revolución francesa, un Schlüsselkonzept que identifica toda una tendencia político-filosófica. El término atesoró a lo largo de su historia diversas connotaciones: desde imagen (Bild), imitación (Nachbildung), forma (Gestalt), hasta cualidad intelectual, comportamiento, o costumbre. Bildung es in-mediatamente Moralisierung. También llegó a significar capacidad imaginativa y sus representaciones. Sin embargo, en el periodo de la Aufklärung se añadió de modo crucial y determinante un novísimo ámbito semántico: la educación para toda la humanidad, la cultura para llegar a la autonomía moral y con ella la dignidad del hombre. Este último campo de significaciones filosófico-políticas es del que se ocupa primordialmente Nietzsche. Kant define la cultura en el parágrafo 83 de la Crítica del juicio (1790) como “la producción en un ser racional de la capacidad de escoger sus propios fines”; en su escrito sobre pedagogía, Über Pädagogik (1803) define su idea de la formación, la Bildung: “ Un principio del arte de la educación, que en particular debían tener presente los hombres que hacen sus planes, es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de Humanidad y de su completo destino. Este principio es de la mayor importancia.” (ED, p. 79) También Kant presenta su articulación: “la Educación (Erziehung) [como] los cuidados (sustento, manutención), la disciplina y la instrucción, juntamente con la Formación (Bildung), formación moral.” Para Kant la educación (que siempre busca formar al hombre a fin de que pueda vivir como un ser que actúa libremente) se divide inicialmente en Cuidados, Moralización y Bildung. La Bildung kantiana se divide a su vez en dos: en Disciplina (negativa) y en Cultura (positiva). Como decía Kant en la Bildung “es donde yace el gran secreto de la perfección de la Naturaleza humana”. En términos kantianos podríamos decir que la Naturaleza humana no debe ser un principio constitutivo de la Educación. Y no debe determinar positivamente ninguna existencia. La idea de que en algo previo, como un Ordnung de la Naturaleza, pueda considerarse como ya existente la finalidad para la cual tiende la razón, es lo que Kant llama perversa ratio ( usteron proteron) , una razón invertida ya denunciada en su Crítica de la Razón Pura (1781). Si el hombre es perfectible, es capaz en ciertas circunstancias de aprender lo que le falta: es entonces educable, “el hombre es la única criatura que debe ser educada” dirá Kant. Pero, contra Nietzsche avant la lettre, esa identidad únicamente puede ser afirmada a partir de un proceso educativo que prefigure la autonomía de la voluntad moral (libre arbitrio). Es evidentemente contradictorio determinar la Naturaleza humana independientemente de ese proceso. No podemos, dirían los Illustriert, en nombre de una Naturaleza definida arbitrariamente a priori, imponer fines dictatoriales a la Bildung, al sistema educativo en general, ni rebajar su formación a un adiestramiento. La Natur del hombre es producida por el proceso educativo que ella misma no puede determinar a priori, salvo cayendo en el vicio lógico de la perversa ratio. La Kultur kantiana finalmente se compone de Instrucción, Habilidad y Prudencia. Las mismas máximas, incluso radicalizándoles, son seguidas por otros pensadores del idealismo alemán, como Fichte, Hegel o el pedagogo Pestalozzi. Para Nietzsche todo esto carece de sentido, la tarea eterna de la Kultur es “la organización de las Castas intelectuales .” Y los problemas de la perversa ratio lo tienen sin cuidado.




Cultura auténtica y geistigen Aristokratie : Bildung en alemán es un concepto más genérico que educación (Erziehung), recoge otras significaciones (imagen, forma, conducta, imaginación); es una formación integral ciudadana que se vincula también con un proyecto cultural comunitario, con una cultura (Kultur). Cuando se menciona Bildung es equivalente a Aufklärung: una crítica de la Bildung, de la formación, sería una crítica interna al proyecto ilustrado in toto, como ya dijimos. Sigamos nuestro desarrollo: en sus manuscritos Nietzsche agrega notas adicionales a su conferencia: “es necesaria una restricción (Verengerung) en contraposición a la tendencia hacia la extensión (de la educación)…” y reconstruye los fundamentos de esta Tendenz burguesa que amenaza con disolver la eternas jerarquías naturales: “1) el optimismo de los economistas políticos…; 2) el miedo ante la opresión religiosa; 3) la fe en las masas, la falta de fe en el Genio (der Glaube an die Masse, der Unglaube an den Genius)” (Nachlass, 14, 11). Nietzsche está atento a la nueva ciencia burguesa, la Economía Política, en Alemania llamada “Economía Nacional” (en el Nachlass aparece como Nationalökon[omen]), como ya vimos anteriormente contra las constantes interpretaciones que señalan a Nietzsche como un pensador alejado de los temas políticos o económicos. En una carta de esa época su amigo el aristócrata von Gersdorff le aconsejaba el estudio de la Economía Política y, en particular, que leyera los textos del socialista Ferdinad Lassalle (a quién Nietzsche llamaba irrational grandeur), ya que sólo de esa manera podrá comprender “la denominada ‘Cuestión Social’”, la emergencia del Socialismo y del Comunismo, la creciente inquietud del proletariado europeo, “esta peste de toda civilización superior.” (B, I, 3, p. 224/229). Lassalle y muchos ideólogos de las revoluciones de 1848 se discutían en el círculo de Richard Wagner. Malwida Rivalier von Meysenbug, amiga íntima de Nietzsche y Wagner (ella le presentó a la mayoría de sus amigos, incluído Paul Rée) recuerda en Memoiren einer Idealistin (Memorias de una Idealista, 1876) que Nietzsche leía textos políticos de todas las tendencias socialistas, incluso de revolucionarios como del ideólogo del “socialismo campesino”, el insigne filósofo materialista y economista ruso Alexandr Herzen. Además se mantenía al tanto de los acontecimientos políticos de coyuntura, lo recuerda por la mañana trayendo un gran paquete de periódicos, y además su enorme interés por von Bismarck que nunca decayó. Malwida cuenta que leía un libro recopilatorio de cartas de Bismarck a su familia, Briefe Bismarcks an seine Familie y que le dijo tener ein großes Interesse für Bismarck, un enorme interés y que aunque ahora era de alguna manera un renegado (por su diferencias con el Volkstaat guillermino, populista y burgués) reconocía su valor y que él mismo había sido un camarada político del Canciller de Hierro, un Glaubensgenossen. Von Meysebung discrepaba con muchas posturas reaccionarias, con el pathos aristocrático de Nietzsche y sugestivamente anotó: “Das Ich Nietzsches ist die Verneinung aller Ethik, denn es ist das Ich in seiner impotenten Vereinzelung, der Egoist, sei er auch noch so begabt.(El Yo de Nietzsche es la negación de toda ética, porque no es otra cosa que el Yo en su separación impotente, el egoísta, no importa cuan talentoso sea ese ego.” Sabemos que conocía al filósofo político y revolucionario francés Pierre-Joseph Proudhon , el archienemigo de Karl Marx, por el testimonio de la madre de uno de sus estudiantes favoritos Adolf, Marie Baumgartner. Por ella nos enteramos también de la lectura de Max Stirner y que en 1874 Nietzsche prestó a su hijo la obra de Stirner, sacada de la biblioteca de la universidad de Basilea. Ida Overbeck, esposa de su amigo Franz y además amiga confidente en los 1870’s, testimonia que “cómo, en presencia de su alumno Adolf Baumgartner, Nietzsche designó la obra de Stirner como “la más audaz y consecuente desde Hobbes” y en otra anécdota ilumina sus intereses político-filosóficos: “En una ocasión, cuando mi marido había salido [ Nietzsche ] conversó un ratito conmigo y mencionó a dos elementos que ocupaban su atención y con los que se sentía emparentado. Como en todas las ocasiones en las que adquiría conciencia de una relación interna, se mostraba muy animado y feliz. Un poco después topó con Klinger entre los libros de casa: ‘¡Mira!’, dijo, ‘con Klinger me he equivocado mucho. Era un filisteo, ¡No!, con él no me siento emparentado. Pero Max Stirner, ¡ése sí!’. Y al decir esto, un gesto festivo recorrió su cara. Mientras yo me fijaba en sus rasgos con tensión, éstos cambiaron de nuevo, hizo con la mano algo así como un movimiento de ahuyentar y dijo susurrando: ‘Ahora se lo he dicho a usted, cuando en realidad no quería hablar de esto. Olvídelo de nuevo. Se hablará de un plagio, pero usted no lo hará, ya lo sé’” (según recuerda su amigo Carl Albrecht Bernoulli, en sus memorias Franz Overbeck und Friedrich Nietzsche, p. 238). Klinger no es otro que el artista simbolista, impresor y escultor Max Klinger, amigo de Georg Brandes (que sería el primer divulgador académico de Nietzsche), wagneriano, muy influenciado por el culto a la Grecia trágica (representado en sus obras como el eterno conflicto entre Apolo y Dioniso) y un darwinismo muy elemental y simplista. Klinger, a pesar de ser acusado de Philistine, realizará varios bustos de Nietzsche en 1903, uno bronce y otro en mármol que aún se conserva en el antiguo Nietzsche-Archiv de Weimar.


Pero abandonemos los intereses de Nietzsche por la política y volvamos a su polémica sobre la educación burguesa. Contra la Bildung populista y burguesa del Reich Guillermina Nietzsche propone que tome la palabra en diseñar el plan educativo de Alemania (y de toda Europa) la cruda y nuda Naturaleza. Hier spricht die Natur ihr Wort, su orden piramidal sagrado, amoral y eterno, para que institutos y centros de formación se midan en función con esta verdad primordial. La Bildung de la Ilustración deber ser reemplazada no por la vieja educación del Ancien Régime sino por una nueva educación: “Porque la educación (Erziehung) no es sino liberación (Befreiung)... ella es imitación y veneración de la Naturaleza, en lo que ésta tiene de maternal y compasiva. Es, en fin, la consumación (Vollendung) de la naturaleza lo que lleva a plenitud su obra, previniendo sus golpes despiadados y crueles y haciéndolos mutar en bienes, cubriendo con un velo las expresiones de sus pensamientos de madrastra y su triste falta de comprensión” (SE, 341). La Cultura para Nietzsche tiene un solo objetivo: “...la producción del Genio, esto es, la meta de toda Cultura...” (SE, 358). La oposición de hierro “masas-genio” no es dialéctica, sino diferencia y repetición, jerarquía y distancia, y su validez la otorga la Urwahrheit, una verdad anterior, pre-lógica, antisilogística y anti-idealista: “el principio educativo correcto sólo puede ser el de relacionar de una manera adecuada a la gran Masa (größere Masse) con la Aristocracia Espiritual (geistigen Aristokratie): esta es la verdadera tarea de la Cultura…; la organización del Estado del genio (Geniestaates) –ésta es la verdadera República platónica.” Todo lo demás es pura ingeniería decadente burguesa, antinatural, subordinaciones falsas, unnatürlichen Unterordnungen, que tienen en común su falta de fe en el papel esencial en la generación de una Cultura auténtica de los genios. El sistema educativo para las amplias masas es diseñado también por Nietzsche. Los “No-genios” (Nichtgenius) simplemente recibirán una educación elemental para que en primer lugar “1) aprendan a obedecer y ser modestos (Hesíodo);” y después de esta domesticación humana se pasaría al segundo momento: “2) correcto conocimiento sobre los límites de cada profesión; 3) disponibilidad para el Genio y reunir materiales para el Genio.” (Nachlass, 14, 13) La cita de Hesíodo no es caprichosa: Nietzsche tiene una larga relación intelectual con el poeta beocio desde sus estudios en Pforta y luego en sus trabajos de filología: en la revista Literarisches Centralblatt für Deutschland, una recensión “ Die hesiodische Theogonie , ausgelegt und beurtheilt von G. F. Schoemann”, otro trabajo filológico, “Certamen quod dicitur Homeri et Hesiodi. E codice florentino post Hericum Stephanum denuo edidit Fridericus Nietzsche Numburgensis”, escrito en 1870 para la Acta societatis philologae Lipsiensis; el trabajo “Der Florentinische Tractat über Homer und Hesiod, ihr Geschlecht und ihren Wettkampf” (El tratado florentino sobre Homero y Hesíodo, su raza y su certamen), aparecido en la Rheinisches Museum NF, (1870/1873). Y por supuesto Hesíodo aparece en sus clases como docente en Basilea entre 1869 y 1876. Pero: ¿porqué Nietzsche enlaza a Hesíodo con la fórmula educativa de amansamiento de las masas, con la Gehorsam zu lernen und Bescheidenheit? En los Erga Hesíodo recupera el valor del trabajo para las clases humildes y populares, es un heroísmo ya no homérico sino una areté proletaria pesimista, basada en la servidumbre reconocida, en la sumisión a severas leyes como casta con su propia independencia y status jurídico.


Preanunciando su teoría del eterno retorno ya aquí Nietzsche observa tareas universales y eternas de un estado subordinado al privilegio de la aristocracia de nacimiento: “la organización de Castas intelectuales, la tarea eterna de la Cultura” (“Organisation der intellektuellen Kasten” die ewige Aufgabe der Bildung). El estado no debe tener otros fines que un “servicio mayeútico para el nacimiento del Genio” (Nachlass, 18, 3). El filólogo no se equivoca en la elección cuidadosa de cada palabra y en el efecto político en el lector: ya no Klassen, clases (organización moderna de la bürgerlich-kapitalistische Gesellschaft), tampoco estamentos, Ständeordnung , como en el Ancien Régime o en el análisis de la filosofía del derecho de Hegel, sino un cruel sistema de castas. Un sistema autoritario, piramidal y centrado en la figura del genius Führer, pretensión aristocrática que Nietzsche la llama poéticamente como la “unilateralidad divina (göttlichen Einseitigkeiten)”. Es sorprendente la continuidad en el Nietzsche maduro, que en realidad no evoluciona, sino se cristaliza, no cambia, sino se endurece: “ El Orden de Castas (Ordnung der Kasten), que es la Ley suprema, dominante (dominierende Gesetz), es tan sólo la sanción de una Orden de la Naturaleza (Natur-Ordnung), de una legalidad natural de primer rango, sobre la que ningún capricho, ninguna ‘Idea Moderna’ (‘moderne Idee’) tiene poder. En toda sociedad sana se distinguen, condicionándose recíprocamente, tres tipos de diferente gravitación fisiológica (physiologisch verschieden-gravitierende Typen), cada uno de los cuales tiene su propia higiene, su propio campo de trabajo, su propia especie en cuanto a sentimiento de perfección y su propia especie de maestría. Es la Naturaleza, no Manú, la que separa entre sí a los preponderantemente espirituales, a los preponderantemente fuertes de músculos y de temperamento, y a los terceros, que no destacan ni en una cosa ni en la otra, los Mediocres, –esto últimos son el gran número; los primeros, la selección. La Casta Suprema –yo la llamo ‘Los Menos’ (Die oberste Kaste – ich nenne sie die Wenigsten)– tiene también, por ser la perfecta, los privilegios de los menos: entre ellos está el de representar en la Tierra la Felicidad, la Belleza, la Bondad. Sólo a los hombres más espirituales les está permitida la belleza, lo Pulchrum est paucorum hominum (Lo bello es cosa de pocos hombres): el Bien es un privilegio (das Gute ist ein Vorrecht).” (El Anticristo; #57).
El rizo reaccionario es virtuoso: el Nietzsche de 1888 es un eco del Nietzsche de 1872. Si el IIº Reich se presentaba luego de la derrota de la socrática Francia en Sedán como la posibilidad de un renacimiento de la Grecia trágica, porque como señalaba Nietzsche “tiene de su lado el más grande y potente aliado, la Naturaleza (Natur)”, el “Iluminismo popular” (Nietzsche le llama significativamente Volksaufklärung) abre la amenaza no sólo de la vulgarización sino que ningún privilegio pueda ser justificado. Ahora el imperio guillermino es un representante más del “socratismo científico”, de la penosa tendencia hegeliana que erosiona y pospone el auténtico Espíritu Alemán. La dirección actual de la reforma educativa de Bismarck, señala, es antinatural (Unnatürliches) porque “no cree en la pirámide intelectual, en el Genio (den Unglauben [an] die intellektuelle Pyramide, an den Genius) (Nachlass, 18, 2). Por eso el IIº Reich es esencialmente inauténtico, se desgermaniza, entdeutschen . El Ordnung de la Naturaleza tiene como “intención llegar a la perfección. El Genio es en este sentido atemporal… el fin de la formación es proteger la Naturaleza para este perfeccionamiento atemporal… un Pueblo conquista a través de sus Genios el Derecho a la Existencia (Recht zur Existenz): Utilidad Suprema (höchster Nutren).” Y Nietzsche vuelve a sintetizar su programa pedagógico: “Tarea de la Formación: 1) llevar a cumplimiento al Genio (den Genius zu vollenden); 2) allanarle el camino, hacerlo posible; 3) ayudarlo en su actuación venerándolo; 4) descubrirlo.” Y Nietzsche anota con realismo político las perspectivas político-prácticas de sus metas, su inactualidad: “¡Tarea suprema y difícil!”.




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