martes, 24 de agosto de 2010

Reseña de "La filosofía española. Herederos y pretendientes" de Vázquez García

24-08-2010

Geógrafo Subjetivo
Rebelión

Este libro tiene la intención de contar una etapa concreta de la Filosofía española, el tránsito universitario y académico desde la Filosofía oficial del Franquismo a la Filosofía que actualmente se ejerce en las universidades españolas.
Lo primero y quizá lo más importante que cabe decir de este libro es que es un libro valiente. Valiente porque no resulta fácil escribir, con nombre y apellidos, de personas que todavía están ejerciendo profesionalmente y que acumulan una gran cantidad de poder académico y, además, tratar sobre hechos pasados pero que siguen teniendo consecuencias en el presente. Refuerza este aspecto sumamente apreciable de esta investigación el hecho de que el autor sea un ‘insider’ de la jerarquía académica, pues es catedrático de Filosofía en la Universidad de Cádiz.

El autor sigue la metodología de Bourdieu (Homo academicus y obras posteriores) y la de R. Collins (Sociología de las filosofías). El gran mérito es la exitosa renuncia de Francisco Vázquez a intentar reconstruir este periodo a través de la descripción de las diferentes “escuelas”, que es un concepto muy rígido y poco adecuado para describir un fenómeno tan dinámico y permeable como los grados de pertenencia a grupos académicos y filosóficos, así como la propia entidad y existencia de estos grupos. Vázquez toma los conceptos de ‘redes’, ‘nódulos’ y ‘polos’, por orden de su amplitud.

Para cualquier persona que sea medianamente conocedora de la Filosofía española y sus ‘modus’ sabe que el principal problema que tiene un trabajo como el que Francisco Vázquez se planteó es la detección de las fuentes. Hay datos imprescindibles, como los relativos al origen social de los miembros de la muestra, que no son accesibles si no es mediante el testimonio verbal o alguna referencia indirecta, ya que solamente de Ortega y de Zubiri hay biografías de calidad y ellos no entraban en la muestra.

Hay testimonios orales y también una encomiable labor de rastreo en prólogos, artículos de periódicos o referencias puntuales en obras de otra temática en la que cuestiones biográficas, sociales, de medio universitario o de afiliaciones a entidades religiosas y/o políticas aparecen.

El trabajo aquí publicado se basa en una muestra de cincuenta catedráticos universitarios de Filosofía, una muestra que bien podría haber sido otra, más amplia al menos, pero que el autor justifica. La objeción que yo le pondría a esta muestra es que rezuma una fuerte obsesión por la condición de catedrático, sin justificarla, considerando que la adquisición de esta condición es la ‘consagración’, calificación que se repite una y otra vez en el libro.

Es una obra de Sociología de la Filosofía, pero no abarca toda la Filosofía susceptible de ser enfocada sociológicamente. Se restringe, por metodología y por simple sentido común, a una muestra representativa del máximo escalafón funcionarial universitario, quedando por hacer estudios más amplios dentro del profesorado universitario, más cercanos en el tiempo (el lapsus temporal se cierra hace veinte años) y sobre todo el principal punto de incidencia social de la Filosofía que no es otro que la Enseñanza Secundaria.

El centro del libro es la descripción de cómo se produjo la Transición Filosófica, contemporánea de la Transición Política y, con todo ello con peculiaridades propias. Vázquez habla de una red oficial que representaría a la Filosofía Escolástica cuasiobligatoria durante el periodo franquista y cómo ésta es sustituida en el ‘status’ de la oficialidad por lo que en los años sesenta y setenta era una red alternativa que tenía a López-Aranguren y a Manuel Sacristán como nódulos de todos los pensadores insertos en la red alternativa. Aparte se encuentra el nódulo de Gustavo Bueno al que, algo raro, se le dedica bastantes páginas pero que, pasadas éstas, no es nuevamente ‘puesto en juego’.

Es muy interesante la descripción de cómo la red oficial es renovada, contra su voluntad, por Sergio Rábade hasta convertirse en una red absolutamente integrada en los ‘haceres’ de la Filosofía germánica, un método filológico y una selección de autores centrales en su trabajo, que el autor llama la ‘vía regia’ que va desde Kant hasta Heidegger.

Aún más interesante es el intento, en el cual Vázquez sigue a Muguerza, de sustituir al moribundo escolasticismo por la Filosofía Analítica como Filosofía oficial del Franquismo tamizado a través de la tecnocracia del Opus Dei. En el fondo la búsqueda de una Filosofía sin posibilidades de trasposición ni social ni política en una época en la que la Filosofía era más práctica que nunca lo ha sido en España.

Los capítulos centrales del libro se dedican a la descripción, dentro de la red alternativa, del nódulo liderado por López-Aranguren (que tiene como referentes anteriores tanto a Xavier Zubiri como a Ortega y Gasset). Vázquez huye de la concepción tradicional de un maestro que crea una escuela y ve más una serie de relaciones intelectuales y personales, así como un conjunto de inquietudes similares, que crean vínculos sin determinar ni una temática ni una metodología uniforme. Dentro de este nódulo diferencia un polo escatológico (representativo del Cristianismo renovador), un polo científico y un polo artístico. La atribución a Javier Muguerza del papel de organizador del nódulo de Aranguren es muy sugerente.

En este último polo es magistral la descripción que Vázquez hace de la conversión del capital social de los principales autores (entre ellos Trías y Savater) en el capital académico que en principio tanto habían despreciado. Son quienes, despreciando la universidad y el funcionariado, acceden con menos edad a la condición de catedráticos. El autor lo explica diciendo, empleando yo ahora otra terminología, que quienes pertenecían a familias socialmente muy bien posicionadas tuvieron los contactos suficientes para situarse rápidamente en la universidad a pesar de su desprecio y su no connivencia con las actuaciones y rituales académicos.

El libro está escrito naturalmente para persona conocedores, iniciadas e interesadas para las que los nombres, obras, tendencias y circunstancias no son del todo ajenos. Se menciona el ‘Caso Lledó’ pero no se explica desde un inicio, aunque cualquiera con un mínimo interés puede encontrar documentación en Internet. Otra cosa diferente es el caso de la supresión del Instituto “Luis Vives” del CSIC y su casi inmediata sustitución por el nuevo Instituto de Filosofía del CSIC (con la amortización de plazas que ello implicaba), que es menos conocida y quizá más trascendente. A veces he percibido cierto centralismo matritense, que me parece extraño para alguien que no se ha movido en ese ámbito.

Me gustaría hacer algunas precisiones para terminar. La primera es un error que comete el autor al decir que Karl Barth era un teólogo de tendencia existencialista, al estilo de R. Bultmann, y seguidor de Heidegger. Barth era un maestro de la teología protestante alemana mucho antes de que Heidegger comenzase su andadura profesional y los principios de su Teología fundamental son absolutamente divergentes a los que se podrían extraer de la Ontología heideggeriana.

La segunda, en nos introducimos en el terrenos de los editores del libro, es que el autor realiza una serie de diagramas (muy convenientes para representar las redes, los nódulos y los polos), pero los editores se han conformado con imprimir lo hecho por el autor en su procesador de textos, sin invertir nada en una infografía propio de una editorial serie y de calidad (a juzgar por el precio del libro: 30€). La tercera y más grave es que, al menos en mi ejemplar, los dos últimos fascículos están alterados, pasándose de la página 384 directamente a la 401, para volver desde la 408 a la 385.

Al finalizar pienso que es posible que haya sido un poco más crítico en este escrito de lo que realmente soy por esta obra que considero imprescindible, muy bien trabajada y valiente dentro del panorama intelectual español. Sin lugar a dudas será una obra que requiera mejora, una mejora que deberían emprender los muchos críticos que ha tenido en los pasillos de nuestras facultades. Todavía estar por ver que en otras disciplinas se haga algo parecido: me cuesta imaginar una Sociología del Derecho Administrativo de este mismo estilo, por poner un ejemplo.

VÁZQUEZ GARCÍA, Francisco: La Filosofía española: herederos y pretendientes. Una lectura sociológica (1963-1990). Abada editores. Madrid 2009. 440 páginas.

Blog del autor: http://geografiasubjetiva.com/2010/08/21/herederos-y-pretendientes/

domingo, 15 de agosto de 2010

El pensamiento político de Ernesto Che Guevara de María del Carmen Ariet García

15-08-2010

Novedad de la editorial Ocean Sur

Rebelión

A la información de la editorial sigue el prólogo al libro del Doctor Salvador Vilaseca.


La validez del proyecto de cambio político legado por el Che como alternativa en las luchas de liberación nacional y anticapitalistas, encuentra un espacio ineludible en el debate actual sobre la construcción de una estrategia revolucionaria de poder basada en la solidaridad y la justicia social. El pensamiento político de Ernesto Che Guevara y las fuentes primarias de la estructura teórica de sus tesis políticas, sustentadas por el marxismo y sus cualidades esenciales —el antidogmatismo y su permanente creación—, se revelan al lector estructuradas y expuestas con una visión original por quien es una de las principales estudiosas de su vida y su obra.

SOBRE LA AUTORA María del Carmen Ariet García. Licenciada en Sociología, Doctora en Ciencias Históricas, investigadora y profesora titular, es la coordinadora científica del Centro de Estudios Che Guevara y del proyecto editorial dedicado a la vida y obra de Che, en colaboración con la editorial Ocean Sur. También asesora la cátedra Che Guevara de la Universidad de La Habana e integra la comisión de categorías científicas de la especialidad de Sociología del Ministerio de la Enseñanza Superior de Cuba. Ha publicado diversos artículos especializados sobre el Che, y varios libros entre los que figura El pensamiento político de Ernesto Che Guevara y el folleto Che Guevara: fases integradoras de su proyecto social (Ocean Sur, 2008). Ha compilado otros títulos de Ocean Sur como Ernesto Che Guevara (colección Vidas Rebeldes, 2009) y Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), publicado en el año 2008 en asociación con el Centro de Estudios Che Guevara.


Un aporte al monumento intelectual que debemos al Che Prólogo de Salvador Vilaseca a la primera edición de El pensamiento político de Ernesto Che Guevara, libro de María del Carmen Ariet publicado por Ocean Sur en el 2010

Y por eso, en este XX Aniversario, es que hago una apelación a nuestros militantes, a nuestros jóvenes, a nuestros estudiantes, a nuestros economistas, para que estudien y conozcan el pensamiento político y el pensamiento económico del Che. Fidel Castro

Todo revolucionario se plantea problemas e inquietudes acerca del presente y del futuro de la causa a la que dedica su vida. Con respecto al presente surgen a menudo las preguntas siguientes: ¿por qué luchó?, ¿para qué luchó? Las inquietudes pueden ser filosóficas, políticas y económicas. Las preocupaciones de carácter filosófico pueden quedar resueltas, si por el razonamiento correcto se llega a la conclusión de que no hay otra vía que la aplicación de los principios de la filosofía marxista-leninista, es decir, la lucha por el socialismo. Esto da respuesta al para qué y al por qué.

Las inquietudes políticas y económicas generalmente se refieren al futuro, es decir, al quehacer político y económico después del triunfo de esa causa. Con respecto a las preocupaciones económicas, se podría predecir el futuro económico de un país después de cumplir con los «requisitos políticos» de independencia total, de que el pueblo tenga en sus manos los medios de producción, y del rescate de las riquezas naturales. El desenvolvimiento económico dependerá de muchos factores tales como: el nivel de desarrollo industrial, el de mecanización agrícola, el de los recursos naturales del país y el de la diversificación productiva que permite un amplio comercio, de la preparación tecnológica de los trabajadores y de la preparación política e ideológica que hayan alcanzado las masas. Como se ve, aun en el caso de analizar aspectos de carácter económico, priman en ellos los de carácter político. Por eso consideramos que la política y su pensamiento ocupan un lugar cimero en todo proceso de renovación y de desarrollo de un país.

Cuando evocamos la figura del comandante Ernesto Che Guevara, o pronunciamos su nombre, inmediatamente nos viene a la mente esa figura tan conocida con su boina y en ella la estrella, su uniforme de guerrillero y sus hazañas combativas en la Sierra Maestra y selvas bolivianas. Pero el Che es algo más que eso. El Che es un profundo pensador político de amplia formación marxista-leninista y lo demuestra el libro que tenemos el honor de presentar y que el lector tiene en sus manos. Este libro es un estudio sobre «el pensamiento político de Ernesto Che Guevara», propuesto por la Licenciada María del Carmen Ariet García como tesis para obtener el grado de Candidato a Doctor en Ciencias Históricas.

El trabajo de la autora se divide en tres capítulos: el primero que tituló «Etapa de formación del pensamiento político», cubre los años de 1945 a 1955, es decir, va de los 17 a los 27 años de edad del Che. El segundo capítulo titulado «El desarrollo y la multiplicidad del pensamiento político», cubre básicamente los años de 1956 a 1961, es decir, de los 28 a los 32 años de edad, y el tercero que titula «La construcción del socialismo en Cuba», cubre los años 1961 a 1965 que comprende de los 32 a los 36 años de edad.

Pensamos que este estudio va dirigido en primer lugar a los jóvenes revolucionarios de nuestro país y por eso hemos querido corresponder el desarrollo de este trabajo y su cronología con la edad biológica del personaje que se analiza, para que tengan un ejemplo comparativo de su edad con la del Che, y para todos los que en su niñez dijeron «¡Seremos como el Che!», sepan en cada momento de su vida lo que hay que hacer para acercarse a su figura.

La autora contó con preciosos materiales inéditos en la redacción del primer capítulo tales como cartas familiares, diarios de viajes y un sorprendente «diccionario filosófico» que el Che comenzó a redactar cuando tenía 17 años de edad; extraordinario comienzo en los inicios de su formación cultural y teórica, de quien sería un «espíritu creador, anti-dogmático pero militante». Seis cuadernos contiene ese material que estuvo sometido a constante revisión a medida que las lecturas y bibliografía le descubrían y ampliaban los horizontes del conocimiento «que lo acercaban a una toma de posición cada vez más nítida respecto al valor científico y práctico del marxismo-leninismo», y «donde se observan valoraciones muy cercanas al humanismo revolucionario que caracterizarían con posterioridad su pensamiento político».

La autora analiza los diarios de los tres viajes que hizo, el primero por su propio país, en 1950, y los otros dos, en 1951 y 1953 por países de América Latina que lo llevarían, el último de ellos, a un país centroamericano. En ellos el Che se enfrentó a la cruda realidad de nuestra América y esa visión palpable de hambre y miseria selló su destino y fue la que lo convirtió, de médico dedicado a curar las enfermedades del ser humano, en militante revolucionario para curar las enfermedades crónicas de la sociedad: la explotación del hombre por el hombre; además lo transformó en un cruzado contra el imperialismo, causante de esa enfermedad crónica de la sociedad; y plasmó y concretó la idea que sería la meta de su vida: la lucha revolucionaria y la causa del socialismo.

En ese primer capítulo, la autora pone de relieve cómo aquel joven procede de una manera consecuente a su formación que va del estudio de la historia de la filosofía al marxismo-leninismo, y la observación de las masas de los pueblos latinoamericanos, víctimas de la explotación y de la injusticia. Estudio y observación sorprendentes en un joven de su edad, que lo llevan a la conclusión de la necesidad de una lucha sin cuartel al causante de esos males: el imperialismo, y de que la única vía para llevar a cabo esa lucha es la revolución como meta: el socialismo. La materialización de esos ideales se concretaron con su incorporación al grupo del 26 de Julio encabezado por Fidel Castro, que preparaba la invasión a Cuba para luchar contra la dictadura batistiana bajo el lema de «vencer y ser libre o morir».

El segundo capítulo comprende la presencia del Che en la lucha guerrillera de la Sierra Maestra que convierte al médico en soldado, y por último los primeros años de la toma del poder político por la revolución.

La autora basa su análisis en artículos publicados sobre la lucha guerrillera por el Che especialmente en los titulados «Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana», «Guerra de guerrillas», «Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental» y en otros materiales, algunos inéditos, entre ellos los «Apuntes sobre la guerra revolucionaria en el Congo», que aunque corresponden a un período posterior, contribuyen a enriquecer la concepción del Che sobre la lucha armada.

Este análisis del segundo capítulo coloca al Che de lleno ante planteamientos que se examinaron en el capítulo anterior, es decir, la lucha revolucionaria, y una vez vencida esta, la construcción del socialismo en nuestro país, o sea la dictadura del proletariado. Como expresa la autora, ambos elementos, la guerra y la política «están unidos bajo el denominador común de lograr un objetivo definitivo: el aniquilamiento del adversario en la lucha armada y la toma del poder político como objetivo final». Como expresa el Che, la guerrilla «no es el único camino o método para conquistar el poder, pero es el único que ha demostrado hasta el presente mayor efectividad», cuando se crean todas las condiciones necesarias para ello y estén dadas ciertas condiciones económicas, sociales, políticas e ideológicas.

Cuando el Che estudia y analiza el caso de Cuba, tiene siempre en mente el caso latinoamericano, llegando a expresar que la «II Declaración de La Habana tendrá una importancia grande en el desarrollo de los movimientos revolucionarios en América» [1]. El análisis del Che sobre este problema lo lleva también a considerar el caso africano tomando como experiencia la lucha en el Congo.

En la segunda parte de este capítulo, la autora se enfrenta a una caracterización del poder político en la Revolución cubana de 1959 a 1961, y basa su análisis en una conferencia del Che del año 1960 titulada «Soberanía política e independencia económica». En este trabajo se hace un análisis sobre la soberanía nacional y el Estado soberano, sobre la necesidad de participación de las masas en los cambios que se han llevado a cabo y sobre el papel de la conciencia como factor esencial del proceso. El período señalado, denominado «fase democrática y antiimperialista» procura dar cumplimiento al programa revolucionario ofrecido en la etapa de lucha, es decir, la reforma agraria, la recuperación de las riquezas del pueblo en manos extranjeras, la educación y la salud pública y sobre todo la necesaria unidad del pueblo con sus dirigentes: la política de masas.

Termina este segundo capítulo examinando el socialismo en Cuba y la correspondencia con la dictadura del proletariado, trabajo al que se entrega plenamente, buscando solución a los problemas, de acuerdo con nuestras realidades y aportando al período de tránsito ideas que sirven de experiencia teórica y práctica a los movimientos de liberación y a los procesos de construcción del socialismo. El periodo de transición es analizado por el Che en base a los postulados propuestos por Marx y Lenin, los que le llevan a la conclusión de que el socialismo es el resultado de hechos de conciencia y que el estímulo moral es el sistema capaz de acelerar ese periodo de tránsito. No desestima los estímulos materiales que deberán adecuarse al momento en que se vive, pero considera que el estímulo moral debe suplir al material, el mayor tiempo posible. Con estos antecedentes, Che examina la relación existente entre moral socialista y política y cómo esa relación fortalece la unidad sociopolítica de la sociedad como fuerza motriz en la edificación del socialismo y del comunismo. Ante este análisis del problema, el Che llegó a expresar lo siguiente: «…El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es hacer desaparecer el interés, el factor interés individual» [2]. En cierta ocasión expresó: «Marx se preocupaba tanto de las luchas económicas como de su traducción en la mente. Él llama a eso un “hecho de conciencia”, puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral “revolucionaria”».

Al analizar estos aspectos, la autora expresa con razón que esos principios son para el Che los «signos rectores en la construcción del socialismo, que marchan paralelos a la dictadura del proletariado».

El tercer y último capítulo de este trabajo se refiere a las especificidades políticas en la construcción del socialismo en Cuba, y comprende el período de 1961 a 1965, cuando el Che figura como el dirigente máximo de la industrialización de nuestro país. En este período el Che desarrolla una enorme actividad, no solo como ministro de Industrias que afronta los problemas de la industrialización, sino en la prédica constante acerca de todos los otros problemas que la revolución tenía ante sí. En sus obras completas aparece más de un centenar de discursos, conferencias y entrevistas en los que aborda los más disímiles problemas de la revolución.

La autora basa su análisis en esos discursos y principalmente en el trabajo del Che titulado El socialismo y el hombre en Cuba que es a nuestro juicio uno de sus trabajos políticos más acabados y más completos. Esta obra debería ser un texto a estudiar y a analizar por nuestros jóvenes y estudiantes del preuniversitario y de las universidades.

En él, resume el Che sus teorías de lo que deberá ser un revolucionario en el futuro, en el siglo XXI, después que hayan desaparecido las generaciones que aun conservan o han heredado rezagos burgueses de su formación pasada.

En la primera parte de este tercer capítulo, la autora analiza sus concepciones acerca «del papel dirigente del Partido, las cuestiones de la democracia socialista, las formas primarias de organización estatal, el perfeccionamiento del aparato socialista y todos los aportes que consideró valiosos para acelerar el proceso de construcción».

La autora considera las premisas que permiten dar solución a los problemas que frenaban el desarrollo y las características que deben tener los verdaderos revolucionarios para contribuir a este y llegar a la conclusión de la importancia de «crear una mayor conciencia para hacer realidad la creación del hombre del futuro». Se vuelve a insistir en los estímulos morales como «instrumento de movilización de las masas». Se da el significado del trabajo voluntario y de la emulación socialista, ambos preconizados por el Che, como motor creador de la conciencia, y la necesidad del estudio y la capacitación técnica hasta que se conviertan en un hábito.

A continuación se exponen las ideas del Che en relación con la juventud y su papel preponderante en la construcción del socialismo «por ser la arcilla maleable con que se puede construir el hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores» [3]. Luego se examina el proceso de institucionalización necesario en aquellos momentos; la planificación económica centralizada y la formación del dirigente con claridad política y capacidad de sacrificio y de ejemplo.

La segunda parte de este tercer capítulo lo dedica la autora a examinar el papel del Che en la política externa de la Revolución cubana. Para ello toma en cuenta las intervenciones del Che en las reuniones en distintos foros internacionales en los que participó en representación de nuestra revolución y en los que puso en alto la dignidad de nuestro pueblo y del proceso que se realizaba en nuestro país. Al salirle al paso a la llamada Alianza para el Progreso, en Punta del Este en 1961, puso al desnudo el papel del Fondo Monetario Internacional y del Banco Internacional, las desigualdades del comercio exterior, la política de precios de los productos básicos regida por el imperialismo y el significado de la deuda externa, haciendo predicciones que en años recientes se han cumplido. ¡Asombroso su poder de análisis que le permitieron hacer estas! En sus conclusiones la autora expresa: «Por eso el Che se convierte, día a día, en un símbolo que se agiganta porque su ejemplo y su obra representan el clímax de nuestras más altas aspiraciones, y sus enseñanzas de comunista el renuevo continuo, el acicate para eliminar deficiencias y errores, lo que se traduce simplemente en estímulo vital y en vigencia».

Por nuestra parte, al leer este trabajo concluimos que el Che fue un hombre excepcional y que sus ideas han dado un valioso aporte al socialismo, estas las deberán tener en cuenta los países del Tercer Mundo, especialmente los latinoamericanos, cuando se decidan a sacudirse del yugo del imperialismo.

Estamos muy lejos de pensar que este trabajo de la Candidata a Doctora en Ciencias Históricas agota las amplias posibilidades del tema; el pensamiento político del Che es tan vasto y tan profundo que requerirá de mucho estudio y análisis, pero creemos que es un comienzo que amerita tenerse en consideración. Tenemos la esperanza que otros jóvenes, como la autora de este trabajo, continúen desbrozando el camino de su pensamiento político y revolucionario, cuyo análisis y valoración hagan posible el avance político e ideológico de las masas revolucionarias de nuestro pueblo para llegar a la creación del «hombre nuevo» que él con tanto amor preconizó para el futuro de nuestra patria.

Estamos seguros que este libro de la compañera María del Carmen Ariet será un canto importante que formará parte del basamento en que descansará el monumento intelectual que debemos al Che.

DOCTOR SALVADOR VILASECA [4] La Habana, en vísperas del 60 aniversario del nacimiento del Che

Notas:

1. Ernesto Che Guevara: «La influencia de la Revolución cubana en América Latina», Ernesto Che Guevara. Obras (1957-1967), Casa de las Américas, La Habana, 1970, t. 2, p. 491.

2. El Che en la Revolución cubana, Edición del MINAZ, La Habana, 1967, t. 4, pp. 469-470.

3. "El socialismo y el hombre en Cuba», Ernesto Che Guevara. Obras (1957-1967), Ed. Cit., t. 2, p. 380.

4. Desempeñó funciones como Rector, Diplomático, Investigador y durante los años 60 fue profesor de Matemáticas de Ernesto Che Guevara. Falleció en La Habana en enero de 2003.

jueves, 5 de agosto de 2010

Introducción a "Filosofía y Revolución en los años sesenta" publicado por Ocean Sur

Un libro para medir fuerzas con el capitalismo
María del Carmen Ariet y Jacinto Valdés-Dapena
Rebelión

Filosofía y Revolución en los años sesenta Ocean Sur, 2010. Compilación y prólogo de María del Carmen Ariet y Jacinto Valdés-Dapena.Los textos que se agrupan en esta antología no solo permiten conocer las problemáticas política, social y filosófica de la época en que fueron escritos, sino que aportan elementos clave para desentrañar los enigmas del mundo a principios del nuevo milenio.
A la urgencia imperiosa de reflexionar acerca del mundo que nos ha tocado vivir y a la necesidad de modificarlo, no ya para que sea mejor —porque eso es un atributo indiscutible que se debe alcanzar—, sino para que simplemente sea habitable, se hace imprescindible retomar la memoria histórica de una época que intentó transformar los cimientos de un mundo que traslucía sus contradicciones desde lo inmediato, pero sobre todo desde la incertidumbre de un futuro marcado por un pasado opresor y de valores dominantes que impedían plantearse una real estrategia de cambio.Pudieran parecer ingenuas algunas de las consignas o pintadas que aparecían espontáneamente en paredes y calles, en especial las concernientes a la estructura de dominación: «El poder tiene el poder. ¡A tomarlo!». Sin embargo, más allá de posturas extremas o simplistas, acompañadas por otras de extraordinarios valores que emergían como nuevas fuerzas revolucionarias, todas reflejaban el momento histórico que, intuitivamente o pensado, marcó las diferencias de un período que introdujo una nueva óptica de interpretar y de hacer, y que de forma transversal ha sido protagonista —por más de cuarenta años— de sucesos, contradicciones, retrocesos y luchas, que han delineado su comportamiento y el debate de alternativas diferentes desde lo teórico y desde la rebeldía misma. Las décadas que atraviesan los años sesenta y setenta del pasado siglo han sido calificadas como una época de revolución por la magnitud de los procesos y hechos ocurridos, de ahí la importancia que tiene conocer y profundizar su dimensión y contenido desde un nuevo milenio más complejo y turbulento que los precedentes. Esas razones, nada simples por cierto, son las que han motivado la publicación de la antología que se pone en manos del lector —especialmente para los jóvenes que no la vivieron y que apenas la conocen—, con el propósito esencial de retomar un conjunto de análisis y de postulados teóricos a través de sus pensadores más sobresalientes, los que por su connotación y validez ponen de manifiesto la radicalidad y la renovación crítica de corrientes que conformaban estructuras de pensamientos que debatían sobre el orden social imperante y que dan paso a un nuevo escenario intelectual, básicamente desde la izquierda, que se planteaba fundamentar presupuestos teóricos y una praxis revolucionaria que respondiera a los desafíos intelectuales y políticos de la época. La transición que permitió el surgimiento de un reto en permanente renovación desde el quehacer teórico mismo, tiene antecedentes que por su relación impactaron de modo significativo en cómo asumir lo que se intuía como una nueva época, la que esta vez no solo se ceñía a los esquemas de las sociedades capitalistas en contraposición con las socialistas de Europa del este, sino que además emergía una nueva fuerza, el Tercer Mundo, como consecuencia de la descolonización surgida de los movimientos de independencia, sumados a los de liberación y soberanía nacional, enfrascados en una búsqueda de opciones que los identificara. La simple enumeración de acontecimientos como la Revolución cubana, las guerras de Argelia y de Viet Nam, la crítica a los modelos económicos y políticos del capitalismo, la Revolución cultural china, la Primavera de Praga, la crítica a la burocratización y al modelo soviético de socialismo y los movimientos estudiantiles ocurridos sobre todo en Europa y América, entre otros, son ejemplos suficientes para entender la magnitud de lo sucedido dentro de las propuestas renovadoras debatidas desde lo conceptual y lo práctico y también a partir de su propia historia, el por qué desde la teoría misma se construyeron vertientes radicalmente opuestas que las han perseguido con saña hasta hoy, tratando de devaluarlas y de culparlas de lo que acontece en la actualidad, bajo una pretendida visión posmoderna. Como es lógico, la enorme derivación de esos antecedentes tuvo una repercusión y un estrecho vínculo con las discusiones concernientes al campo intelectual, sobre todo en el conjunto de las Ciencias Sociales, desde los métodos de investigación hasta la polémica entre pensamiento crítico y militancia radical del orden social existente y las formas de encararlos a través de propuestas de diálogos interdisciplinarios, multidireccionales y antiautoritarios, que presagiaban el derrumbe de las instituciones académicas tradicionales. La convergencia de corrientes como el estructuralismo, donde el hombre es eliminado como actor social, pero que logra trasladar su método a las ciencias sociales y declarar su neutralidad; el surgimiento de una nueva izquierda intelectual calificada de antisistema, como la Escuela de Francfort; el carácter emergente de la etnología y la antropología a partir de la descolonización y el estudio de nuevas culturas y valores, y la reevaluación del marxismo desde la crítica al modelo soviético dogmático y autoritario y su polémica con los partidos comunistas tradicionales que representaban en su mayoría al «socialismo real», forman parte del legado que nos dejara esa ruptura con el pensamiento académico dominante. Todo ello, unido a las nuevas fuerzas revolucionarias que emergían en el Tercer Mundo —fundamentalmente en América Latina—, y a una nueva intelectualidad que con profundidad asumió los procesos de renovación y el estudio y análisis de la realidad de sus países, mediante una estrategia de investigación que les permitió medir la historia de dominación y poder hegemónico impuestos, apoyados en el cuerpo teórico del marxismo, de las ciencias políticas y sociológicas, la economía y otras técnicas de investigación. En la edición se han seleccionado un conjunto de autores que por su carácter creador ocuparon un espacio sobresaliente, sobre todo desde la filosofía, la sociología y la economía, disciplinas que marcaron pautas en las valoraciones, juicios y métodos asumidos. La producción intelectual resultante de ese debate, resumida en las temáticas que se presenta —filosofía, sociología, economía y otros de carácter interdisciplinarios incluidos en Problemas de nuestro tiempo—, es una muestra de la profundidad con que se encararon temas tan diversos como la reflexión entre poder y saber, críticas al sistema capitalista que planteaban el autoritarismo del Estado y su desvalorización, el papel de los sujetos sociales actuantes en medio de cambios externos e internos mediante la praxis, el surgimiento de nuevos actores sociales en un primer plano y su radicalismo al enarbolar el advenimiento de la revolución contra el capitalismo y sus valores dominantes, mediante una transformación profunda de la sociedad a partir de acciones colectivas autónomas como respuestas a las relaciones autoritarias. En ese proceso reflexivo generado a escala planetaria, más allá de las críticas al socialismo estatizado —sin disminuir el daño irreparable que hizo—, la relevancia que ocupa el marxismo como la auténtica teoría de la revolución, permitió rescatar toda una historia común de luchas presentes desde el siglo XIX, los avatares que se han cruzado en su devenir y su enorme alcance como totalidad orgánica y a su vez inacabada, que se cuestiona y reinterpreta a sí misma en la praxis revolucionaria. Se reexaminaron los antecedentes históricos más directos que dieron lugar a su surgimiento, así como otros más recientes, los que sin dudas reflejaban momentos particulares y comunes a pesar de sus especificidades y la distancia en el tiempo entre unos y otros: la Comuna de París, los Soviets, la revolución espartarquista, los movimientos de liberación del Tercer Mundo, la Revolución cubana y la Revolución cultural china, por citar los más referenciados. En ese nuevo escenario intelectual, muchos sintieron la necesidad de estudiar el marxismo para comprender la distorsión que había sufrido dentro del socialismo imperante, además de buscar, investigar y asumir a un grupo de marxistas que sobresalieron por su pensamiento creador y su radicales posturas revolucionarias, como Rosa Luxemburgo, León Trotski y Antonio Gramsci. Recuperar todo un pasado y presente que eliminara la vulgarización y el empleo de categorías inoperantes en nombre de una teoría devenida en fórmulas opacas citadas al infinito sin ningún progreso fecundo y sin ninguna autocrítica como expresara el francés L. Althusser, figura prominente de ese período, devino una necesidad obligada. Otros pensadores destacados, como el belga E. Mandel y el húngaro G. Lukacs, profundizaron en cómo organizarse para hacer cambiar las circunstancias mediante la combinación de un serio análisis social totalizador y de un análisis crítico del presente, los únicos que permitirían medir el éxito, orientado hacia su transformación en auténticas revoluciones socialistas. Conocer qué se quiere y pensar la realidad como es para luchar, organizarse y concientizarse mediante la acción, única forma de elevar la conciencia, así como encarar el surgimiento de una verdadera vanguardia revolucionaria que al ocupar el poder político supiera despojarse de poderes autónomos que tienden a la auto-preservación del aparato partidario como un fin en sí mismo, formaban parte de los temas más polémicos. Desde el Tercer Mundo se levantan voces imprescindibles en su dualidad de teóricos y revolucionarios, como Ho Chi Minh, Frantz Fanon, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, y de intelectuales comprometidos como André Gunder Frank y Theotonio Dos Santos, todos iniciadores de tendencias y corrientes genuinas del pensamiento tercermundista y de posturas radicales que han elevado a los primeros a una escala superior, el de revolucionarios, como los calificara Che en su Diario de Bolivia. Como conjunto se sentían deudores con el marxismo teórico, por haber sido el primero en estudiar el comportamiento universal de la sociedad capitalista y el único capaz de construir, desde el conflicto, las críticas y generalizaciones capaces de producir un conocimiento exacto y reflexivo, pero sobre todo por haberlo utilizado como un referente obligado para profundizar e investigar acerca de las contradicciones y las formas que asumió el modo de producción capitalista en África y América Latina, que como en ninguno otro lugar han sido tan intensas y agresivas. Los años transcurridos desde entonces, los unos complejos, polémicos y heroicos, los otros conservadores y «restauradores» del viejo orden, obligan a una reconstrucción desde el presente. De ahí, la imperiosa necesidad de conocerlos no solo para evaluar las relecturas que desde la derecha conservadora se están haciendo de ese período —no caben posturas simplistas para enjuiciar las razones que obligan a hacerlo—, y que han conducido, en cierto modo, a un intento de validar la ideología de la moral burguesa y del liberalismo en fuertes segmentos del poder, sino sobre todo para medir fuerzas con el capitalismo actual, el que desde el neoliberalismo global ha impuesto el poder del capital financiero especulativo con una magnitud de concentración de capital históricamente inédita, pero que a su vez engendra una fractura en su interior imparable: la intensificación de la explotación de la fuerza de trabajo y el crecimiento de la superpoblación relativa a niveles desconocidos, traducidos en el empeoramiento de las condiciones de vida muchas veces a escala infrahumana, y en la degradación del planeta. Una vez más disyuntivas similares se confrontan, solo que más apremiantes, derivadas de las enormes diferencias desde lo interno del sistema, que transita por una cada vez más desvalorización del Estado, de la política y de los partidos tradicionales, convertidos en defensores de las transnacionales. Ese orden de cosas ha establecido, además, una crisis institucional que se vuelve más burocrática, opresora y disfuncional. En esencia, se retorna al cuestionamiento de problemas similares que al de los intensos años sesenta y setenta, aunque más ininteligibles y destructivos, y que obligan a los comprometidos de siempre a entender la complejidad en que se comportan los fenómenos sociales. Las ciencias sociales hoy, al igual que el período antologado, están en el deber de diseñar estrategias de investigación que profundicen en los conflictos derivados de las circunstancias actuales y de la irrupción de «actores invisibles» que sustituyen a los actores nacionales; cuáles fuerzas están emergiendo de esa situación conflictiva; situación de los grupos dominantes; cuál es el comportamiento del sistema político actual; quiénes serán los encargados de sustituir ese poder y cómo debe actuar la resistencia opuesta a la lógica del poder, del dinero y de la globalización. Esa resistencia presente en el amplio diapasón de los movimientos sociales tiene la responsabilidad ética y la fuerza moral de transformarse para revertir muchos de los errores cometidos y cerrar los espacios a la actual crítica y a la relectura posmoderna, que tanto la derecha como sectores de la izquierda han realizado y realizan, de acontecimientos que no solo estremecieron conciencias, sino que costó la vida a más de una generación ante su fidelidad incorruptible al apostar por un mundo mejor. La negación de la lucha y la violencia revolucionarias, calificadas como los excesos cometidos en esos años y los supuestos causantes de un camino sin salida, obliga a un serio análisis crítico del presente acompañado de la asimilación consecuente de las lecciones de la historia, como las verdaderas armas que nos conducirán a la unidad, al camino del triunfo y a alcanzar lo que tan hermosamente fue expresado en los tan cercanos años sesenta: «Seamos realistas, soñemos lo imposible».

miércoles, 4 de agosto de 2010

Una historia de la insurgencia libertaria contra el franquismo

Novedad de la Editorial Virus
http://www.rebelion.org
Rebelión

Insurgencia libertaria. Las juventudes libertarias en la lucha contra el franquismo, escrito a cuatro manos entre Salvador Gurucharri y Tomás Ibáñez, repasa la trayectoria de Defensa Interior y el Grupo Primero de Mayo, que en los 60 lucharon contra el franquismo mediante la acción directa y armada
Pese a la dispersión de la militancia libertaria tras 1939, el movimiento libertario mantuvo en el exilio el pulso de sus organizaciones, aunque con un pesado lastre de enfrentamientos internos. En este contexto, y tras el declive de las tentativas guerrilleras de Sabaté y Facerías, algunos jóvenes crecidos en el exilio y otros llegados del interior, con la ayuda de ciertos veteranos, buscaban un nuevo marco para el movimiento libertario: fortalecer la creación de grupos en la Península y priorizar la acción directa como instrumento para minar el Estado fascista. Así nacería Defensa Interior, organismo destinado a llevar a cabo acciones armadas, aprobado en 1961 por la CNT, y que prometía una nueva etapa que recuperaría el sentido y el protagonismo de la acción libertaria. Militantes de Juventudes Libertarias como los hermanos Gurucharri u Octavio Alberola, y viejos luchadores del calibre de García Oliver o Cipriano Mera apostaron honestamente por el DI; mientras la dirección cenetista lo saboteaba de manera sistemática. Pese a ello, entre 1962 y 1970 se llevaron a cabo una cincuentena de acciones que, después de la supresión formal del DI en 1965, fueron continuadas por las Juventudes Libertarias y el Grupo Primero de Mayo. Entre estas acciones se encuentran el secuestro del delegado español en el Vaticano monseñor Marcos Ussía, y varios planes frustrados contra el dictador Francisco Franco.
El rechazo creciente de la dirección del Movimiento Libertario, en manos de personas como Federica Montseny o Germinal Esgleas, las ejecuciones de Delgado y Granados, las detenciones de importantes militantes en el interior y las propias redadas de las autoridades francesas contra los sectores más activos del exilio acabarían por asfixiar esta vía. Se frustraron así las ilusiones de una nueva generación de libertarios que, mientras fracasaba el intento de renovar y relanzar las organizaciones históricas del anarquismo ibérico, encontraban en los movimientos en torno a los que se fraguó el Mayo del 68 y en el contacto con otros jóvenes anarquistas europeos la posibilidad de una acción revolucionaria al margen de las viejas estructuras.
Los autores
Salvador Gurucharri Ochoa (Barcelona, 1936) ingresó en la sección londinense de la CNT y la FIJL en 1956, desde donde es tableció lazos con las Juventudes Liber ta rias de París. Participó en el proceso de reunificación de la CNT en 1960 y en las fases preparatorias de Defensa Interior. Como se cre tario de la Comisión de Relaciones de la FIJL participa en la Comisión de Defensa. Fue detenido en 1963, en una macrorredada de las autoridades francesas contra medios libertarios, y asignado a vigilancia en París, donde integró la Comisión de Relaciones clandestina. En 1965 marchó a Bruselas para constituir la Delegación Exterior de la FIJL. Tras su vuelta a España en 1976 se situó en la corriente oficial sin participar en el desgarrador V Congreso. En los años noventa milita en la CNT de Cataluña desconfederada. Dirigió Solidaridad Obrera hasta 1999 y es autor Bibliografía del anarquismo español 1869-1975. Anotaciones para una bibliografía razonada (Barcelona, 2004).
Tomás Ibáñez Gracia (Zaragoza, 1944) durante los años sesenta participó desde París en el movimiento anarquista francés y en la lucha antifranquista de los jóvenes libertarios españoles en el exilio. Miembro de la Comisión de Relaciones de la FIJL entre enero de 1966 y abril de 1969, fue desterrado de París y asignado a vigilancia en una remota región fran ce sa tras participar en los hechos de Mayo del 68. Tras regresar a Barcelona en 1973 se involucró, ya muerto Franco, en el re surgir multitudinario de la CNT y del movimiento libertario. Después del V Congreso abandonó la militancia anarcosindicalista hasta el año 2000 en que se afilió a CGT. Cofundador de la revista Archipiélago, actualmente escribe para revistas libertarias de diversos países. Entre otros libros, es autor de ¿Por qué A? Fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas (2006), Poder y Libertad (1982), Municiones para disidentes (2001) o Contra la Dominación (2005).
"http://www.viruseditorial.net/plantillas_libros Insurgencia libertaria. Las Juventudes Libertarias en la lucha contra el franquismo Salvador Gurucharri y Tomás Ibáñez 978-84-92559-15-2 344 págs. 24 euros
Más información en: www.viruseditorial.net

martes, 3 de agosto de 2010

EL libro "Heroínas de Angola", preciado legado histórico

Teresita Jorge
Rebelión

Una de las mayores satisfacciones de Limbania Jiménez Rodríguez ha sido la publicación, en lengua portuguesa, de su libro Heroínas de Ángola. Conocida como Nancy, su seudónimo en la etapa de lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, la investigadora es oriunda de Báez, de la provincia de Villa Clara. Esta mujer, talentosa y sensible, viajó recientemente a Angola para presentar el texto.El título incluye algunas notas del Diario de Deolinda Rodríguez, cartas y un artículo de su autoría. Deolinda, Irene Cohen, Engracia Paim, Lucrecia dos Santos y Teresa Afonso fueron asesinadas el dos de marzo de 1967, luego de ser torturadas. En homenaje a las guerrilleras el dos de marzo se celebra en el país africano el Día de la Mujer Angolana. Un testimonio de la participación femenina en la lucha por la Revolución angolana constituye Heroínas de Ángola, publicado por Mayamba Editora. En la presentación del libro, acaecida en la ciudad de Luanda, la historiadora Aurora Ferreira, destacó el aporte de Nancy Jiménez al dar a conocer páginas memorables de la historia de esa nación.Para Nancy, valiosa internacionalista, su mayor regocijo radica en la aceptación que ha tenido en el hermano pueblo la versión en portugués de este volumen, cuya traducción estuvo a cargo de Nicásia Casimiro Matías Pesle. Deslinda, Irene, Lucrecia, Teresa y Engracia fueron intrépidas guerrilleras que integraron el Escuadrón Camy, organizado por Cuba a solicitud del Presidente Agostinho Neto, para luchar contra el colonialismo portugués hasta lograr la total independencia. Sobre este preciado legado escribió Vilma Espín en su prólogo a la primera edición, en español: La teniente coronel de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias Nancy Jiménez merece nuestro reconocimiento por dar a conocer una bella y edificante página de la historia de las mujeres angolanas. La máxima dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas cita una carta que, caracterizada por una intensa dosis de optimismo, en diciembre de 1965 escribió Irene Cohen. La joven al patentizar su gran admiración por los dirigentes del país caribeño, proclamó: Tenemos la certeza de que Fidel y Cuba no fallarán.Como colofón de este trabajo vale la pena retomar las palabras de Vilma que de esta forma concluyó su elogio a la autora de otros títulos como A pecho limpio y Mujeres sin frontera: Con su libro Heroínas de Angola, Nancy rinde homenaje a estas valiosas hijas de Angola y a todas las mujeres de ese país y de África, que en las condiciones más adversas continúan luchando por alcanzar un mundo mejor.