sábado, 23 de enero de 2010

Auschwitz o Hiroshima

Lo nunca visto
Santiago Alba Rico
Extramuros-LDNM

Fueron muchísimos, sí, unos seis millones, pero hubo que matarlos uno por uno mediante un remedo atroz del trabajo humano: sacarlos uno por uno de sus casas, apriscarlos uno por uno en los vagones atestados de cuerpos, conducirlos uno por uno a los barracones, a los campos de trabajo, a las cámaras de gas. ¿No era esto, después de todo, lo siempre visto? ¿Lo que había sucedido desde el primer día? ¿Lo que venía repitiéndose monótonamente desde Troya? Auschwitz, lo he dicho otras veces, no representa sino el colofón industrial de un modelo antropológico muy familiar, el del exterminio horizontal del otro, que produce escalofríos precisamente porque es inteligible, comprensible, representable. Nos lo podemos imaginar, lo podemos memorizar: caemos fascinados, angustiados, contagiados, en el abismo. Pero no es nada nuevo ni particularmente inhumano; no entraña ninguna iniquidad “absoluta”. No es el Mal porque viene a ras de tierra, con botas y gorra de plato, y nos mira a los ojos y nos hace bajar la mirada antes de destruirnos; y porque incluso podemos concebir también -a poco honrados que seamos- el placer viscoso del destructor y su moral fangosa tratando de degradar, puesto que no puede elevarse por encima de ella, la existencia concreta de las víctimas.
Trabajar cansa, pero es humano. ¿Y matar sin trabajar? ¿Matar sin ningún esfuerzo? ¿Qué pasa con el otro modelo? ¿Qué pasa con el bombardeo aéreo? Tratar a un hombre como a un animal es ignominioso, sí, ¡pero tratarlo como a un residuo! Hacer listas minuciosas, como Eichmann, es atroz, de acuerdo, ¡pero no ver sino panoramas! Acercarse para destruir a muchos uno por uno es abyecto, sin duda, pero, ¡alejarse para poder matar a todos en una sola gavilla y de una sola vez! Y en cuanto a las víctimas, ¿qué hacer con ellas? ¿Cómo explicarlas? ¿Morir sin haber llegado a existir siquiera como obstáculo? ¿Sin un cuerpo propio? ¿Ser desnudado -sin manos- por una luz intensa ? ¿Ser herido -sin cuchillo- por una nube de gloria? ¿Ser quemado -sin fuego- por un aire coloreado? ¿Ser asesinado -sin garras- por una mirada ausente? Lo nuevo, lo nunca visto, el cero inaugural es Hiroshima: la ruina naturalizada por la ausencia del agresor, el agresor sobrenaturalizado por su propia lejanía aniquiladora, la eliminación virtual -y la fundación real- de la humanidad como conjunto. La bomba atómica es tan inhumana, tan posthumana, que ni agresores ni víctimas pueden representarse el drama del que participaron y que iguala potencialmente a las dos partes. Tampoco -reconozcámoslo- se ha hecho ningún esfuerzo para explicar a los hombres la época nueva; todo lo contrario: los juicios de Nuremberg, que condenaron justamente Auschwitz, declararon legal, normal, aceptable, inevitable Hiroshima y sus consecuencias. Este mundo nuevo, en el que son los contempladores, y no los trabajadores, los que más destruyen, no puede ser asido en una novela y mucho menos en una telenovela. La propaganda contra Auschwitz, interesada o no, será siempre mucho más emocionante.
El 6 de agosto de 1945, una mañana limpia y soleada de verano, los habitantes de Hiroshima no oyeron nada. Vieron el fulminante pika (el gran resplandor) y al mismo tiempo las casas comenzaron a inclinarse y desmenuzarse sin ningún ruido, y los cuerpos a convertirse en polvo bajo un cielo mudo de tinta china. Los supervivientes se dieron cuenta enseguida de que estaban completamente desnudos y así, sin ropa, semicocidos, hinchados y ensangrentados, giraron y giraron por las calles desmigajadas, como almas dantescas, queriendo alejarse, no de la ciudad, no, sino de sus propios cuerpos, tiznados bajo un aguacero repentino de lluvia negra. En 12 km. a la redonda todos los edificios se desataron en llamas. Curiosamente -lo nunca visto- a 30 kilómetros de Hiroshima se escuchó en cambio el don (la gran explosión) y la destrucción adoptó la forma de una nube maravillosa, abanico de relámpagos y luces desplegadas en una expansión cromática cuya belleza ninguna descripción puede ameritar. Por fuera, el infierno era una joya; desde lejos, el Mal era la flor más bella del universo.
En ese infierno se encontraba Shigematsu Shizuma, el protagonista de Lluvia negra, la obra fundamental del japonés Masuji Ibuse, la novela inevitable sobre Hiroshima y sus consecuencias (Libros del Asteroide, Barcelona 2007, traducción de Pedro Tena). En ese infierno se encontraba asimismo Michihiko Hachiya, el médico que dirigía el Hospital de Comunicaciones de Hiroshima y que -víctima él mismo del pika - recogió en un diario estremecedor, desde el mismo 6 de agosto, lo-nunca-visto de la destrucción atómica (Diario de Hiroshima, Turner, Madrid 2005, traducción de J.C. Torres). Los dos libros -nada tiene de singular- se parecen; no sólo porque cuentan lo mismo sino porque lo cuentan de la misma manera, en un estilo minucioso impuesto al mismo tiempo por la tradición japonesa, amorosamente descriptiva, y por la bomba estadounidense, que destierra toda épica e introduce -tras el pika apocalíptico- una muerte sólo vistosa, discreta, casi paisajística. Lo-nunca-visto produce heridas nuevas, cuerpos desconocidos, olores y colores sin precedentes; y obliga a una supervivencia diminuta, elemental y ceremoniosa al mismo tiempo, que ilumina, por contraste, la inaudita novedad de la época nueva inaugurada por Little boy y su luz intensa. O -mejor- la inaudita novedad de la Muerte Nueva, instalada ya entre nosotros y de la que no podemos retroceder, contra la que no hay defensa heroica ni dignidad subjetiva y que deja a la humanidad sin destino y sin libertad, potencialmente Una, potencialmente ya extinguida junto a los dinosaurios, perteneciente al pasado de una Tierra que nadie estudiará.

miércoles, 20 de enero de 2010

Gomorra, el libro que explica el capitalismo

Pascual Serrano
Rebelión

Se ha escrito mucho sobre el libro Gomorra, de Roberto Saviano. Las críticos y las reseñas lo presentaban como un trabajo de investigación sobre la Camorra Napolitana, pero leyendo los métodos de trabajo de esa organización criminal, sus principios, sus objetivos y su ausencia de escrúpulos se descubre que la Camorra es el fiel reflejo del neoliberalismo y la globalización. Se trata de la mejor organización que ha entendido cómo funciona la economía capitalista y qué estrategias debe adoptar para desenvolverse en ella. El resultado -cuenta Saviano- es que la Camorra “ha terminado alimentado el mercado internacional de la confección, el enorme archipiélago de la elegancia italiana”. Explotación laboral con salarios de miseria, deslocalización de empresas de producción hacia los lugares menos controlados por el Estado, evasión fiscal... En dos palabras: el paraíso neoliberal.
áEn el puerto de Napoles transitan ciento cincuenta mil contenedores: las prendas que vestirán los niños parisinos durante un mes, las varitas de pescado que comerán Brescia durante un año, los relojes que ceñirán las muñecas de los catalanes, las sedas de todos los vestidos ingleses de una temporada. 1.600.000 toneladas procedentes de China. Según la Agencia de Aduanas italiana, en ese puerto el 60 por ciento de la mercancía escapa a las inspecciones. Todo bajo el poder de la Camorra. Los aranceles, el IVA y la carga máxima de los camiones son lastres para el beneficio, auténticas aduanas de cemento armado para la circulación de mercancías y de dinero. Todo ello debe ser burlado por la Camorra. Es el nirvana de la globalización, el sueño de Friedrich Hayek.
El Sistema -término con el que denominan a la Camorra- asfixia al pequeño empresario para lograr acabar con su independencia y que termine trabajando para ellos,. Competencia le llaman a eso en la Escuela de Chicago. La similitud entre Camorra criminal y neoliberalismo no es una fantasía mía, la reconoce el propio Saviano, pero a ese detalle no le han prestado atención los críticos y los medios: “La lógica del empresariado criminal, el pensamiento de los boss coincide con el neoliberalismo más radical. Las reglas dictadas, las reglas impuestas, son las de los negocios, el beneficio, la victoria sobre cualquier competidor. El resto es igual a cero. El resto no existe. Estar en situación de decidir sobre la vida y la muerte de todos, de promocionar un producto, de monopolizar un segmento de mercado, de invertir en sectores de vanguardia... “. Puro Milton Friedman.
Saviano destaca que el barrio de Secondigliano, epicentro de la Camorra en la ciudad de Napoles, mantiene “los pilares de la economía, el filón oculto, las tinieblas donde encuentra energía el corazón palpitante del mercado”. Es decir, el sistema productivo neoliberal encuentra en la ley de la Camorra el ambiente perfecto para su desarrollo. Si, en el capitalismo, un alcalde quiere industrializar su ciudad, la puede dejar en manos de las organizaciones criminales que ellas son las que mejor entienden las leyes para triunfar en el mercado.
Los paralelismos son impresionantes. Dice el autor que cuando cayeron los regímenes comunistas en Europa del Este, los clanes de la Camorra entraron en esos países y negociaron con los nuevos dirigentes conversos al mercado los depósitos de armas (incluso las transportaron en camiones a los que les pusieron el símbolo de la OTAN) y, más tarde, llevaron a esos países varias producciones industriales en buenas condiciones laborales para los empresarios. Precisamente, eso mismo es lo que hizo el capitalismo en los países ex comunistas.
En cuanto al narcotráfico, el éxito de los clanes de Secondigliano -cuenta Saviano- se basó en “liberalizar a nivel local completamente la cocaína permitiendo que cualquiera pueda convertirse en narcotraficante, consumidor y camello”. Exactamente lo que hizo Margaret Thatcher en el Reino Unido con la Bolsa: convertir a todos los ciudadanos en pequeños accionistas fascinados por el mercado de las cotizaciones.
El vocabulario también es muy elocuente. Si la Camorra se denomina el Sistema, los camorristas de Caserta se definen como “empresarios”, “nada más que empresarios”, afirma Saviano. El capo de la mafia siciliana "Totó" Riina llamaba “comunistas” a los jueces y todos los que le atacaban y criticaban, precisamente lo que hacen los neoliberales a sus opositores.
Los partidos que son apoyados por la Camorra les sucede lo mismo que cuando son apoyados por el dinero y las empresas: se disparan sus votos. En 1992, en Casal di Principe, los clanes se pelearon con la Democracia Cristiana y decidieron apoyar al Partido Liberal Italiano, y éste pasó de un 1 por ciento de voto a un 30.
Dice Saviano que “el empresario italiano que no tenga la base de su imperio en el cemento (la construcción) no tiene esperanza alguna”. Por eso la Camorra controla la construcción en las regiones donde se implanta. Casal di Principe es un municipio emblemático de la Camorra, allí se produce lo más lógico en una localidad donde el capitalismo está triunfando: figura entre los primeros puestos de Europa en cifras de venta de automóviles Mercedes. Pero también ostenta el de mayor índice de homicidios de Europa. La ley de la Camorra, como la del mercado, debe imponerse en muchas ocasiones a sangre y fuego.
Dice Roberto Saviano que el funcionamiento de la Camorra “adelgaza la barrera que se alza entre la ley y el imperativo económico, entre lo que prohíbe la norma y lo que impone el beneficio”. Mientras la Camorra violenta la norma, el neoliberalismo propugna su ausencia, el laissez faire. Ambos tienen el mismo objetivo y, también, el mismo medio.
El último capítulo de Gomorra es escalofriante. En él se repasan las tropelías medioambientales de este sindicato del crimen que les han permitido enriquecerse convirtiendo sus tierras en los vertederos tóxicos de Europa. ¿Por qué no han tenido “el menor escrúpulo en recubrir de veneno sus propios pueblos, dejando pudrirse las tierras que rodeaban sus propias villas y sus propios dominios”? La respuesta la da Saviano, es una respuesta ideal para comprender el funcionamiento del capitalismo en todo el planeta: “Ahogar en residuos tóxicos un territorio, rodear los propios pueblos de montañas de veneno puede resultar un problema solo para quien posea una dimensión de poder a largo plazo y dotada de una responsabilidad social. En la inmediatez del negocio, en cambio, no hay más que un elevado margen de beneficios y la ausencia de cualquier contraindicación”. Envenenar la tierra fue el más eficaz de los métodos para ser competitivos, entendieron cómo funciona el sistema económico: “¿Y sabes cuántos obreros han podido salvar el culo gracias a que yo he hecho que sus empresas no se gasten un carajo?”, le dice a Saviano un joven ejecutivo de los que se dedican a deshacerse ilegalmente de los residuos tóxicos de las empresas. “Muchas empresas del norte habían podido crecer, contratar, hacer competitivo todo el tejido industrial del país hasta el punto de poderlo impulsar hacia Europa, gracias a haberse liberado del lastre representado por el coste de los residuos, que los clanes napolitanos y casertanos les habían aligerado”, afirma el autor.
La Camorra, el crimen organizado, no es una excrecencia aberrante del neoliberalismo y la globalización, es su epicentro, su núcleo duro, su principio más puro de funcionamiento. Gomorra no es simplemente un libro sobre el crimen, es un libro que muestra cómo el capitalismo es el crimen. Se ha escrito mucho para explicar el funcionamiento criminal del capitalismo, pero Saviano logra explicar el funcionamiento puramente capitalista del crimen.
Saviano, Roberto, Gomorra, DeBolsillo, Barcelona 2009. Traducido por Teresa Clavel y Francisco J. Ramos Mena.
www.pascualserrano.net

jueves, 14 de enero de 2010

Intervención en la presentación del libro "El Partido Comunista en Chile. Una historia presente”

98 años de lucha por la democracia y el socialismo
Jorge Insunza
Rebelión

Recibí el texto con muy breve antelación y en medio de la vorágine Una apresurada mirada me decidió a aceptar: declinar la invitación podía dar una señal equívoca: los comunistas rechazan debatir. Creo que el texto que hoy se lanza es un material valioso. Constata que el Partido Comunista tiene significación para nuestra patria.
Para mí, que he vivido esa historia por más de 50 años, esta lectura, aún apresurada y parcial, significó un enriquecimiento. Hay pasajes que conocía mal. Menciono, a título de ejemplo, el aporte de Olga Ulianova sobre las relaciones entre nuestro Partido y la Internacional Comunista. Debo decir también que, a la luz de mi vida militante, hay muchas afirmaciones se alejan radicalmente de la verdad histórica y no pocas están dictadas por prejuicios.
He comprendido mejor que la historia es un campo del conocimiento resbaladizo. Varios de los autores subrayan el peso que en su elaboración tiene la subjetividad. Eso es evidente en el libro. No obstante, aprecio su diversidad como un valor. Concluí que hacer política en serio es tan complejo como escribir historia: les sugiero a los historiadores tenerlo presente.
Esbozaré consideraciones sobre 2 ó 3 aspectos de los abordados en el libro. Lo haré en asuntos donde siento que se ignoran hechos que permitirían tratarlos mejor y no ser nosotros maltratados. Un primer aspecto es el de nuestra política internacional. Creo fundada la afirmación que nuestro Partido ha sido “ a lo largo de su historia un actor de la internacionalización y universalización de la política chilena así como de la proyección internacional de Chile ” y, también, la constatación que en nuestra relación con otros partidos comunistas nunca fuimos objeto pasivo, manipulado desde un centro, sino un sujeto que asumía esta relación a partir de sus visiones. Esta comprobación no es aceptada sino contradicha por otros textos.
Es efectivo que nuestra solidaridad con la Unión Soviética fue un componente de nuestra política. Ello se fundó en el hecho real que la URSS era un factor clave en la contención del afán de dominio de las potencias imperiales, en especial de los EE.UU., centro de dominación mas incidente en nuestro continente. La URSS apoyaba los procesos de liberación nacional y social en todo el orbe. El proceso de descolonización en Asia y África, las 2 victorias de Vietnam, la defensa del proceso revolucionario cubano, son algunos ejemplos de su aporte a las luchas de los pueblos y a la contención de las agresiones imperiales.
Asumíamos que la guerra fría era expresión de la lucha de clases en plano internacional y que el campo socialista representaba los intereses de las clases explotadas por el capital. Se puede decir que era una visión pobremente matizada y habrá argumentos para ello pero los hechos de ese tiempo y los posteriores no desmienten esa hipótesis.
De hecho, el fin de la guerra fría que culminó con la implosión de los países socialistas de Europa y la desaparición de la URSS, confirma que era una opinión fundada. De ahí en adelante la voluntad de dominación, que se había visto parcialmente contenida por la existencia del campo socialista, se desató. La década de los 90 se abrió con la guerra del Golfo, la ocupación de Irak, luego de Afganistán, el explosivo incremento de los gastos militares y el reforzamiento de la OTAN como un ejército internacional de salvaguardia de los intereses imperiales a medida que crecía el saqueo del Tercer Mundo, ahora ampliado a buena parte de los ex-países socialistas. Un símbolo dramático fue el desmembramiento de Yugoslavia a costa de una tragedia para todos sus pueblos. Igualmente lo es en nuestros días la brutalización extrema del pueblo palestino.
En nuestro continente persiste la agresión a Cuba, se promueven golpes de estado, se instalan bases militares anexando de hecho a países como Colombia para disponer de recursos de control y agresión sobre toda América del Sur. El propósito imperial de aplastar los procesos de cambio en nuestro continente creando un cordón de gobiernos de derecha que facilite el logro de aplastar no solo a Cuba sino Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua y disciplinar a los restantes, es evidente. Nuestro apoyo a Frei hay que leerlo también en nuestra responsabilidad internacionalista. Muchos tuvieron esperanzas en que la asunción de Obama significara un cambio. Los hechos están a la vista :lo constato con amargura.
¿Esta solidaridad con la URSS implicaba subordinación ideológica como lo afirma un autor llegando a decir que actuábamos con «estricta fidelidad a la interpretación soviética del marxismo »? En aras del tiempo me remitiré a un solo hecho: nuestra concepción de sistema político.
Nuestro Partido definió que el sistema de partido único no era nuestra concepción y estableció que el pluripartidismo es componente del socialismo que promovemos para nuestro país. Agregamos que considerábamos legítima la existencia de oposición política que actuara en los marcos de la legalidad. En asuntos de creación cultural rechazamos la imposición de escuela oficial: el llamado realismo socialista. A esto ayudaron sin duda la pléyade de intelectuales en nuestras filas y en primer lugar Neruda y Volodia. En materia de creencias se asumió la militancia de los creyentes unos 35 años antes que Gorbachov lo planteara.
Por todo eso, cuando Salvador Allende planteó que su gobierno no se proponía la dictadura del proletariado no hubo conflicto. Era una discusión teórica que no tenía sentido entonces. Si la tendría en este intercambio. Exponerlo tomaría más tiempo del total que dispongo. En todo caso, el meollo es que el concepto de dictadura se remite al carácter del estado y no al gobierno. Asume que todo estado y, por cierto, el capitalista, es una dictadura: una estructura dirigida en última instancia a someter al pueblo a los intereses del capital. Puede hacerlo con gobiernos tiránicos o democráticos. Meditemos sobre hechos concretos como el Código laboral de Piñera, las tarjetas de crédito, los derechos a la educación, a la salud, a la vivienda: todo, con Pinochet y en lo grueso con la Concertación, se define en y para el mercado y ¿quien domina el mercado sino el dinero? ¿Y quien sino el Estado es el que asegura que los «derechos» del mercado, es decir del capital, se garanticen bajo amenaza de la fuerza?
Recabarren definió que dictadura del proletariado « significa obligar a la burguesía a someterse a la voluntad del pueblo (y)...cesará por sí sola ». No tiene nada que ver con « con gobierno de minorías » como se dice en el libro.
No eludo que las formas de funcionamiento de los estados socialistas dieron pié para una interpretación negativa del concepto de dictadura del proletariado ni tampoco eludo insuficiencias en nuestro actuar, formas de tolerancia y seguidismo que existieron. Considero atinada la conclusión expuesta en uno de los textos en cuanto que « los rasgos de pragmatismo y creatividad quedan eclipsados » en nuestra política internacional. Preciso: eclipsados, no negados.
No obstante, identificar al socialismo con las deformaciones que existieron en su construcción en las condiciones de asedio que se le impuso es un paso en falso, soportable en ideólogos y demagogos pero no en historiadores. Por regla general esas violaciones se engloban en el concepto de stalinismo. Mirada la historia sin anteojeras se puede afirmar que la experiencia terrible del stalinismo es producto no sólo del accionar de una persona o un grupo dirigente sino también de la persistente agresión de las fuerzas del capital dirigidas a liquidar el socialismo sin prescindir de ningún recurso por inmoral que fuese.
La agresión constante, abierta y encubierta, en una situación de debilidad relativa del socialismo respecto del capitalismo, empujó la adopción de medidas y formas de dirección que implicaron violaciones de la democracia socialista, alegadas por sus actores, como se dice en los textos, por los riesgos del persistente trabajo de zapa. Esas limitaciones perjudicaron sin duda el desarrollo social limitando la creatividad y participación popular en la construcción de la nueva sociedad como también incidieron en el retardo en el desarrollo de las fuerzas productivas por la concentración de recursos en la contienda permanente. Sin embargo, es un hecho indesmentible que los gobiernos comunistas, más allá de errores o insuficiencias, ponían al centro de su actividad la expansión de los derechos sociales de sus trabajadores y sus logros fueron considerables.
Otro asunto que tiene fuerte centralidad en los textos es nuestra decisión de promover la Política de Rebelión Popular de Masas para enfrentar la determinación de Pinochet de eternizarse en el poder y ejercer el mando por no menos de 18 años desde la imposición del plebiscito si la vida le alcanzaba. El análisis de Tomás Moulian e Isabel Torres equilibra el libro ante interpretaciones equivocadas y algunas simplemente falsas como es el caso de interferencias de la URSS o de la RDA. El centro de reflexión y análisis que efectivamente operó en la RDA, con el que yo mismo trabajé 4 años, abordaba una diversidad de temas y también el de las formas de lucha pero para poner las cosas en su lugar digamos de paso que también elaboró un proyecto de Constitución Política.
Como se constata en el texto, el plebiscito provocó efectivamente “la sensación sicológica de que el autoritarismo se consolidaba por un largo plazo”. Era un hecho previsible que amenazaba debilitar la resistencia. Por eso, las primeras decisiones se hicieron públicas antes de la concreción del fraude. No hubo un cambio de línea sino de la situación política.
La política de RPM implicaba la introducción sistemática y gradual de formas armadas en la lucha contra la dictadura. Presentar eso en contraposición a lo que en la acción de los comunistas es siempre lo principal, esto es la actividad constante y creciente del movimiento de masas más amplio posible, es una afirmación errónea y contradicha por los hechos. La realización de los “apagones” que no provocaban víctimas, los amedrentamientos a sirvientes de la dictadura, excluyendo los actos de terrorismo, y otras acciones ayudaban a sostener la decisión de lucha del pueblo. Se dice en el libro que las jornadas de protesta que adquirieron inmensa envergadura desde 1983 ” fueron el escenario propicio para la aplicación de las nuevas orientaciones ”. La verdad es lo inverso: esa potenciación de la movilización social fue producto por cierto de la agravación de las condiciones de vida del pueblo y también fruto del clima de resistencia que las acciones armadas ayudaban a crear. En la movilización de masas la participación activa de los comunistas no está en discusión. Todo lo hecho en el plano militar operaba con y para la movilización social y la unidad.
Los hechos hablan por sí mismos. Con PRPM en acción se dio un proceso, nada lineal por cierto, de convergencia de las fuerzas antidictatoriales, formada en las sucesivas protestas que culminaron en la Asamblea de la Civilidad, la más amplia agrupación de fuerzas sociales y políticas que haya existido en nuestro país. En ella, junto con el rol relevante que jugaban los representantes sindicales y gremiales se formó un llamado comité político privado en el que participábamos las fuerzas políticas desde la DC al PC. Allí se formó la convicción que había posibilidades de desplazar a la dictadura sobre la base de movilizaciones sociales siempre más fuertes, más prolongadas y más continuas. Las acciones armadas compatibles con esos propósitos eran asumidas por algunos y toleradas por otros. No se discutían en ese espacio.
La idea de que 1986 podía ser un año decisivo no era una consigna comunista sino una idea compartida por las otras fuerzas. De acuerdo con ello se programó un plan de movilizaciones que tuvo su máxima expresión, como se anota en el texto, el 2 y 3 de Julio de 1986 con una combinación de formas de luchas. La etapa siguiente estaba prevista para el 6 al 9 de Septiembre. Ésta tuvo lugar en un cuadro muy distinto. En Agosto la dictadura logró dar un golpe severo: el descubrimiento de la internación de armas. Luego se produjo el fallido ataque a Pinochet y su comitiva. La protesta de Septiembre fue convocada todavía unitariamente pero fue claramente más débil que la de Julio y ese proceso de debilitamiento de esa forma de lucha continuaría. Se descalifica en el texto nuestros esfuerzos por sostenerla. Veremos nuestras razones.
Pero antes unas palabras sobre ese momento. Es indiscutible que sufrimos una derrota y las derrotas tienen costos. Los tuvieron en el movimiento social y también en el plano interno, como lo detallan prolijamente los autores. En el Partido se expresaron en dos vertientes: quienes asumieron el camino de la solución pactada y quienes sostenían la vigencia de las formas armadas de lucha como línea esencial y autónoma. La dirección del Partido no compartía ni una ni otra e hizo todo lo posible para elaborar en común una línea única concordada democráticamente. No tuvimos éxito. Las tensiones del período condujeron a rupturas dolorosas. Será bueno saber que no pocos de los mencionados en los textos han restablecido, de formas distintas, su relación con el Partido. Mencionó a María Maluenda que ha recuperado su militancia y a jóvenes ya no tan jóvenes del FPMR que han hecho lo propio o que sin militar colaboran con el Partido. Otros siguieron su camino.
No obstante la derrota sufrida, la significación de estas acciones en el fin de la dictadura es tratada por algunos de los autores de un modo que creo equivocado. En los hechos, las formas y la fuerza de movilización de ese período forzaron la intervención directa del gobierno norteamericano, no en aras de la democracia sino para evitar el riesgo de una salida a la plebeya que emergió como peligro real y que, aunque temporalmente contenida, podía reproducirse. Constataron que la dictadura estaba agotada y que había que actuar para un cambio acotado a sus intereses. La intervención se hizo en dos direcciones simultáneas: sobre la dictadura imponiendo que debían garantizar un plebiscito real y reconocer sus resultados y sobre la oposición que debía excluir al Partido Comunista y aceptar el plebiscito como vía de salida y alcanzar con la dictadura un pacto de garantías. El rol de Eduardo Boenninger en estas operaciones es claro. La elección de P. Aylwin como presidente de la DC, en una elección que luego se supo fraudulenta, es parte del operativo para abrir paso a la solución pactada. Además, fue designado un embajador ad hoc para presionar a Pinochet y supervigilar el proceso.
En este cuadro hay que juzgar nuestros esfuerzos por continuar las protestas para lograr la derrota de la dictadura. No apoyamos una salida pactada. Algunos autores estiman “ambigüedad” nuestra ante el plebiscito lo que habría facilitado su tarea al sector DC opuesto a una relación con los comunistas. No era ambigüedad, era una convicción que ese camino era dañino. No tuvimos éxito en revertir la tendencia y cuando concluimos que era así llamamos a la inscripción electoral con la consigna NO Hasta Vencer. No conocíamos entonces detalles del acuerdo impulsado por EE.UU.. Inscribiéndonos se establecieron relaciones con la Concertación para impulsar la movilización electoral y adoptar medidas para evitar el fraude y enfrentar las reacciones de la dictadura ante su eventual derrota. Operábamos en dos estructuras distintas con coordinaciones ad hoc.
El día del Plebiscito me correspondió junto a Enrique Krauss asegurar el enlace de ambas estructuras. Nos encontramos poco después del inicio de los cómputos. Krauss me informó que lo que ellos tenían computado mostraba la victoria del NO. Allí escuchamos el ridículo primer resultado entregado por Cardemil con cifras mínimas que daban ganando el sí. A los minutos, desde el departamento, sentimos bocinazos de pinochetistas celebrando. Le planteé que debían dar lo que tenían de resultados reales con urgencia. Concordó y llamó a su Comando. Felizmente se hizo y el tiempo de Pinochet para forzar un nuevo golpe se redujo y no logró imponerlo.
Algunos autores cuestionan otras decisiones nuestras. Se lee: “ a pesar de adelantar su apoyo al candidato presidencial de la Concertación, (el PC) se opuso al Plebiscito de Julio de 1989 para reformar un conjunto de artículos de la Constitución acordados entre la Coalición opositora y el régimen militar ” y agregan unas líneas después “ en este sentido las esperanzas en el proceso…decían relación, más que con la construcción de un orden factible y estable, con las potencialidades revolucionarias del proceso. El núcleo dirigente del PC asumía las tareas democráticas desde la óptica del leninismo ortodoxo ”.
Si leninismo ortodoxo es construir un sistema realmente democrático tienen razón. En efecto, ese plebiscito, por las concesiones hechas, significó mantener lo esencial de la Constitución pinochetista, entre otras cosas mantener el sistema binominal y el sistema de quorums calificados que dan el derecho de veto a la derecha. En estas condiciones, se impuso un sistema de cogobierno que ha impedido que se cumplan los compromisos de 1989 y a 20 años estamos ante el riesgo de la toma del control del Gobierno por la derecha. El último resultado electoral confirma la perversidad de los acuerdos del 89: con un 23,13% de los votos la UDI contará con 40 diputados, un 33,33%. Recién hoy se compromete la lucha por el cambio de la Constitución ante la evidencia de que afeites y nuevas firmas no bastan.
Es un hecho que el fin de la dictadura se produjo en un cuadro nacional e internacional muy negativo para nuestras políticas. Se impuso y consolidó la salida pactada que promovió el sector hegemónico de la Concertación, se rompió la unidad socialista-comunista, se produjo la implosión del campo socialista y la reafirmación de la hegemonía del imperialismo. Ello conmovió a muchos militantes que adoptaron posiciones de confrontación con la Dirección del Partido. No obstante, la abrumadora mayoría, en particular su base proletaria, mantuvo su adhesión sin que eso significara que no asumieran la necesidad de una reflexión seria sobre cambios que demandaba la nueva situación. Procesos parecidos se daban en muchos otros partidos comunistas.
Nuestra reflexión nos reafirmó que el carácter de partido de clase, constructor de unidades amplias, promotor de una democracia real, asentado en la movilización social, son rasgos irrenunciables. Las propuestas, probablemente bien inspiradas, de seguir la huella del euro-comunismo, no encontraron acogida en nosotros. Mirando la experiencia de los partidos que la promovieron creo firmemente que tuvimos razón: el PC de Italia, un partido maravilloso, el más potente del mundo occidental, con personalidades de la envergadura de Enrico Berlinguer y otros, asumió ese camino y hoy no existe. Procesos semejantes experimentaron otros partidos que siguieron esa huella.
El riguroso cumplimiento del acuerdo de aislar a los comunistas asumido por dirigentes de la Concertación se materializó. Ello no fue óbice para que apoyáramos a Aylwin en la elección presidencial y que, en primera fase, nos declaráramos en posición de independencia crítica respecto de su gobierno como se constata en el libro. Evaluando el actuar del Gobierno resolvimos en 1991 declararnos fuerza de oposición. La apreciación de los autores de notas sobre este período se expresa en descalificaciones que debo comentar. Sostienen: “ El PCCh en suma, homologó en su retórica a la Concertación con la dictadura en cuanto a modelo económico y, además, en cuanto enemigo político ”. ¿Dónde la viste? Es una prueba patente del peso deformante que puede tener la subjetividad personal en la escritura de la historia.
Líneas más adelante se escribe críticamente que “ se reafirmaba el objetivo central de la colectividad: la acumulación progresiva de fuerzas para un salto revolucionario que produjera la ruptura con las estructuras autoritarias y neoliberales que persistían ”.
Efectivamente es así por la simple razón que somos Partido Comunista.
La constatación que vivimos una situación de aislamiento corresponde a la realidad. Hicimos la travesía del desierto no 40 días sino casi 20 años. Si esa era condición de nuestra permanencia como partido revolucionario no había más que asumirla. Que en ese período de acoso hayamos cometido errores no puede ser descartado pero eso no autoriza para descalificarnos con términos que el uso mediático de los poderes dominantes ha convertido en agresiones y así son usados en el texto. Sólo un ejemplo: se dice que denunciábamos a los compañeros socialistas “ en un tono que hacía recordar las imprecaciones kominternianas ” Creo que es un exceso impropio de historiadores más si se tiene presente que a fin de cuentas en nuestro país las ideas de Recabarren resistieron las indicaciones de los emisarios.
La democracia de los acuerdos, la justicia en la medida de lo posible, la permanencia del predominio del neoliberalismo, (somos un país que está entre los 15 primeros en cuanto a normativas procapitalistas y entre los 15 últimos en cuanto a distribución de ingresos) nos tiene al borde del despeñadero.
Si se imponen las fuerzas del pasado los efectos sobre nuestro pueblo serían graves. Lo serían también para otros pueblos de América Latina. Pero, nuestra visión profundamente crítica de las políticas que han llevado adelante los Gobiernos de la Concertación no nos nubla la vista. Por eso en estos días, junto a nuestros aliados, nos batimos para que triunfe el candidato de la Concertación: votar aunque duela dicen muchos de los nuestros y lo harán: eso es prueba de nuestra condición de partido revolucionario.
Agradezco a los autores la realización de este trabajo que me ha enriquecido. Las valoraciones como las observaciones críticas son parte de una dialéctica creadora al menos para mí. Desearía que lo fuese para otros pero como se dice en nuestro pueblo “la libertad es libre”
Les robo un minuto adicional para una anécdota
Un banquero alemán oriental que lo fue en el socialismo y que sobrevivió como tal en el capitalismo. Edgard Most dice en sus memorias: « En el período del Banco del Estado (de la RDA) en el centro de las decisiones que tenía que tomar aparecían, en el siguiente orden, esta preguntas: ¿para qué le sirve al Estado, a la sociedad? ¿Es útil para las empresas, para el trabajo? y recién en tercer lugar, ¿para que le sirve al Banco? Con el capital privado hay una completa inversión de los valores: la primera pregunta es la de saber para que le sirve al Banco.»
Esta máxima del gran capital está en el origen de la crisis en curso y si no cambiamos el sistema esto se reproducirá periódicamente como lo comprueba la historia del capitalismo.
Por tanto, la renuncia a la perspectiva del socialismo sería una tremenda inepcia. Es claro que ese socialismo no consistirá en volver atrás la rueda de la historia. Para ver claridad en ese proceso hay que echar a un lado la denigración interesada de los que defienden de manera abierta o encubierta la permanencia del capitalismo y para peor en su forma neoliberal actual que hace hoy más válida que ayer la conclusión de Rosa Luxemburgo: «Socialismo o Barbarie».

miércoles, 13 de enero de 2010

“Diario de un lobo: pasajes del mar Blanco” de Mariusz Wilk

Instantáneas de la Rusia profunda hoy
Jesús Aller
Rebelión

“Melnitsa solía decir que las Solovki eran un svalka ludei, un basurero humano. Igual que hace años el glaciar trajo consigo piedras, así hoy la vida arrastraba a este lugar todo tipo de desechos humanos: a los soñadores, a los idiotas, a los poetas, a los outsiders, a los fracasados, a los descarrilados, a los místicos, a los parásitos y a los fugitivos. La vida los azotaba, los maltrataba, y los arrojaba cada vez más y más lejos de la corriente principal y mayoritaria, para que, un día, se despertaran… aquí, sobre estas piedras que sobresalen del mar Blanco.” Antonina Mielnik, llamada Melnitsa (la Molino) por su corpachón, es uno de los personajes más entrañables del libro, poeta y periodista, dirige en las Solovki un diario que trata de informar y rescatar la historia, mientras las desgracias se acumulan. Ella hace que Mariusz se decida a quedarse en las Solovki. Desesperada y alcoholizada se suicida en Arjánguelsk unos años después.
Mariusz Wilk, nacido en Wroklaw (Polonia) en 1955, se comprometió de joven con las luchas del sindicato clandestino Solidaridad y fue detenido y encarcelado. En 1991 se instaló en las Solovki y después en Carelia, a orillas del lago Onega. Desde allí enviaba a la revista parisina Kultura crónicas que han dado lugar después a varios libros. De estos, Diario de un lobo es el primero que aparece en castellano (Alba editorial; trad. de Katarzyna Olszewska Sonnenberg), agrupando dos textos: “Apuntes desde las islas Solovki”, sobre la vida en las islas, y “Kanín Nos”, relato de un viaje en barco por el mar Blanco y el mar de Barents en torno a la península de Kanín. El volumen se completa con un glosario. Wilk es un buscador incansable del alma rusa, y se propone en esta obra acercarnos a un territorio del gran país emblemático desde hace siglos, sede de uno de sus más importantes monasterios ortodoxos, que ya fue un presidio en la época zarista, y del SLON, primer campo de trabajos forzados de la URSS y laboratorio para el Gulag. Es su opinión que profundizar en los rasgos de un lugar así puede decirnos más que el revoloteo desde la distancia que suele predominar en la literatura de viajes al uso. Así, un capítulo desarrolla por ejemplo una crítica de El Imperio, el libro de Kapuściński sobre la desintegración de la URSS.
Hay en Diario de un lobo capítulos históricos sobre las islas, también sobre la formación de la gran nación rusa y las herejías que desafiaron la ortodoxia, sobre la exploración del Ártico y la vida en el SLON, pero abundan sobre todo retratos de las gentes que viven hoy en las Solovki. Desfilan así por sus páginas mafiosos de poca monta, poetas refugiados en la bebida, veteranos de Afganistán, bolcheviques irreductibles y un arquitecto reconvertido en monje-filósofo que talla cruces ortodoxas. Todos componen una sociedad desestructurada y caótica, dominada por ladrones y sumergida en alcohol, que sobrevive trabajosamente gracias a la huerta, la pesca y la caza. La perfección de la instantánea se basa en que Mariusz Wilk (Mar para todos allí) consigue convertirse en uno más y renuncia a cualquier protagonismo por el placer de escuchar y repetir testimonios. En escenarios que podrían arrancar exabruptos, él se esfuerza sólo en buscar las claves que la vieja Historia arroja sobre el horror de hoy, y acercarse humanamente a los tipos entre los que vive.
El viaje descrito en “Kanín Nos” es un remate espléndido para el libro. En compañía de dos jóvenes amigos rusos y en el barco construido por uno de ellos, surcan un mar pródigo en nieblas y tormentas, pero que en los días luminosos tiene un brillo que no es de este mundo. En tierra recorren el laberinto de lagos y musgo de la tundra, un paisaje desolado marcado por restos de maniobras militares y recuerdos del Gulag. Allí conocen a las gentes que resisten en la dureza extrema del gran Norte: comunidades de pescadores devastadas por el nuevo orden económico, y supervivientes de los nenets, pobladores más antiguos de la región. Visitar Rusia produce siempre la impresión de internarse en otro planeta, y en esto concuerdan todos los viajeros que desde el siglo XVI han recorrido sus tierras. Sin embargo, el momento histórico que se vive allí ahora muestra algunas características que lo hacen fundamental para todos nosotros. Esto es así porque la disolución de la URSS y la constitución de una “democracia” al uso, resulta evidente que en vez de significar un avance para el tejido social, ha servido en realidad para propiciar la irrupción de mafias todopoderosas y desencadenar un colapso de todo el sistema, que se ve ahora sumido en el caos. El análisis de esta sociedad tiene un interés extraordinario, porque pone de manifiesto, con un ejemplo extremo, las falacias que empañan el progreso de los derechos humanos en nuestro mundo occidental: su falsa y mediatizada “democracia” y la careta de libertad que cubre los manejos de poderes económicos e ideológicos notoriamente totalitarios. Mariusz Wilk consigue adentrarnos, con la crudeza de su retrato, en la negra podredumbre y el sufrimiento que generan todas estas mentiras en un lugar emblemático de la gran Rusia.

martes, 12 de enero de 2010

¡Leed, leed, malditos!

Constantino Bértolo
Público

ERE que ERE, la crisis avanza y según las últimas noticias está acercándose a los centros comerciales y a los primeros bloques de pisos adosados. Presuntos clientes de esa industria del ocio que llamamos literatura escudriñan cada mañana la cara de la jefa de Recursos Humanos tratando de adivinar el estado de salud de su tarjeta de crédito.
Pero no hay que asustarse: ese heroico 50% de españoles que han logrado leer un libro al año a pesar de Trento, de la Santa Inquisición, del púlpito, del colegio de monjas y frailes, de José María de Pereda, de la tele y de las campañas de promoción de la lectura, no está dispuesto a renunciar al vicio impune y no demasiado caro. Leer nos salva de la muerte, dicen los autores cuando se ponen estupendos. Los libros son ese amor que nunca te maltrata, repite hasta la saciedad el marketing. ¡Leed, leed, malditos!
Ya sabemos que cada vez se venden más ejemplares de unos pocos títulos mientras los restantes rotan y rotan como huérfanos que esperan la mano de nieve que sabrá valorarlos, algo cada año más difícil dado el calentamiento del marketing editorial que sufrimos por mucho que las pequeñas editoriales sigan hurgando en las minas abandonadas en busca de las literaturas olvidadas. Lo único complicado es averiguar quién será el nuevo Stieg Larsson que salve a los editores de las devoluciones, a los libreros del fin de mes y a los lectores de las dudas. Menos mal que los narradores de hoy están tan domesticados que es de esperar nos ofrezcan novelas de catástrofes, extrañas epidemias o historias con nazis al fondo, mujeres vengadoras y sin escrúpulos, misterios en trama, gotitas de metaliteratura, un buen puñado de erotismo explícito y salpicón de nuevas tecnologías.
Previsiones: La novela histórica dará sus últimas boqueadas, la narrativa tecnocostumbrista agotará su propia novedad, se editarán tres ensayitos semiológicos sobre Belén Esteban, la poesía seguirá tan correcta y, como siempre, la novela negra será lo que leamos cuando estemos cansados de leer y releer las páginas de nuestras vidas malvendidas. Y los libros electrónicos al acecho.
Fuente: http://www.publico.es/culturas/284054/leed/leed/malditos/literatura

Feminismo, capitalismo, globalización y vida cotidiana

Reseña de "La mercantilización de la vida íntima. La casa y el Trabajo"
Luis Roca Jusmet
Rebelión

La mercantilización de la vida íntima la casa y el trabajo Arlie Russell Hochschild Traducción de Lilia Mosconi 383 páginas Ed. Katz, 2009
Desconocida en nuestro país Arlie Russell Hochschild ( Massachussets, 1940) es una interesante socióloga especializada de la situación de la mujer en el tardocapitalismo. Este libro, tan denso como extenso, reúne varios ensayos con un hilo conductor común. que la autora presenta en la introducción en forma de preguntas: ¿ Que cosas influyen en el amor y el cuidado ? ¿ De qué manera ha cambiado esta situación desde que la mujer ha pasado de estar al margen de la vida mercantil en el siglo XIX a estar cada vez más incorporada a ella a principios del siglo XXI ?. Los temas implicados son variados y complejos: emoción, género, capitalismo, globalización; todo ello en un marco cultural específico, que es EEUU pero con un interés que lo trasciende porque ésta sociedad es, sin duda, el paradigma de la lógica del capitalismo por venir. También vale la pena mencionar las idea con la que se cierra el libro: en el último cuarto de siglo el capitalismo USA está integrando ideológicamente el feminismo pero de una manera interesada y parcial, incorporando lo que cuadra con el capitalismo y el individualismo; pero lo ha hecho prescindiendo de toda la reorganización que implicaba el equilibrio entre la vida económica y la vida privada de la mujer trabajadora.
Los cinco ensayos son complementarios y reflejan la coherencia, el rigor y la claridad de la socióloga y aunque todos son interesantes creo que algunos son extraordinarios. El mejor es el cuarto (“La ecología del cuidado”) que consta de tres artículos : “Amor y oro” ( muy influenciado por la perspectiva de Marx), “La geografía emocional y el plan de vuelo del capitalismo” ( inspirado en el punto de vista de Durkheim) y la cultura de la política”. En “Amor y oro” trata de la tendencia global a importar amor y cuidado de los países pobres a los países ricos. Si la desigualdad progresiva entre estos conjuntos de países lleva a que las personas con más talento y capacitación de los países pobres sean absorbidos por los países ricos al mismo tiempo las mujeres de los países del Sur deben abandonar a las personas que dependen de ellas ( hijos, padres...) para ocuparse de personas dependientes de los países del Norte. Y aquí se da una transferencia emocional, ya que estas mujeres acaban proyectando su amor hacia las nuevas personas que dependen de ellas. Pero, cómo bien dice la autora, este sentimiento de amor no es el originario ya que no solo cambia de destinatario sino que también se transforma en el nuevo escenario; y esto como producto de la combinación de tres factores: la ideología estadounidense sobre los vínculos materno-filiales, la soledad de la mujer y la nostalgia de los hijos de los que se han separado por necesidad. Continua siendo una forma de imperialismo, ya que si antes se saqueaban los recursos materiales ahora son los emocionales, pero la autora también considera que el desarrollo de un país con respecto a otro genera siempre migraciones y lo que hay que plantear es elevar el valor del trabajo realizado por las cuidadores. Por otra parte, y aparte de la lucha por eliminar la tendencia a aumentar la desigualdad Norte/Sur e invertirla, se trata de involucrar al padre de todos los países en la realización de las tareas del cuidado y de esta manera ir contra el traspaso de estos trabajos hacia las clases sociales más pobres.
En “La geografía emocional y el plan de vuelo del capitalismo” parte de la constatación de la aceleración progresiva de la vida laboral y familiar en EEUU. Cada vez hay más madres que trabajan fuera de casa, cada vez se trabajan más horas ( EEUU es el país industrializado donde se trabajan más horas al año, superando al mítico Japón) y los empleos no tienen flexibilidad horaria. Delante de ello hay tres posibilidades : o “racionalizar” la vida familiar dejándola en manos de expertos ( canguros, cuidadores, servicio de limpieza...), o volver a la solución tradicional ( hombre en el trabajo, mujer en casa) o bien, como defiende la socióloga, adecuar al horario laboral al familiar y repartir el cuidado y el trabajo doméstico entre hombres y mujeres. Pero en EEUU lo que domina es una vida cada vez más centrada en el trabajo, al que se quiere convertir en un lugar estimulante para los dirigentes y trabajadores cualificados, donde puedan desarrollar una vida social y lúdica. Y lo familiar conducirlo hacia el área privada, ya que al mismo tiempo se reducen cada vez las políticas públicas de apoyo a la familia y a las personas dependientes. Un tema inquietante y muy palpable en EEUU que es como cada vez las personas se implican más en el trabajo ( tanto hombres como mujeres) al que consideran su lugar de realización personal mientras la vida familiar se reduce a un lugar residual de tensiones y conflictos.
Todo esto enlaza con el tercer artículo, donde la socióloga plantea las cuatro alternativas políticas referidas al cuidado : la tradicional, la postmoderna, la moderna-fría y la moderna-cálida. Las dos primeras son las propias del neoliberalismo : si es posible que la mujer se ocupe del cuidado mientras el hombre se dedica cada vez más al trabajo ( tradicional, como ocurre en Suiza y Portugal ) si no lo es que la mujer haga de la necesidad virtud y se ocupe de todo de la mejor manera posible, ayudada en parte por el Estado ( combinación de postmoderna y moderna-fría, como en EEUU). La mejor alternativa sería la cuarta, la moderno-cálida, que es la que impera en los países nórdicos ( Dinamarca, Noruega y Suecia). Esta opción implica adaptar el sistema laboral a las exigencias del cuidado, corresponsabilizando a hombres y mujeres del cuidado y una política pública de apoyo a este equilibrio.
En el resto del libro hay también otras cosas destacables, como los dos primeros artículos del primer ensayo ( “Una cultura de la desinversión psíquica”) que se titulan “El espíritu mercantil de la vida íntima y la abducción del feminismo” ( que como dice la autora tiene un aire muy weberiano) y “ La frontera de la mercancía”. Hay aquí analizadas dos cuestiones de gran interés : el primero es el ideal masculina que se ofrece a la mujer muchas veces en nombre de un supuesto feminismo y el segundo el peligro que tiene aplicar conceptos mercantiles a la vida personal : gestión, cliente, productividad, competencia, oferta y demanda....
En el tercer ensayo ( “El dolor reflejo de una sociedad conflictiva”) hay dos artículos que son igualmente imprescindibles : “El colonizador colonizado” y “La familia fracturada”. En el primero hay que criticar que la traductora ( en general muy correcta, aunque nos choquen algunas expresiones latinoamericanas) porque la traducción elegida para el título invierte totalmente el sentido del texto. Porque no es “el colonizador el que resulta colonizado” sino que es este último el que hace de transmisor de las ideas del colonizador. Con este título ( “El colonizado colonizador”) sí entendemos de lo que trata el capítulo, que es el del papel de la madre que transmite a la hija la ideología de la sumisión; y al mismo tiempo esto nos permite abordar con toda la complejidad de relaciones ambivalentes entre madre-hija en una sociedad patriarcal. El segundo artículo trata de las transformaciones de la familia en las últimas décadas, siempre tomando como referencia EEUU, el país con más divorcios del mundo y en el que se prevé que el 60% de las mujeres serán las responsables de una familia monoparental en un país en el que la mayoría de hombres divorciados se desentienden de sus hijos.
Como última referencia al contenido del libro no quiero olvidarme de dos artículos muy preciosos del último ensayo ( “Un yo imbuido de sentimientos”) que son “La capacidad de sentir” y la elaboración del sentimiento”. Aquí hay un trabajo muy innovador y sugerente sobre como las convenciones y la ideología reglamenta los sentimientos. Parte de los trabajos del mejor representante de la sociología de la vida cotidiana, Erving Goffman pero con la pretensión crítica de cubrir un aspecto que él no desarrolla, que es el emocional. La cuestión central es la de cómo elaboramos socialmente los sentimientos, aunque creo que falla una distinción más precisa de lo que es una emoción y un sentimiento, que de esta manera queda en la ambigüedad. La distinción del filósofo y neurocientífico Antonio Damasio, que considera la emoción como la base reactiva corporal y el sentimiento como la conciencia que tenemos de ella hubiera dado más juego. Igualmente creo que sería fecundo tener en cuenta las aportaciones de corrientes psicoanalíticas más interesantes que las que circulan por EEUU, que es la única que la autora considera en el texto.
En todo caso el libro es muy potente y abre un campo de reflexión psicológica, sociológica y política bastante desconocida en nuestro país. Una vez más muestra el error de aquellos que como Wilheim Reich consideraban que la familia es la estructura ideológica básica del capitalismo. En esta etapa de globalización se cumple la previsión de Marx de que la lógica del capitalismo acaba destruyendo todos los lazos tradicionales, incluido el de familia. Quizás la relectura de Un mundo feliz de Aldous Huxley nos diga bastante sobre lo que puede llegar a ser la reproducción social en los países del Norte. Y lo que es fundamental en el libro que tratamos es la relación entre la lucha de la mujer, que es uno de los elementos básicos de la democracia entendida como la lucha para acceder al poder de todos aquellos que están discriminados, y los intentos del capitalismo de desintegrarla en una ideología que sólo responde a sus intereses.

domingo, 10 de enero de 2010

Para investigar las valijas del alma

10-01-2010
Se reedita "Bajo la Lluvia" de Juan Gelman y Carlos Alonso
Silvina Friera
Página 12

“Lo leo como si fuera de otro. Me reconozco en ellos, sin duda, pero tomé distancia”, señala hoy el poeta. Más allá de la inevitable distancia que impone el tiempo, el libro propone una sumatoria de letra y dibujo de intensidad apabullante.
Un hombre cierra los ojos bajo un solcito romano que lastima. Los párpados pesan; el odio, el furor y la pena le taladran el corazón. Ya le informaron que su hijo y su nuera tuvieron una suerte nefasta y que una criatura nació en cautiverio. Ese hombre es Juan Gelman, replegado en Italia, el primer país donde se refugió, doblemente condenado a muerte, por la dictadura militar argentina y por Montoneros, bloqueado creativamente –lleva cuatro años sin escribir una línea–, con los tajos del pasado a flor de piel. Necesita exorcizar los fantasmas. Se pregunta en qué lengua podría hablar la soledad. No sabe, pero se propone averiguar. “No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida”, escribe conjurando la parálisis. “Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y nadie nos corta la memoria, la lengua, los calores.” Poco a poco fue componiendo un mosaico de lúcidas reflexiones sobre la ausencia, el dolor, el exilio. Bajo la lluvia ajena, publicado originalmente en 1984, se acaba de reeditar por Libros del Zorro Rojo y Fundación Nuevo Mundo, ilustrado con las aguafuertes que Carlos Alonso realizó durante su exilio, también en Roma, que permanecieron inéditas durante treinta y cinco años. La combinación resulta magistral: son veintiséis fragmentos de una intensidad apabullante, a caballo entre la prosa y el poema, con doce maravillas visuales desgarradoras.Ríos de la congoja
El cerebro detrás de esta cumbre de figuras capitales de la cultura latinoamericana es el escritor y editor argentino Alejandro García Schnetzer, residente en Barcelona. En el prólogo compara las vidas de Alonso y Gelman como “dos ríos que paralelamente discurren; han compartido y comparten verdades, convicciones, voluntades; han conocido persecuciones, tragedias, exilios”. Ciertamente, como añade a continuación, “a su modo, cada cual supo integrar esas experiencias al orbe de sus creaciones”. Paloma y Marcelo, sus hijos, fueron víctimas de la dictadura militar. Los caminos apenas se bifurcan: el poeta pudo recuperar el cadáver de su hijo; el pintor aún no sabe dónde está el cuerpo de Paloma. Ambos desgranaron una y mil veces “la negra pena” en el destierro en Italia. Ni siquiera se cruzaron por esas callecitas romanas que abruman con tanta belleza a cada paso que se da. Sortearon la parálisis, el silencio y volvieron a escribir y a pintar. “Ante cosas como ésas, hay una pérdida de confianza en la humanidad”, afirmó Alonso. “Un poeta decía: ‘El asesino desequilibra la naturaleza’, y es así, desequilibra la propia naturaleza y lo que uno entiende como equilibrio general del comportamiento.” Cuando emprendió el viaje de vuelta a la Argentina, se dedicó a pintar paisajes. “Mi quiebre fue con las personas, hacía árboles porque no quería siquiera bocetar la figura humana. Sentía en verdad que se me había quebrado el mundo.”
A Gelman le tocó también remontar cuatro años en Roma sin poder escribir: “El exilio produce una honda sensación de desamparo, de vivir a la intemperie”. Bajo la lluvia ajena, subtitulado Notas al pie de la derrota, representa el regreso a la palabra. Alonso se negó a ilustrar el texto en tiempo presente con nuevos trabajos. “Muchas cosas deberían cambiar para tratar de nuevo el pasado”, explicó. “Pero al mismo tiempo siento que el texto está ilustrado por mí, especialmente ilustrado por mí, pero ilustrado en el mismo momento en que fue escrito, porque las preocupaciones, el sentimiento, incluso las metáforas que yo trabajaba entonces, eran coincidentes con las de Juan.” El 5 de marzo de 2009 llovía en Buenos Aires. Alonso y Gelman compartieron la tarde, conversaron sobre la obra y las aguafuertes que la integrarían. Cuando Gelman las vio, dijo: “No son ilustraciones, Carlos, son mucho más”.Las valijas del alma
“Es difícil reconstruir lo que pasó –se lee en el primer texto del libro–, la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Han pasado años, los muertos y los odios se amontonan, el exilio es una vaca que puede dar leche envenenada, algunos parecen alimentarse así.” En este viaje introspectivo, el poeta bucea en las sensaciones cotidianas, luego de haber sido arrancado de la Argentina, lejos de su propio hijo, su nuera y sus amigos desaparecidos. La ropita de los exiliados está en el ropero, pero no han deshecho las valijas del alma. La primera reacción es negar el país donde se está, negar su gente, su idioma; rechazarlos como testigos concretos de una mutilación. Ni el cielo ni el sol son los mismos. “Las voces del rocío se parecen a las voces del rocío. Una pequeña lengua lame y las diferencia, las distancia. Mi rocío del sur o cabellera o cristalina madrugada sobre los pechos del combate. No rocía lo mismo sobre el Mercado Común Europeo, el más común de los mercados.”
Los pies de Alonso, como los de Gelman, se arrastran “en ríos de sangre seca”, pisan otras tierras; “la cosa es que viva yo en otras tierras sin mentirme, sin mentir”, advierte el poeta. Duele la derrota, pero entre los deberes del exilio está, en primer lugar, no olvidar el exilio, como subraya en uno de los poemas: (...) y vos / corazoncito que mirás / cualquier mañana como olvido / no te olvides de olvidar olvidarte /. Roma recibió a un poeta y un pintor heridos y hambrientos de justicia. ¿Hasta dónde este exilio exterior coincide con otro más profundo, interior, anterior? Las preguntas brotan como si fueran yuyos imposibles de extirpar de la tierra. “Hierven los argenguayos, urulenos, chilentinos, paraguayos, están tirando de la noche sudamericana, rechinan de almas en silencio, su verdadero trabajar”, describe el poeta esa Babel sudaca a la intemperie. A veces el tono se eleva por el fuego de la bronca y despotrica contra los “profesores del exilio, sociólogos, poetas del exilio, llorones del exilio, alumnos del exilio, buenas almas con una balancita en la mano pesando el más el menos, el residuo, la división de las distancias, el 2 x 2 de esta miseria”.El dolor de la palabra
Hasta cuando recuerda a su padre ucraniano, que huyó a la Argentina para no cumplir con los veinticuatro años de servicio militar que le tocaron por sorteo –y que “por obra y gracia del zar” se convirtieron en veinticinco–, emergen los pies. Como si recién arrancado de cuajo de la tierra, descubriera, repentinamente, esa parte que es una de las más olvidadas del cuerpo. Su padre llegó a América con una mano atrás y otra adelante, para tener bien alto el pantalón. “Yo vine a Europa con una alma atrás y otra adelante, para tener bien alto el pantalón. Hay diferencias, sin embargo: él fue a quedarse, yo vine para volver”, compara Gelman. “Nunca te olvidaré, en la oscuridad del comedor, vuelto hacia la claridad de tus comienzos. Hablabas con tu tierra. En realidad, nunca te sacaste esa tierra de los pies del alma. Pieses lleno de tierra como silencio enorme, plomo o luz.”
En los primeros años de su exilio, Gelman se reunía con los líderes principales de la socialdemocracia europea para conseguir una condena a la dictadura militar argentina. El poeta volvió clandestinamente a Buenos Aires en mayo de 1978, caminó por el centro y por los sitios que solía frecuentar. Leyó los diarios de la época como La Opinión, donde alguna vez trabajó y que alguna vez fundó, y descubrió que un compañero intelectual de la izquierda (ex compañero o ex izquierda) sumaba su vocecita paga a la propaganda de la dictadura militar. “Hago esfuerzos y no alcanzo a recordar su nombre. Era cuentista, o algo así, como su mujer, que se cagaba en Rosa Luxemburgo desde posiciones de izquierda. Tenía un ano de izquierda que no le habrá impedido evacuar la pitanza militar”, ironiza el poeta en el texto XIX. Luego regresaría a Roma y un año después se desataría el vendaval de la Contraofensiva montonera, tragedia que marcó el final de la organización.
Hay un texto dedicado a César Fernández Moreno y una carta para el “querido Paco” (Urondo), en la que recuerda la casita de Ciudad de la Paz, donde comieron y chuparon bien, y la casa clandestina de Constitución, donde Paco le anunció que la organización lo enviaba a Gelman a Europa. “Sigo pensando, hace años que lo pienso –¿cuatro?, ¿cinco?–, que era mejor que te mandaran a Roma a vos. Ahora estarías haciéndote de comer en tu casita, recordándolo al Moro, recordándome, lejos, cerca”, confiesa el poeta en la crónica más extraordinaria del libro. “No me quiero morir en lugar tuyo, aunque a veces quisiera estar en tu lugar. Lo que pasa es que una vez me dijiste que ibas a vivir ochenta años y yo te creí. Y todavía te creo.” La equivalencia visual se potencia. En la ilustración de Alonso que complementa esta carta hay dos manos con dedos gruesos, nudosos, agrietados, sufrientes; en una se apretuja un cigarrillo, en la otra se sostiene una pluma que está a punto de deslizarse sobre un papel. ¿Qué quiere garabatear esa mano? Un dibujo, acaso la fisonomía de la hija desaparecida, o una carta al amigo asesinado, o el inventario de víctimas, consignar sus nombres para no olvidarlas. Al ver esta imagen viene a la mente una frase patentada por Gelman: “La poesía nace del dolor de la palabra”. La poesía de Alonso, amasada en el exilio y la derrota, también surge del dolor.
La reedición de Bajo la lluvia ajena enfrenta a Gelman con ese puñado de textos. “Me he alejado de eso, han transcurrido treinta años y los sentimientos se modifican y se entrelazan con nuevas visiones y circunstancias de la vida. Lo leo como si fuera de otro. Me reconozco en ellos, sin duda, pero tomé distancia”, aclara. “Porque no se puede vivir en el pasado, eso trae mala suerte.” A pesar de la distancia, siempre sana y necesaria, los pormenores de su exilio, la memoria y la sensación de derrota lo visitan de vez en cuando, aunque sean experiencias archivadas en su pasado. Pero algunas “máximas” resuenan como si fueran ecos de los tiempos inmemoriales de la humanidad: “Quien contempla el exilio es absorbido por él”, “Lo que me duele es la derrota” o “Los exiliados son inquilinos de la soledad”. A diferencia de otros “inquilinos” que han abandonado el barco de los ideales por los que supieron luchar, el poeta nunca fue carne de cañón del arrepentimiento. Ha seguido escribiendo y conquistando premios –el Cervantes lo ha coronado como el mejor poeta en lengua española–, encontró a su nieta y ya no le importa que las musas lo abandonen. Nadie –ni esas ingratas muchachas, en caso de dejarlo– podrá amputarle la memoria, ni cortarle la lengua.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-16586-2010-01-09.html