domingo, 29 de mayo de 2011

Reseña de “El equipo de Choque de la CIA”


29-05-2011

Reseña de “El equipo de Choque de la CIA”
C.I.A. organización criminal, Agencia de Importación de Cocaína



Hernando Calvo Ospina, periodista y escritor colombiano, hoy residente en Francia, antes de llegar a este país era conocido por sus críticas en diferentes medios de prensa al gobierno colombiano. Esa fue la causa por la que un grupo de policía militar compuesto por ecuatorianos y colombianos le secuestró en 1985; pero debido a las manifestaciones exigiendo su libertad, a los pocos días el gobierno ecuatoriano de entonces declara que está en su poder y que le ingresa en la cárcel. Allí pasó tres meses, y las movilizaciones a su favor a nivel internacional arreciaron, consiguiendo que el gobierno lo soltase, y ante el problema que le estaba suponiendo lo expulsa de Ecuador a Perú el 28 de diciembre de ese año, 1985. Ahora bien, Alan García, entonces presidente de Perú, tampoco le quiere recibir puesto que el gobierno dictatorial de Colombia presiona, y otra vez Calvo Ospina se ve expulsado, y es entonces cuando el gobierno francés se ofrece para acogerle el 15 de marzo de 1986.Hernando Calvo Ospina, además de sus reportajes, entrevistas y artículos, tiene libros como “Don Pablo Escobar”, “Perú: los senderos posibles”, “¿Disidentes o Mercenarios?, “Bacardí: la guerra oculta del Ron Bacardí”, “Colombia, democracia y terrorismo de Estado”, y el último: “El equipo de Choque de la CIA”.
“El equipo de choque de la CIA” recoge una profunda investigación sobre cómo crearon sus ideólogos la denominada Agencia, y cuál ha sido, hasta prácticamente hoy, su proyección dentro y fuera de EEUU. Nombrar a la CIA como lo hace Calvo Ospina es hacer que nos fijemos en la principal mano que ejecuta planes terroristas en el mundo desde 1954, para eso fue creada y conducida por el gobierno imperial estadounidense. 1954 es el año de su primer golpe de Estado. Jacobo Arbenz, presidente elegido democráticamente pretendió poner en marcha una pequeña reforma agraria, señalando que “Los capitales extranjeros serán bienvenidos siempre que se adapten a las condiciones locales, se sometan a las leyes de Guatemala, participen en el desarrollo económico y se abstengan de toda intervención en la vida social y política”. El gobierno imperial , con su presidente Eisenhower a la cabeza no estaba dispuesto a dejar que una de sus presas diese ejemplo de afirmación, y Allen Welsh, jefe de la CIA declaró que Guatemala era “una cabeza de playa soviética en América”, y la campaña preparando el golpe de Estado empezó: 100.000 boletines distribuidos propalando falsedades sobre el gobierno, documentales del mismo cariz que se proyectaban gratuitamente en los cines del país, colecciones de fotografías trucadas que distribuyeron presentando cuerpos mutilados que se atribuían al gobierno, dinero distribuido a ciertos sectores sociales para que se manifestasen, artículos sin firma en la prensa que pagaba la CIA describiendo supuestas acciones gubernamentales como comunistas, el gobierno de Guatemala responde denunciando la preparación del golpe y pone al descubierto la implicación del dictador Somoza, de Nicaragua, de Trujillo, de República Dominicana y del gobierno estadounidense. El ataque del gobierno de EEUU no se hace esperar, saca una resolución en la Conferencia Interamericana acusando al gobierno de Guatemala de comunista. El 24 de mayo de 1954, los barcos estadounidenses bloquean por mar a Guatemala, y el 17 de junio la invaden cruzando la frontera de Honduras con una fuerza mercenaria. Las emisiones de radio de la CIA y los bombardeos aéreos hicieron el resto. El golpe lo da la CIA a través del coronel Castillo Armas, formado en escuelas militares estadounidenses después de haber intentado un golpe contra el presidente Arbenz en 1950. El golpe de Estado en Guatemala lo da el gobierno de EEUU seis años después de terminar la Segunda Guerra Mundial. El gran número de datos que aporta Hernando Calvo Ospina permite saber de principio a fin todo lo relacionado con cada una de las maniobras de éste equipo de golpistas, en cada una de sus atrocidades, de cada uno de sus jefes directos y de sus autores intelectuales. El mismo presidente Eisenhower reconoció públicamente que había derrocado al gobierno de Guatemala.
Después le llegaría el turno a América del Sur, al Centro y a Canadá, así como a Francia, a Italia, a Alemania y a España, donde se conocerá su intervención. No deberemos olvidar el libro “La CIA en España”.
Una de sus mayores aportaciones al mundo del crimen, pero también uno de sus mayores fracasos, fue en Vietnam, sin olvidar sus acciones en Laos y África, de la que Hernando Calvo Ospina nos muestra la intervención de ésta “organización criminal” en Angola y Congo. La CIA recibió el nombre de “Organización criminal” de parte de un jurado estadounidense tras un juicio en el que se tomó declaración a testigos como Ramsey Clark, ex fiscal general de EEUU, Daniel Ellsberg, aquél que entregó los papeles del Pentágono, Howard Zinn, el historiador, …, por la denuncia de Amy Carter, hija del expresidentes Carter, ante las actividades que desarrollaba la CIA dentro de la Universidad de Massachussets. Pueden leer toda la información al respecto en la entrevista al abogado defensor de los derechos civiles en EEUU Leonard Weinglass, recientemente fallecido, firmada por Miguel Álvarez para “La isla desconocida”, y reproducida en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=125250.
A esa su primera acción terrorista en Guatemala seguiría la operación que más ha durado en toda su historia involucionista, y que aún continúa, la operación contra Cuba, poniendo los teleobjetivos de sus mercenarios apuntando a Fidel Castro, a Che Guevara y a Raúl Castro, y así lo aprueba, otra vez más, Eissenhower el 17 de marzo de 1960 con la orientación de Nixon. En un documento confidencial que escribe Nixon para la Casa Blanca, la CIA y el Departamento de Estado, después de haberse entrevistado con Fidel Castro el 19 de abril de 1959 en su oficina del Capitolio, dice: “Mi apreciación personal sobre él, en tanto que hombre, está un poco mezclada. De lo único que podemos estar seguros es que posee esas cualidades indefinibles que lo hacen un líder. Cualquiera que sea nuestra opinión sobre él, debemos reconocer que será un factor importante en el desarrollo de Cuba, y, sin duda, en los asuntos de América Latina en general.” El proyecto para la invasión de la isla por Bahía de Cochinos es detallado con minuciosidad. La CIA lo llevaría adelante bajo la responsabilidad de Robert Kennedy y con la participación de la Mafia. Su fracaso fue estrepitoso. Y hablando de la invasión de Cuba es de justicia señalar que uno de los que intervinieron para impedirla fue Rodolfo Walsh, “…descubrió, meses antes, que los EEUU estaban entrenando exiliados cubanos en Guatemala para invadir Cuba por Playa Girón en abril de 1961. Walsh era en esa época el jefe de Servicios Especiales de Prensa Latina, en la oficina central de La Habana” y consiguió descifrar un cable secreto dirigido al gobierno de EEUU por el jefe de la CIA en Guatemala, en el informaba de los preparativos del desembarco, las entrecomilladas son palabras del escritor Gabriel García Márquez que termina diciendo: “Se revelaba, inclusive, el lugar donde empezaban a prepararse los reclutas: la hacienda Retalbuleu, un antiguo cafetal al norte de Guatemala.” (Artículo “Rodolfo Walsh, el hombre que se adelantó a la CIA”)
Hernando Calvo Ospina sigue los pasos de Nixon y nos lo muestra en las mejores relaciones con la familia Bush, dedicada al negocio del petróleo, y descubre a Nixon consiguiendo para Bush padre, que tiene como socios petroleros a otros pertenecientes a la CIA, su entrada en las altas esferas de la Agencia. Después vendría la crisis de los misiles y derivado de ello el acuerdo entre EEUU y la URRSS, que dejó fuera de las negociaciones entre las dos potencias asuntos tales como el bloqueo de Cuba y otros tipos de agresiones terroristas, además de la ocupación del territorio cubano como es la base de Guantánamo.
El asesinato de Kennedy descubría el poder creciente de la CIA en EEUU, que resolvía como organización terrorista sus diferencias organizativas. En próximos golpes la Agencia acabaría con la democracia en República Dominicana, y el presidente Johnson ordenaría su invasión; a continuación llevaría a cabo el asesinato de Lumumba, presidente de la República Democrática del Congo, además de dedicarse a financiar y entrenar a los mercenarios que alzaron al tirano Mobutu.
Uno de sus más grandes fracasos (no sólo el de la invasión de Cuba y el asesinato de sus dirigentes) fue el de Vietnam; la CIA, dedicada con todas sus energías dentro del ejército estadounidense, perdió la guerra. Sin embargo la “organización criminal” consiguió asesinar a Che Guevara en Bolivia. En Portugal intervino para darle la vuelta a la “revolución de los claveles”, pero en Angola la Agencia con sus mercenarios fue derrotada por el MPLA.
Hernando Calvo Ospina continúa exponiendo el caso de Chile y Allende, la “Operación Condor”, los asesinatos de exiliados en EEUU, el atentado contra Cubana de Aviación, los atentados contra las embajadas, contra el personal diplomático de Cuba, las acciones terroristas y la guerra que emprende contra el gobierno revolucionario de Nicaragua, el entrenamiento de la contra y actos terroristas, el envío de armas, el minado de puertos, el tráfico de drogas, con respecto a esto escribe Calvo Ospina que el ex funcionario del Departamento de Estado William Blum declaró que “durante los años de guerra antisandinista se decía que CIA significaba: “Cocaine Import Agency” (Agencia de Importación de Cocaína)
Los datos, documentados todos, que nos expone el autor llegan hasta el año 2009. Si se conocían algunos, si se sospechaban otros, Calvo Ospina en su libro nos entrega las pruebas sacándolas del último rincón. ¿Habrá algún tribunal internacional que ordene poner en el listado de terroristas a la “organización criminal”, “Agencia de Importación de Cocaína” y a su brazo político para que se les detenga y se les juzgue?, no es absurdo pensarlo, ya llegará el momento histórico.
Título: El equipo de choque de la CIA.
Autor: Hernando Calvo Ospina.
Editorial: El Viejo Topo.
Ramón Pedregal Casanova es autor de “Siete Novelas de la Memoria histórica. Posfacios, edita Fundación Domingo Malagón y Asociación Foro por la Memoria (asociacion.foroporlamemoria@yahoo.es)

lunes, 9 de mayo de 2011

Las luces en la noche, la luz del amanecer


09-05-2011

Sobre A. Chéjov
Las luces en la noche, la luz del amanecer



Chéjov, (1860-1904), el gran escritor ruso revolucionó el género del cuento poniendo la estructura y el lenguaje al servicio de la manera de pensar de eso que hemos llamado modernidad, y revolucionó el teatro con tal profundidad que hizo cambiar el sistema clásico del drama. Chéjov, que vivió en una familia que tenía en su haber esclavos, desde muy joven puso todo su esfuerzo de escritor, primero para sobrevivir, pudiéndose decir hoy que, en los dos géneros, el cuento y el teatro, hay un antes y un después de Chéjov. Su obra cuentística se divide en dos etapas, la primera contiene cuentos humorísticos, hasta 1886, y la segunda, hasta el final de sus días, más concentrada en el mundo interior de los personajes, en lo que no se dice, avocada a lo que se ha dado en llamar finales abiertos, o la no resolución del problema que plantea, pues lo importante sobreviene al terminada la lectura. Sus cuentos se encuentran en Editorial Lumen, con prólogo de Richard Ford; en Editorial Alianza; en Editorial Alba. Su teatro puede leerse en Editorial Cátedra; en Editorial Alba; en Editorial Alianza;… De su obra cuentística son bien conocidos títulos como “La dama del perrito”, “Enemigos”, “Vecinos”, “Campesinos”, sería larguísimo nombrar todos sus cuentos magníficos; y su obra dramática tiene sin embargo pocos títulos, pero más que suficiente para haber hecho el cambio que hizo: “Ivanov”, con la que recogió el Premio Pushkin; “La gaviota”, (1896); “Tío Vania” (1899); “Tres hermanas” (1901); y, “El jardín de los cerezos” (1904). Además dejó novelas cortas como “La estepa”, y un libro sobre la isla-prisión de Sajalin que provocó una conmoción en la sociedad rusa de su tiempo, empujando al gobierno zarista a cambiar la legislación que se refería al trato a los presos y a mejorar sus condiciones de vida, su título es “La isla de Sajalin”, editado por Alba, que, también, acaba de sacar una biografía del gran autor titulada “Chéjov en vida. Una biografía en documentos”, su autor es Igor N.Sujij. Chéjov, que nunca fue indiferente a lo que le rodeaba, dimitió como miembro de la Academia Rusa cuando el zarismo expulsó de ella a Gorki, otro gran escritor revolucionario.
Ahora se edita en Alba Brevis, un cuento largo importantísimo en la obra de Chéjov, su título es “Luces”. Se publicó por primera vez en 1888, y en el se nos cuenta la relación entre dos personajes durante el tendido de la vía del tren a lo largo de la estepa rusa, una noche de discusión planteó la lucha entre pasado feudal y progreso. Las dos posturas, una proveniente de la aristocracia, que considera el mundo inamovible y sin interés, y la otra la defendida por la burguesía de aquel entonces, que ve en el conocimiento del mundo y en el adelanto industrial el progreso de la humanidad. A la conversación asiste un recién llegado, y fuera de la casa en la que están un estudiante aristócrata y un ingeniero, que sería el burgués, se encuentra el poblado donde habitan los obreros, al amanecer sabremos de ellos.
El cuento arranca con los ladridos de un perro a la oscuridad de la noche, simbólica, las luces del poblado de los obreros es lo único que anida en la noche que va a transcurrir; el perro, el estado más primitivo, manifiesta el miedo a lo desconocido, está a la puerta de la casa en la que los dos técnicos mencionados mantienen la conversación en presencia de un tercero, que había pasado el día en una feria y vuelve a la casa en la que se hospeda, pero se ha perdido. El perro ladra, y salen a la puerta para saber a qué ladra. Son conscientes de su miedo a la oscuridad, quizá, dicen sea el miedo a sus sueños, quizá sean fruto de su nerviosismo. Ninguno da importancia al miedo proveniente de aquel pasado ancestral, del estado tan primitivo, está olvidado. Tras resolver la escena el narrador, el mismo personaje que ha buscado refugio, define lo que hay en torno a la casa como “singular”, y declara que, debido a ello, la noche le llegó a parecer “sombría, desapacible y oscura”; éste personaje, que no sabe bien dónde se encuentra, manifiesta algo de lo que pasa al perro: lo que esta por saberse crea inquietud.
Va a ser el ingeniero Ananiev, uno de los dos habitantes de la casa, el que, ante los otros dos, manifieste admiración al contemplar la obra que llevan a cabo, la línea férrea en la estepa rusa, y hace futurismo calculando que en 100 años allí se levantarán fábricas y casas y, aún, piensa en las máquinas que se pondrán en marcha. El segundo habitante de la casa es un estudiante que cuando mira en medio de la noche el paisaje de pequeñas luces que brillan saliendo de las demás viviendas, le retrotraen a un tiempo mítico en el que las “tribus”, dice, esperan la mañana para pelear. Las visiones del ingeniero provienen del futuro, y las del estudiante del pasado más remoto. Hasta que se nos dice que el ingeniero, de edad avanzada, mostraba en el trato al ayudante cierta benevolencia, y le decía “jovencito”, y como esto distanciaba al otro. Para el ingeniero su puesto de trabajo era una conquista a contracorriente, un empleo fijo, y por tanto un seguro para la vida de su familia, y eso daba firmeza a sus opiniones. Entretanto, su acompañante, descendiente de la aristocracia, la condición social construye la conciencia de los individuos, se encuentra extraño en un mundo en el que debe abrirse camino, se siente extraño en un mundo en el que la garantía de vida de quien no nace como él esta en “un empleo fijo, un pedazo de pan asegurado y una opinión definida de las cosas”, se nos dirá. Y nuestro narrador, visitante casual, asiste al choque entre dos formas opuestas de vivir. El hijo de la aristocracia dice que todo eso que le parece una conquista al ingeniero “es una bobada…” El ingeniero sabe que para aquél joven aristócrata nada tiene valor porque él está donde está sin haber pasado por los grados inferiores, sabe que es por eso por lo que siente desprecio de todo, que es por eso por lo que se aferra a la idea de que nada cambia y que nada merece la pena; y le pregunta si le da lo mismo que se emprenda o no una guerra, si le da lo mismo que como consecuencia de la guerra mueran o no miles de personas, y ante la indiferencia del otro sigue: “Convenga conmigo en que esa lamentable forma de razonar imposibilita todo progreso, toda ciencia, todo arte y hasta todo pensamiento… seis años estuve bajo el yugo de esas ideas y le juro que no aumenté un ápice mi inteligencia. No enriquecí en una sola letra mi propio código moral. ¿No es una desgracia? Además, no contentos con emponzoñarnos a nosotros mismos, inoculamos el veneno en la vida de las personas que nos rodean”. Y, ante la respuesta despreciativa del otro, se propone contarle un caso concreto “… una novela con argumento y desenlace, ¡una lección magnífica!”, y expone su relación con una mujer y cómo, en el escaso tiempo que pasó junto a ella y sobre todo después, cambió su propio comportamiento al descubrir la profundidad de sus actos, las emociones que provocó, las respuestas que ella le dio ante la perspectiva nueva, el daño que él hizo y las opciones que se presentaron en la vida de los dos, añadiendo un drama en lo que a ella le correspondía. Pero el discurso venía de atrás y tenía planteadas sus preguntas: ¿estamos de acuerdo en que las sociedades cambian? ¿en que la introducción de valores nuevos mediante modificaciones sociales lleva a las personas a situaciones nuevas? De ahí que se nos cuente sobre la mujer su intento de liberación empezando por escapar de los lugares en los que se encuentran retenidas, marchándose con quien les parece que les oferta una posibilidad ideal para su libertad, aunque sea un porvenir incierto. Chéjov siempre interesado por la situación de la mujer, siempre discutiendo el machismo. Pero el ingeniero, que cuenta su relación con la mujer se enfrenta a si mismo y se revuelve contra su comportamiento: “Resultaba que yo, el gran pensador, no había asimilado la técnica del pensamiento… Por primera vez en mi vida traté de pensar con aplicación y tesón,… Un hombre cuyo cerebro no trabaja siempre, sino solo en momentos de tensión, suele verse acosado por la idea de la locura. … Comprendí que mis ideas no valían un céntimo,… que ni siquiera tenía idea de lo que era pensar con seriedad,… de que no tenía convicciones,… toda mi riqueza intelectual y moral consistía en fragmentos, recuerdos inútiles, ideas ajenas; mis procesos mentales eran tan poco sofisticados, elementales y primitivos como los de un yakutio,… estaba atado de pies y manos por cuentos de niñeras y por una moral convencional. Comprendí que no era un pensador, ni un filósofo, sino un simple diletante. …ese diletantismo… ha conseguido inculcar en la masa una nueva actitud… respecto a las ideas nuevas. No empecé a pensar normalmente hasta que me dediqué a aprender el alfabeto, hasta que la conciencia me llevó de vuelta a…” y se refiere a la mujer a quien había ofendido.
Fuera de la casa el perro vuelve a ladrar, se anuncia el amanecer, pero ahora ladra a unos desconocidos, los desconocidos son “los obreros que se vislumbran en la bruma matinal”. El ingeniero, el aristócrata y el visitante salen a la puerta para ponerse junto al perro. El que ha buscado refugio en la casa, nuestro narrador, viendo llegar a los obreros piensa: “No hay modo de entender nada en este mundo”, y en el párrafo siguiente , con lo discutido y con la visión de “la llanura, el cielo inmenso, el oscuro robledal, y el nebuloso horizonte que parecía decirme: ¡Sí, no hay modo de comprender nada de este mundo”, como vemos hace una afirmación antes que la negación, y a esta sigue otra que es una fórmula literaria de carácter simbólico con la que Chéjov ha querido terminar: “Empezaba a despuntar el sol…”, y lo indica, como vemos, de la manera más sencilla, como algo que resulta de la noche, de la reflexión de las tortuosidades, se ve más allá. Chéjov nos deja ante el saber futuro de la experiencia pasada, para lo cual el narrador nos había situado: “Se habían dicho muchas cosas en la noche, pero no me llevaba conmigo ni una sola respuesta”. Queriéndonos decir que la respuesta la tiene que dar uno mismo, y que la respuesta a cada asunto dirá de nosotros en qué acción y en qué pensamiento nos encontramos, en la transformación o en la reversión.
Hace más de cien años que Chéjov escribió “Luces”, y la esencia nos reclama para pensar más allá del perro, del aristócrata y del pequeño burgués. Sólo el título, con las luces de las casas de los obreros, apareciendo estos con la luz del amanecer, es un gran anuncio.
Título: Luces.
Autor: Antón Chéjov.
Traductor: Víctor Gallego.
Editorial: Alba Brevis.
Ramón Pedregal Casanova es autor de “Siete Novelas para la Memoria Histórica, edita Fundación Domingo Malagón y Asociación foro por la Memoria (asociacion.foroporlamemoria@yahoo.es)

domingo, 8 de mayo de 2011

Sobre Consideraciones de un apolítico de Thomas Mann

08-05-2011
Reacción como Progreso
Sobre Consideraciones de un apolítico de Thomas Mann



“Todo Conservadurismo es apolítico, no cree en la Política,
Cosa que sólo hace el progresista.
Sólo hay un tipo genuino de político:
Y lo es el Revolucionario occidental”
 (Thomas Mann, Consideraciones de un apolítico, 1917)
Las famosas y ya legendarias Betrachtungen eines Unpolitischen del intérprete-ideólogo Thomas Mann están de nuevo al alcance del lector español. Gracias a una oportuna y meritoria re-edición crítica, revisada y ampliada, de la exquisita editorial madrileña Capitán Swing. Además se incluye en la nueva edición un estudio preliminar de Fernando Bayón y un epílogo ineludible del filósofo marxista Gyorgï Lukács. Debemos advertir que no se trata de un libro más de ensayos académicos ni de ejercicios de memoria de un bon vivant. En absoluto. “He calificado a este trabajo de ‘bosquejo para el día y la hora’”, confiesa con humildad el propio Mann. ¿Efusión patriótica, memorandum de la Germanidad, variaciones teutónicas sobre un tema, especie de diario filosófico, genial inventario de un inteligente conservador reaccionario? Es todo ello y mucho más: las Betrachtungen… son un manifiesto todavía vivo, aún polémico e irritante de un Gedanken im Kriege, un pensamiento airado, sitiado y en guerra, notas apresuradas y enérgicas de un alemán defendiendo con pasión la beligerancia justa del IIº Reich guillermino contra los aliados durante la Primera Guerra Mundial. Plagado de un orgulloso soldatischer Geist, espíritu soldadesco, tal como él mismo solía definir su novela Una muerte en Venecia, las Betrachtungen… fueron escritas bajo urgencia febril y extrema, tanta que Mann prefirió suspender la escritura de su famosa Der Zauberberg, La Montaña Mágica, “relegué mis planes más queridos…”, para dedicarse por entero a esta obra ensayística única a partir de noviembre de 1915. Los primeros capítulos, el inicial: “Der Protest” (La Protesta) y el segundo: “Das unliterarische Land” (Una tierra no-literaria) los tenía listos a fin de ese año, y el paradigmático capítulo III, “Der Zivilisationsliterat”, que es un libro en sí mismo, lo concluyó a inicios de 1916. El resto fue sumándose a medida que Mann sufría y racionalizaba el sino en la guerra, ya no europea sino mundial, de Alemania y Austria, que concluiría con revueltas populares y la instalación de repúblicas y soviets sobre los restos putrefactos del Ancien Regime. La ocasión es la intervención político-filosófica y el combate mortal contra la figura de la mediación burguesa, el patético Zivilisationsliterat, el Literato de la Civilización, el nuevo hombre gótico, que es encarnado en la polémica tanto por Émile Zola como por Romain Rolland, que representan no solo a la misma Entente enfrentada a los Imperios Centrales, sino a la misma decadencia europea y los valores democráticos populares de la Ilustración, que colonizaron todo Occidente. El pleonasmo Zivilisationsliterat indica su marca de descendencia de los odiados philosophes de la Ilustración radical, su tierra por nacimiento o elección es la subversiva Francia y su palabras de orden son Humanidad-Libertad-Razón. Rolland precisamente había escrito un libro anti-bélico en 1915 titulado Au-dessus de la mêlée, muy estudiado por Mann y debatido incluso por Gramsci. Rolland como figura de la decádence, al fin, que se opone, sin posibilidad de cancelación ni síntesis, a la mística esencia alemana, milenariamente metafísica-conservadora, heroica e impolítica, bajo la figura del Esteta: “Lo que indigna es la aparición del satisfait intelectual, quien ha sistematizado para sí el Mundo bajo el signo de la idea democrática, y que ahora vive como ergotista, como poseedor de la Razón.”. Estos dualismos inconciliables ya se encontraban esbozados, aunque en otro tono, en su ensayo Gedanken… de 1914, pero ahora son sistematizados, extendidos, inflacionados y urbanizados sobre la topología bélica que azota Europa. Similares oposiciones extremas, “opciones excluyentes”, dite nietzschéannes, dominarán los nueve capítulos restantes: entre discursividad y música (IV, “Einkehr”), entre política y mentalidad burguesa (V, “Bürgerlichkeit”), entre moralidad popular y virtud (VI, “Von der Tugend”), entre humanidad y vida (VII, “Einiges über Menschlichkeit”), entre fe y libertad (VIII, “Vom Glauben”), entre estética y política (IX, “Ästhetizistische Politik”), entre tolerancia intelectual y radicalismo (X, “Ironie und Radikalismus”). Es un eco tardío y una reactivación de las rígidas dicotomías que atraviesan toda la Kulturkritik de Nietzsche, en realidad del joven Nietzsche como subraya una y otra vez Mann (“…y que se me perdone que por todas partes veo a Nietzsche…”), entre Instinto de ascenso y la masa-rebaño, entre Naturaleza e Intelecto, entre Kultur y Zivilisation, es decir: entre su héroe Aschenbach (de la novela Der Tod in Venedig) y el Literato burgués à la Rousseau que quedará inmortalmente plasmado en su progresista y masón Settembrini de La Montaña Mágica. El Zivilisationsliterat es una confusión en sí mismo: “confundir Moral y Humanitarismo es un error digno del Literato de la Civilización. Creer que cuando no hay guerra, hay paz, es una puerilidad que no sólo es peculiar del pacifismo…”, incluso Mann juega literariamente a describir su patética fisonomía: “es algún joven literato y colaborador periodístico de lentes de Carey y picado de Viruela.” Como político, el hombre gótico, el homo Rousseau burgués, es insalvable: “No importa que diga ‘fe’ o ‘libertad’, el político es abominable.” La política de este hombre gótico es antialemana porque es un producto latino, celto-románico, finalmente francés y germanófobo, retóricamente revolucionario y su intento de trasplante a Alemania forma parte de los intentos por “democratizarla” que vienen del Occidente capitalista. El topos antilatino hace que Mann entienda la guerra contra Alemania como el intento de una nueva Roma expansionsita por volver a conquistar el Este del Rin. La eventual victoria de Alemania será no sólo la derrota de la alianza coyuntural en torno a Francia, sino de todas las ideas del siglo dieciocho, de las ideas de la Modernidad en cuanto tales.
Y esta intelectualidad-clase erudita tiene su estandarte peculiar: el Espíritu bajo la máscara del Humanitarismo político, que no es otra cosa que “el espíritu de época, el espíritu de lo nuevo, el espíritu de la democracia, para el cual trabaja la mayoría”. ¿Y cual es el mundo del Espíritu?: “Es el de la Política, el de la Democracia”. Esprit es sinónimo para Mann de revolución, de acto jacobino. El intelectual moderno alemán (o ideológicamente afín a la Germanidad) no tiene muchas alternativas frente al dominio del nuevo pathos burgués: “El Intelectual tiene la opción (en la medida en que la tiene) entre ser irónico o ser radical; decentemente hablando, no hay una tercera posibilidad.”
El tratado de Mann tiene un plus adicional para el lector atento, una filosa lectura paralela tan valiosa como el objeto principal de su polémica, se trata de su apropiación e interpretación de Nietzsche. A contracorriente con el culto a Nietzsche de su propia época, el Nietzscheanismus, Mann se posiciona contra las lecturas digeribles y demasiado fáciles de Nietzsche: “Yo debía despreciar el Nietzscheanismo renacentista-esteticista de mi alrededor, que me parecía una secuela puerilmente equívoca de Nietzsche.” Y el Nietzscheanismo tiene dos errores de peso en su hermeneútica: 1) sus interpretes-guías lo leen mal y de manera esquemática; 2) se ha construido un corpus sobre textos del peor período intelectual y emocional de Nietzsche. Mann encuentra que la mayoría de lectores e interpretes lo han desfigurado, no detectaban (no podían) el elemento de ironía romántica que había en su ethos, el ético Nietzsche había sido asimilado sin más al Olimpo burgués. Pero no sólo rechaza el catecismo (“A Nietzsche… lo cultivaban mecánicamente”), sino incluso el etapismo oficial y el canon textual santificado por los nietzscheanos: para Mann el mejor y auténtico Nietzsche (antirrevolucionario pero conservador-revolucionario, antiradical, pletórico de germanidad) se reduce al joven y al de su etapa media (1869-1879), y no tiene problemas en calificar al Nietzsche consagrado por el Nietzscheanismus y la academia, como un espantapájaros inmoralista y esteticista, un provocador decadente. Precisamente el Zivilisationsliterat se ha “apoderado mucho más, espiritual aunque no objetivamente, del Nietzsche tardío, convertido en grotesco y fanático, que del más joven…”. Todo lo contrario, subraya Mann: “el Nietzsche que realmente valía… era el que seguía estando próximo, o siempre lo había estado, a Wagner y Schopenhauer.” El pathos de las consideraciones apolíticas no son exclusivamente nietzscheanas: Mann abreva generosamente en Goethe, Dostoievsky y Flaubert, en Schopenhauer, en el Kanzler Bismarck, en el tenebroso Paul Lagarde, en el innombrable Houston Stewart Chamberlain, por supuesto en Richard Wagner, en Hyppolite Taine, en Stefan George, en incluso Maurice Barrès y Georges Sorel... El recorrido intelectual al que nos somete no puede dejar de ser fascinante y provocador.
Mann es en esto anticipador y clarividente: la cuestión de los intelectuales desemboca naturalmente en la cuestión del poder y el estado. No por nada las Betrachtungen… son, junto con los libros de Julien Benda, Hugo Ball, Karl Mannheim y Paul Nizan, las cotas más altas de la discusión sobre la cuestión del intelectual y la política en la primera mitad del siglo XX. Sabemos que Mann evolucionó paradójicamente hacia convertirse después de 1945 en un modelo y paradigma del Zivilisationsliterat. También que Mann fue testigo privilegiado de cómo finalmente el problema del intelectual orgánico de la auténtica esencia alemana tuvo una solución práctica, tormentosa y dramática, y que con seguridad agradeció al destino la posibilidad de no transformar la Reacción en Progreso… Pero las reflexiones mannianas, más allá de estar situadas en un pesimismo coyuntural, tienen el enorme mérito de ser el primer diagnóstico pesimista sobre la función de los intelectuales, de sus relaciones con la alta y baja política, de su rol esencial en el estado ampliado burgués. Y por eso mantienen toda su actualidad de seguir siendo la talentosa acta de fundación del Modernismo reaccionario: “No creo en la fórmula del hormiguero humano, en la colmena humana, no creo en la république démocratique, sociale et universelle, no creo que la Humanidad esté destinada a la ‘dicha’ y ni siquiera que desee la felicida

lunes, 25 de abril de 2011

El puño negro que noqueó a la América blanca

25-04-2011
Aparece un libro inédito de crónicas de Jack London
El puño negro que noqueó a la América blanca


Un libro inédito de crónicas de Jack London revive el combate por el título de los pesos pesados de 1910 que sacudió los cimientos de la discriminación racial en EEUU

Un izquierdazo con la fuerza de un terremoto. El puño negro de Jack Johnson no sólo tumbó en el decimoquinto asalto a "la gran esperanza blanca", Jim Jeffries, sino que dejó sonado a todo un país. Jack Johnson retuvo su título de campeón de los pesos pesados el 4 de julio de 1910. Y lo hizo sin perder la sonrisa. "El combate más grandioso del siglo ha sido un monólogo que un negro sonriente, que no ha dudado ni un segundo, y que no ha tenido que ponerse serio más de una vez, ha ofrecido a 20.000 espectadores", escribió Jack London (San Francisco, 1876-1916) en una de sus crónicas para el New York Herald, que la editorial Gallo Nero publicará los primeros días de mayo, por primera vez en España, bajo el título El combate del siglo.
London comenzó a enviar sus crónicas diarias desde Reno 11 días antes del combate. Nevada era entonces el único estado donde se podían organizar combates, pero la expectación era máxima en todo EEUU. "En ninguna guerra, en ningún lugar, se ha congregado nunca tal número de escritores e ilustradores", escribió London el 23 de junio.
Según se acercaba el día decisivo, el autor de Colmillo blanco y La llamada de la selva, iba poniéndose más nervioso. En su crónica del 28 de junio aseguró sentir "un deseo tan abrasador de presenciar este combate, que hay momentos en los que me asalta el súbito miedo de que no tenga lugar, de que algún enorme terremoto lo impida. Porque tengo tantas ganas de ver el combate que resulta doloroso".
Duelo de titanes
Para entender el ansia del escritor (y de toda una nación), hay que remontarse unos años atrás. Jim Jeffries se había retirado invicto y en la cima de su popularidad en 1905. Lo había avisado dos años antes: "Cuando no haya más hombres blancos contra los que luchar, dejaré el boxeo". Es decir, no tenía intención alguna de pelear contra un negro. Racismo deportivo.
Desde entonces, la guerra dialéctica entre el campeón Jeffries y el aspirante Johnson se recrudeció. A cada provocación del boxeador negro, el blanco respondía con argumentos como "he dicho que no pelearé con un hombre de color, y no cambiaré de opinión" y "no creo que el público quiera que defienda el título si no es con un blanco. No crea que tengo miedo de un negro. Puedo machacarlo igual que a cualquiera". Johnson contraatacó en noviembre de 2007: "Jeffries tiene miedo".
Pero la presión social sobre el boxeador blanco se disparó cuando, en diciembre de 1908, Johnson se convirtió en el primer campeón negro de los pesos pesados tras noquear a Tommy Burns en Sydney. El 1 de mayo de 1909, Jim Jeffries sucumbió al clamor popular. "Me siento obligado ante el público deportivo a hacer al menos un esfuerzo por recuperar los pesos pesados para la raza blanca. Lo correcto es que entre de nuevo en el cuadrilátero y demuestre que el hombre blanco es el rey".
La América tradicional estalló de júbilo. Por fin alguien iba a darle una lección a ese negro que no sabía comportarse. Johnson, hijo de esclavos emancipados, no contento con haberse convertido en el dominador del ring, salía con mujeres blancas. Era lo que entonces se llamaba un mal negro por rebelarse contra las normas discriminatorias vigentes entonces. El Mohamed Alí de la época. "Cumplía a la perfección los requisitos del mal negro y, lo peor de todo, menospreciaba el peligro y los tabúes interraciales. Para colmo, era inteligente, atractivo, expresivo, no había sido derrotado y derribaba a sus rivales blancos. En los racistas EEUU de principios de siglo, Johnson era el mal negro por excelencia", razona Barack Y. Orbach, profesor de Derecho en la Universidad de Arizona, en un artículo incluido en El combate del siglo.
Segundos fuera
Todo estaba listo, por tanto, para devolver el cetro mundial al lugar de donde nunca debió de haber salido. Jeffries ganaba en las apuestas de un modo abrumador. El propio Jack London apostó su dinero a la victoria del luchador blanco. Pero, ¡ay!, Johnson metió una tunda histórica a Jeffries, destruyendo las "poco realistas ilusiones xenófobas de que un exluchador con sobrepeso y en malas condiciones físicas podía superar a un campeón invicto en el culmen de su juego", cuenta Orbach.
"Una vez más Johnson ha conseguido derrotar al representante de la raza blanca, y en esta ocasión al mejor de todos ellos. El juego ha pertenecido a Johnson. Desde el inicio hasta el final mantuvo la agudeza, el intercambio de agudas réplicas con los asistentes de su contrincante y con los espectadores. Exhibió su dorada sonrisa [tenía dientes de oro] con la frecuencia acostumbrada, y no se le congeló en el rostro ni desapareció", escribió London en el arranque de su crónica del combate.
A la América blanca, por contra, se le heló la sonrisa y le hirvió la sangre. Al menos 20 negros y unos pocos blancos murieron las noches siguientes en los disturbios raciales provocados, en su mayor parte, por frustrados hermanos de raza del derrotado Jim Jeffries.
Violencia y censura
"El golpe que derribó a la gran esperanza blanca conmocionó a la nación, suscitó funestos disturbios raciales, y provocó una de las olas de censura cinematográfica más inquietantes de la Historia de América", explica Orbach.
En efecto, los días siguientes al combate, una "avalancha legal" llegada de numerosos estados y municipios "sepultó los derechos de los negros". La exhibición del combate, que iba a empezar a mostrarse en cines de todo EEUU, fue prohibida alegando que podía provocar alteraciones del orden público. El Washington Post respaldó el veto al filme, impulsado desde los estados del sur, para "evitar que se eche leña al conflicto racial al proyectar imágenes de un negro golpeando al campeón mundial blanco". Orbach apunta a otros motivos para explicar la prohibición: "Censurar la supremacía negra de uno de los mayores atletas de la historia, Jack Johnson. Las viejas objeciones moralistas al boxeo se combinaron con el pánico racista al deterioro del estatus del hombre blanco".
Johnson, amenazado por el Ku Klux Klan, pagó con creces su osadía de hacer besar la lona al gigante blanco. Tras el combate, fue detenido e interrogado varias veces acusado de saltarse la Ley Mann de 1910, que impedía a un hombre llevarse una mujer a otro estado con propósitos "inmorales". Finalmente, en 1912 fue condenado a prisión. Tras exiliarse a Europa, acabó regresando a EEUU en 1921 para cumplir una pena de cárcel de nueve meses.
Tuvieron que pasar dos décadas antes de que se permitiera otra vez a un negro competir por el título de los pesos pesados. El boxeador se llamó Joe Louis. Y tuvo que firmar un contrato en el que se especificaba cómo debía comportarse en caso de convertirse en el rey de los cuadriláteros.
Louis no podía ser fotografiado junto a una mujer blanca. Ni adoptar posturas arrogantes ante un rival blanco, ni hablar despectivamente de él antes o después del combate. Y debía mantener una actitud pasiva ante las cámaras y llevar una vida ordenada. Conclusión: Dios bendiga a América y a los negros buenos...
*
Johnson, en palabras de London
Alegría
"El despreocupado y alegre Jack Johnson es completamente distinto. Nadie fue nunca más gregario, siempre feliz de saludar a viejos amigos y hacer algunos nuevos. Le gustan las multitudes, se crece con ellas, y a cambio hace lo que puede para que disfruten. En sus instalaciones, Johnson siempre es el centro de la atención. Normalmente él es quien entretiene, bien tocando música, bien jugando, presidiendo concursos de chistes o contando historias. Y siempre invita a los demás a que participen y lo pasen bien (...) Bajo todo el aderezo de fuerza combativa, tiene un temperamento despreocupado, tan ligero y desenvuelto como un niño. Se divierte con facilidad. Vive el momento".
Defensa
"Es una maravilla oscura. Nunca ha habido un boxeador defensivo de su tamaño. Ni uno que tuviera tanta sangre fría. Esa es una de sus mayores cualidades. Hasta tal punto, que su juego a veces parece lánguido, y nunca da la impresión de brutalidad. Cuando está en acción, apenas se distingue a la bestia luchadora. Se distingue, sí, en momentos de fiereza, y su rostro y su fuerza son los de un tigre. Pero no es genuino. Lo simula. Es un actor haciendo un papel. No lo domina el instinto del tigre. Lo está fabricando. En el fondo de su frío cerebro, decide que necesita ese despliegue de fiereza, y lo saca".
Juego
"Johnson jugueteó como es su costumbre. Puesto que su oponente no hacía gala de vigor en sus ataques, podía permitirse el lujo de juguetear mientras bloqueaba y se defendía como un maestro. Y jugó y combatió contra un hombre blanco en un país blanco y ante una multitud de blancos que apoyaban a Jeffries".
Relax
"Esta es una de sus grandes ventajas. Johnson dispone de la capacidad de relajarse casi por completo. Sus arremetidas más fieras siempre preceden a intervalos de reposo. En un abrazo, si no está golpeando, descansa. Por eso lo conocen como el boxeador perezoso. Y parece relajarse mentalmente tanto como físicamente. Parece dejar de pensar e incluso de percibir, y durante los abrazos entra en una especie de trance".
Verborrea
"Johnson es un antiguo maestro de la lucha verbal dentro del cuadrilátero. En su combate contra Tommy Burns, Johnson se enzarzó en una lucha verbal contra Tommy, los asistentes de Tommy y todo el público australiano, y se llevó los laureles. Debemos añadir que de sus labios no salió ni una palabrota ni un insulto. Todo lo que dijo era genuina diversión, puro ingenio, agudeza y jocosidad".
Fuente: http://www.publico.es/culturas/372383/el-puno-negro-que-noqueo-a-la-america-blanca

domingo, 10 de abril de 2011

Reseña de ¡Indignaos! de Steéphane Hessel

10-04-2011
Reseña de ¡Indignaos! de Steéphane Hessel


Steéphane Hessel, ¡Indignaos!, (Traducción de Telmo Moreno Lanaspa). Ed. Destino, colección imago mundi. Barcelona 2011, 60 páginas.

Por supuesto que hay que indinarse, como nos dicen dos viejos luchadores que casi están llegando al siglo de vida, Stéphane Hessel y José Luis Sampedro, que prologa el libro. Este pequeño libro es una pequeña joya por la simplicidad con que nos recuerda las verdades del barquero, que a veces solemos olvidar.

La primera es que hay palabras que por muy deterioradas que estén, como libertad y justícia, deben estar siempre presentes en nuestra mente. No hace falta entrar en grandes debates sobre lo que significan porque desde la razón común todos podemos entenderlas y esto es lo que debe unirnos. Que no podemos aceptar que cada vez hayan más pobres y menos ricos y que estos controlen lo que pasa en nuestro planeta. Que los que mandan sean los mercados y que los que deciden en ellos son los grandes ricos especuladores que imponen una dictadura según sus mezquinos pero poderosos intereses. Que haya muchos más recursos que los que habían cuando se construyó el Estado del Bienestar en Europa y que nos digan que no hay dinero para sostenerlo. Que el mundo vaya por tan mal camino y que cada vez tendremos menos margen para reaccionar. Que tenemos todos derecho a una vida digna pero el sistema es totalmente irracional y el dinero tiene hoy más poder del que ha tendio nunca. No hace falta discutir si esto es ser antineoliberal o anticapitalista : lo que hay aquí es una lucha urgente que debe unirnos y movilizarnos.

La segunda es que la política debe basarse en sentimientos morales y que el sentimiento moral básico es la indignación ( "lo insoportable" que diría Michel Foucault rizando el rizo). Ernest Tugendhat, que es uno de los grandes filósofos vivos, hablaba de tres sentimientos morales : la culpa ( y aquí también la vergüenza), la inddignación y el resentimiento, según estuvieran referidos a una mala acción que hacemos, que contemplamos o que padecemos. La palabra resentimiento, quizás por influencia nietzscheana, no me gusta, y pienso que la de indignación está bien para referirnos a esta reacción que tenemos delante de lo que nos parece inaceptable, sea porque nos lo hacen a nosotros, a los demás o a ambos. Pero hay que recuperar esta palabra contra otra que es la indiferencia Hay que estar harto y ceder ante los indiferentes, que para justificar su cinismo o pasividad empiezan a relativizar estos sentimientos como algo subjetivo y discutible. En Egipto, en Túnez, en Libia la gente se ha indignado sin necesidad de teorías, sabiendo lo que cualquier humano puede saber que es que quieren ser más libre y vivir en una sociedad más justa. Luego ya discutiremos los matices, pero esto que estamos viendo es un auténtico movimiento democrático que, como nos dice Jacques Rancière, es el movimiento de los sin-parte, de los excluidos que quieren participar y decidir sobre aquello que los atañe. La tercera verdad a recordar es que "La Declaración Universal de los Derechos Humanos" no fue un documento ideológico hecho para cubrir el expediente sino la expresión de la lucha contra el totalitarismo, contra la injusticia. El autor del libro, Stéphane Hessel, es uno de los que lo elaboraron. Lo hizo al calor de la lucha contra el nazismo, después de ser detenido y brutalmente torturado en más de una ocasión por arriesgar su vida en la resistencia. También nos explica la elaboración y cómo participaron en ella el libanés Malik y el chino Chang para darle un carácter cosmopolita y no exclusivamente occidental. Igualmente nos dice que hubo que superar la resistencia del representante inglés para utilizar la contundente expresión "derecho humano" contra la neutra de "derecho internacional." Era una lucha contra la exclusión, ya que humano es una expresión sin reservas que pone de manifiesto que no hay que estar reconocido por un Estado como ciudadano para ser incluido en estos derechos, en esta dignidad básica. En su pequeño escrito Hessel pone de manifiesto su rechazo radical contra cualquier forma de segregación. La Declaración Universal de Derechos Humanos debe ser hoy aún un arma contra la injusticia.

Es éste un pequeño texto de combate que debe contribuir a despertarnos a nosotros, pasivos ciudadanos europeos. Está escrito con el corazón por este gran hombre,Stéphano Hessel, que a sus 93 años no está quemado, no ha perdido la capacidad de indignarse. Esta indignación le ha llevado siempre a estar al lado de los oprimidos y a participar en su lucha. Los argelinos de ayer y los palestinos de hoy han tenido en él a un inestable aliado. Pero la indignación ha de transformarse en una insurrección pacífica, en un levantamiento masivo contra las élites gobernantes. Hessel es aquí muy claro, tanto en el término insurrección como en el el de pacífica. Sartre se equivocaba cuando justificaba la violencia justa contra la injusta. Hay que buscar métodos pacíficos, no reproducir los medios que criticamos. Las fórmulas no las tenemos pero habrá que inventarlas. Esta es la tarea.

viernes, 1 de abril de 2011

Mil motivos para indignarse en sólo 30 páginas


01-04-2011

Stéphane Hessel presenta ¡Indignaos! copn José Luis Sampedro en Madrid
Mil motivos para indignarse en sólo 30 páginas

Cuarto Poder


La escena resultaba un tanto insólita en la tarde gris de Madrid. Bajo una débil llovizna centenares de personas guardaban cola resignadamente. Hubieran podido pasar por los espectadores de alguna película de estreno o por ansiosos compradores del iPad 2. Pero no. Esos extraños individuos acudían –y esto es lo extraño- a la presentación de un libro en la que, para colmo, no estaba previsto que se sirviera una copa de vino ni que se repartieran canapés o brochetas de fruta. El responsable de aquella concentración humana era un señor de 93 años, Stéphane Hessel, un francés nacido en Berlín cuya vida es una auténtica novela, y que es autor de un panfleto de 30 páginas del que se han vendido 1.700.000 ejemplares. ¿Su título? ¡Indignaos!. Toda esa gente estaba allí dispuesta a escuchar motivos para la indignación y se llevaron a casa una ración generosa. Indignarse, al fin y al cabo, es el primer paso para el compromiso. Como se deduce de su edad, Hessel no es lo que se dice un moderno. Hoy lo moderno es defender a los mercados antes que a las personas, alabar por limpia y ecológica la energía nuclear, denigrar lo público, recortar las pensiones, creer que los parados son unos vagos y felicitar al jefe en su cumpleaños por Twiter, como hacían este fin de semana un director adjunto de El Mundo y la gerente de Internet del diario, porque hasta para hacer la pelota hay que estar a la última. ¿Es moderno afirmar que “el interés general debe dominar sobre los intereses especiales” o que “el hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero”? Pues eso.
De hecho, Hessel es tan antiguo que en ese opúsculo suyo que ha causado furor viene a exaltar el programa de derechos sociales que elaboró el Consejo Nacional de la Resistencia en la Francia ocupada por los nazis. El nonagenario fue un resistente, hizo de espía para De Gaulle, estuvo en el campo de concentración de Buchenwald y logró salvar la vida de milagro tras ser condenado a morir en la horca. Enviado a Nueva York al acabar la Segunda Guerra Mundial, participó en la elaboración de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y terminó convertido en un activista contra la injusticia y en un defensor de los inmigrantes y de minorías como los gitanos.
Presentaba ayer su libro junto al escritor, intelectual y economista José Luis Sampedro, 94 años, que es quien ha prologado la obra, y que si no desgranó sus razones para estar indignado fue, según dijo, por falta de tiempo. Si Hessel confía en el papel de Naciones Unidas –“no se crean que se puede hacer todo con un G-8, un G-20 o con un G y otro número sin ningún tipo de legitimidad”, Sampedro es un entusiasta de la gobernanza mundial para un planteta que no es sino “un barco navegando por el espacio en el que nos hundimos o nos salvamos todos” y que, con unidad, puede cambiar de rumbo al margen de las elites que están al timón. Resultaban envidiable sus utopías no exentas de pesimismo.
El de Hessel no es ensayo sesudo sino un puñado de folios llenos de sentido común. Urge indignarse con unos líderes políticos que “no tienen que ceder ni permitir la opresión de una dictadura internacional real o de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia” o con unos bancos “que han probado estar más preocupados de sus dividendos y de los altos sueldos de sus líderes que del interés general. Esta disparidad entre los más pobres y los más ricos nunca había sido tan grande, ni amasar fortunas y la competición tan incentivado”.
Ahora bien, ¿hasta qué punto ha de llegar a la indignación? El francés habla de “insurrección pacífica” y de las bondades de la no violencia aunque reconozca, como hizo ayer, que en casos extremos “es difícil sustraerse a la tentación de la resistencia violenta”. Eso cuando el problema no es la pasividad, estado en el que se encuentran muchos jóvenes, “a los que la inquietud por su vida, su empleo o su insuficiente formación les impide a veces movilizarse”. Idéntica idea esbozaba Sampedro: “Los jóvenes son víctimas de esa ideas que avanza el poder de que no hay nada que hacer”.
El de Hessel es un grito contra el retroceso emprendido por una sociedad que parecía encaminada a metas bien distintas. “Todas las conquistas sociales de la Resistencia están hoy amenazadas (…) Ya es el momento de que las preocupaciones acerca de la ética, la justicia y el equilibrio duradero –económico y medioambiental- prevalezcan (sobre el pensamiento productivista)”.
Hay, en efecto, muchos motivos para una indignación, de la que no escapan unos medios de comunicación que proponen como horizonte para la juventud “el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva del todos contra todos”. Para compensar, los responsables de esos medios se felicitan por Twitter. Eso es el progreso.
Fuente: http://www.cuartopoder.es/preferirianohacerlo/mil-motivos-para-indignarse-en-solo-30-paginas/931

domingo, 6 de marzo de 2011

"Toda acción revolucionaria necesita una teoría revolucionaria"


06-03-2011

Reseña de Pedagogía del Oprimido, de Paulo Freire
"Toda acción revolucionaria necesita una teoría revolucionaria"


Pedagogía del Oprimido, Paulo Freire. Madrid: Siglo XXI de España editores S.A., 17ª edición, diciembre de 2003, 243 páginas, ISBN: 84-323-0184-1.

Como el mismo Paulo Freire afirma en su obra, mencionando al Che Guevara: “toda acción revolucionaria necesita una teoría revolucionaria”. Este, bajo mi punto de vista, es el principal logro del libro Pedagogía del Oprimido, pues contiene elementos que bien pueden ayudar a desarrollar procesos educativos y pedagógicos más exitosos. De esta forma, los logros potencialmente alcanzables pueden ser tomados no sólo como un avance en la consecución del respeto por los Derechos Humanos, sino como elementos que refuercen las relaciones humanas y el desarrollo personal de los individuos.
A pesar de ser un libro cuya primera edición fue realizada en 1970, la visión pedagógica de Freire ha llegado hasta nuestros días con posteriores ediciones, lo cual denota que su contenido no se ha quedado obsoleto, por el momento. Incluso, creo que la visión revolucionaria de Freire podría ayudar a la consecución (aunque para 2015 parece ya imposible) de varios de los Objetivos del Milenio (ODM)1. Sin embargo, tampoco debemos caer en la ilusión de un éxito seguro ya que, como señala el propio Freire, las prácticas pedagógicas propuestas no han sido ampliamente ejecutadas en ningún lado, por lo que no existe una referencia que aporte datos de su eficiencia.
Aún así, personalmente, confío en las ideas aportadas, por el teórico brasileño, al campo de la educación y la pedagogía a través de este libro. Su trabajo lo continúan desarrollando y enriqueciendo desde Instituciones como el Istituto Paulo Freire2 y múltiples fundaciones que han tomado su nombre en lugares como Colombia o Ecuador3.
Pedagogía del Oprimido es un libro dividido en cuatro capítulos. El primero de ellos presenta la situación dicotómica actual que presenta el mundo, en cuyas sociedades – a lo largo y ancho del Planeta – podemos encontrar opresores y oprimidos. Esta es una de las contradicciones que encuentra Freire en la sociedad, la cual impide en gran medida el desarrollo humano, ya que una gran mayoría (oprimidos) vive reprimida según los preceptos de una minoría (opresores) que ostenta el poder. Al hacer evidente esta situación, Freire muestra su compromiso con el desarrollo y cumplimiento de los Derechos Humanos desde el primer artículo4.
De este modo, el teórico brasileño introduce la situación problemática ante la que se debe responder. En esta dicotomía entre opresores y oprimidos, Freire señala que los que sufren la opresión deben actuar como sus propios liberadores, por ser ellos los que conocen realmente qué supone estar oprimido. Este asunto tiene lógica, ya que aquellos actores que se sitúan en una posición de poder, favorable, lo último que desean es perder su posición dominante para que otros les ganen terreno. Un ejemplo ilustrativo sobre este asunto, lo podemos ver la evolución histórica de países como Chile, Argentina (Latinoamérica), El Congo, Egipto, Libia (África), Irak, Pakistán, Indonesia (Asia). Muchos de ellos estaban mejor hace cincuenta años que ahora, debido a privatizaciones masivas de sectores productivos estatales, imposición de medidas neoliberales, etc. Al fin y al cabo, estas políticas forman parte de las medidas llevadas a cabo por el sector de los opresores5.
Sin embargo, estoy de acuerdo con el autor en que esa liberación, si bien debe partir de los oprimidos hacia una consecución de la liberación en comunión de todos los hombres, no debería realizarse de forma que los oprimidos se convirtiesen en los nuevos opresores, ya que estarían sustituyendo a estos últimos en su lugar y la cadena de errores se repetiría. Además, las limitaciones que esta situación supone para el desarrollo de los Derechos Humanos se repetirían. Tal y como he señalado unas líneas más arriba, la liberación de los hombres propuesta por Freire está basada en la fraternidad – recogida en la Declaración Universal de Derechos Humanos –, por lo que opresores y oprimidos deben colaborar en la búsqueda de una sociedad más justa y honesta para todos, haciendo ver a ambos (aunque, sobre todo, a los opresores) que deben pensarse a sí mismos no sólo como seres individuales, sino también como fragmento de un colectivo plural y diverso del cual forman parte.
En el segundo capítulo del libro, el autor se centra en el sistema educativo que predomina en el mundo, poniendo el acento en que las relaciones existentes entre educadores y educandos son de naturaleza: “fundamentalmente, narrativa, discursiva y disertadora”. Asimismo, presenta una educación basada en el modelo bancario, donde los educadores actúan como altavoces discursivos de un contenido que los educandos tienen que almacenar en su memoria. Bajo mi punto de vista, la visión de Freire (1970) sigue vigente actualmente, facilitada por la concepción academicista de un profesor que lo sabe todo y unos alumnos que toman esos conocimientos y los ‘vomitan’ durante una prueba escrita que, en la mayoría de los casos, sólo demuestra cuál es la capacidad de los ‘depósitos’ de memoria en la que el individuo acumula esos conocimientos. Del mismo modo, la propia formalización de los procesos pedagógicos6 denota este aspecto. Si no, preguntémonos por qué las aulas están dispuestas de tal manera que los educando no pueden verse entre sí, porque miran todos al profesor; o por qué, en la mayor parte de casos, existe una programación fija que parece inamovible (sobre todo en los niveles de educación básica).
Estos procesos no tienen sentido en un sistema como el propuesto por Freire, donde la dicotomía entre educadores y educandos7 se supera, para llegar a ser ambos educadores y educandos. Ante esta propuesta se puede atacar al autor con el argumento de que los niños, por ejemplo, no están en la misma posición que el maestro (evidentemente) para que este tipo de sistema se pueda llevar a cabo. Sin embargo, pienso que la cuestión no está en el hecho de poseer las mismas condiciones porque, si no, no avanzaríamos, sino en el enriquecimiento mutuo. Esta premisa, que creo aplicable también a la educación infantil, parte de una educación sobre la experiencia vivida8 y tenemos constancia de que, en colegios muy específicos (a menudo con problemas de inserción social o de otro tipo), se están implementando modelos alternativos (no exactamente como el que propone Freire porque muchos de los elementos formales se mantienen) que tratan de responder a una situación educativa difícil9.
Por lo tanto, la ‘educación bancaria10’ sólo interesa a los opresores, que ven en el pensamiento auténtico un peligro real para sus intereses. En contraposición a este sistema de educación, Freire propone la ‘educación problematizadora’, a través de la cual los individuos, en comunión, acceden a un proceso que implica la reflexión permanente en busca de la verdad. Este aspecto tiene sentido, ya que los oprimidos no deben ocupar el puesto de los opresores (convirtiéndose en eso contra lo que luchan), porque como señala el autor: “La búsqueda del ser más a través del individualismo conduce al egoísta a tener más, una forma de ser menos”. Esta propuesta educativa se caracteriza por11:
  1. El desarrollo humano en comunión, mediatizado por la sociedad y el mundo en el que vive.
  2. La exposición dialogada de los contenidos, de lo cual deriva el enfrentamiento conjunto al acto de conocer por parte de educadores y educandos.
  3. La ruptura de la dicotomía diferenciadora entre educando y educadores, pues todos toman ambos roles.
  4. La utilización del diálogo a través de la palabra, quedando la reflexión y la acción como elementos relacionales entre sí a pesar de no aparecer unidos.
  5. El fomento, por parte del educador, de la creatividad y la conciencia crítica en el educando, lo que Freire denomina como ‘Síntesis cultural’.
De este modo, pienso que Freire avanza con buen paso hacia la conclusión efectiva del articulado de la Declaración Universal de Derechos Humanos, como por ejemplo los artículos 18, 19, 29 y, sobre todo, 26 y 27 (referentes a la educación y a la participación de los individuos en la vida cultural y social12.
En el tercer capítulo, Freire reflexiona sobre la dialógica entre los seres humanos y cómo esta sirve a su liberación, prestando especial importancia a la relación entre el desarrollo del hombre y el amor:
No hay diálogo si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres. [...] Cada vez nos convencemos más de la necesidad de que los verdaderos revolucionarios reconozcan en la revolución un acto de amor, en tanto es un acto creador y humanizador. Para nosotros, la revolución que no se hace sin una teoría de la revolución y por lo tanto sin conciencia, no tiene en ésta algo irreconciliable con el amor. Por el contrario, la revolución que es hecha por los hombres es hecha en nombre de su humanización”13.
 La concepción de Freire ha sido tachada de demagógica por algunas personas, considerando que introduce las alusiones al amor con una clara tendencia a la atracción de la población cristiana. Mi pregunta es: ¿es que acaso la población cristiana, como oprimida, no tiene derecho también a la liberación?14”. Trata de llegar al mayor número de personas posible.
Al fin y al cabo, por mucho que las instituciones vaticanistas pretendan hacernos creer lo contrario (esto es una percepción propia), la Biblia caracteriza a Jesús, en algunos pasajes, de una forma mucho más cercana a la que propone la Teoría de la liberación, que de lo que propone Roma. No obstante, la concepción propuesta por Freire sobre el amor es, bajo mi punto de vista, una cualidad de naturaleza humana y no únicamente religiosa, por lo que las críticas en este punto no me parecen oportunas15.
Por otro lado, una vez más, Freire habla en este capítulo de la necesidad de participar y obtener información de la realidad vivida por los propios pueblos, para ser analizada posteriormente no sólo por especialistas, sino con el propio pueblo como parte de esa ‘educación problematizadora’. Una educación en la que el propio pueblo problematiza la realidad que él mismo vive y de la cual participa.
El último capítulo de Pedagogía del Oprimido recoge un resumen de lo expuesto, de manera teórica, en los tres capítulos anteriores. Asimismo, Freire reflexiona acerca de que su proyecto no debe quedarse simplemente en el papel, sino que debe implementarse para probar si funciona o no. A pesar de que el libro está fundamentado en experiencias reales del propio Freire, él mismo dice que resultan insuficientes, siendo necesario la realización de más pruebas.
Aún así, creo que este ensayo de Freire articula de manera magnífica una teoría pedagógica plausible y que, a priori, puede dar buenos resultados. A parte de las lagunas, como bien señala el autor al final en un gesto de humildad, que el libro pueda tener, el mayor error que veo en el libro es su excesiva retórica academicista. Es un libro arduo de leer e incluso, a veces, bastante pesado. Los conceptos y propuestas de Freire me parecen excepcionales, pero creo que deberían comunicarse de una forma más amena y factible para el público porque me parece algo complicado. Podría utilizar términos no tan técnicos, aunque entiendo que sean precisos en una obra teórica, y más accesibles para su comprensión. Apunto este asunto por una cuestión muy simple, ya que el hecho de proponer un modelo en del que todo el mundo debe participar debe ser accesible a todo el mundo, lo cual requiere de formas de expresión asequibles y entendibles por todos. Si no se produce este cambio, creo que la contradicción que se producirá será enorme, ya que sólo los individuos con un nivel cultural determinado podrán llegar a comprender estos modelos. Por lo tanto, la dicotomía diferencial entre grupos de opresores y oprimidos seguirá existiendo16. En lo concerniente a las lagunas de contenido, que ya he comentado, yo no soy pedagogo y dejaré ese tema para los especialistas en el tema.
En conclusión, una obra de lo más recomendable y de imprescindible lectura para todo aquél que quiera involucrarse en el mundo de la educación y de la pedagogía. Freire17 propone en este libro, Pedagogía del Oprimido, sin duda algo diferente, una educación ‘por y con el pueblo’, lejos de la concepción clásica: ‘para el pueblo’.
Urko Del Campo Arnaudas. 4º Periodismo, Universidad San Jorge.
Notas:
1 Portal de la labor del sistema de Naciones Unidas sobre los objetivos del desarrollo del Milenio, disponible en: http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/, consultado el 02/03/2011.
2 Web del Instituto Paulo Freire, Brasil, disponible en: http://www.paulofreire.org/, consultado el 02/03/2011.
3 Web de la Fundación Paulo Freire en Ecuador, disponible en: http://fpaulofreire.com/, consultado el 02/03/2011; Web de la Fundación Paulo Freire en Colombia, disponible en: http://fundacionpaulofreire.org/, consultado el 02/03/2011.
4 Declaración Universal de los Derechos Humanos, Art. 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. La negrita es mía.
5 A este respecto ver Klein, Naomi, La Doctrina Shock: el auge del capitalismo del desastre, Paidos Iberica, Barcelona, 2007, documental (basado en el libro) disponible en: http://vimeo.com/18758226, consultado el 02/03/2011; Friedman, Milton, Capitalismo y libertad, Ediciones Rialp, 1966; Friedman, Milton y Friedman, Rose, Libertad de elegir: hacia un nuevo liberalismo económico, Grijalbo, 1992.
6 Hablo aquí en función de mi experiencia en las tres etapas educativas: colegio, instituto y universidad. Del mismo modo, debo ser justo y quiero dejar claro que, si bien expongo de manera genérica mis percepciones, he de decir que también se han dado excepciones, las cuales agradezco enormemente.
7 Existe una relación muy clara con la dicotomía entre opresores y oprimidos, por lo que invito al lector a reflexionar sobre ello.
8 De hecho, ya lo vemos en el aprendizaje a través de juegos, intereses propios de los niños, experiencias. Por ejemplo, creo que se puede aprender mucho con la pregunta, que puede parecer simple, “¿qué tal el verano?”; con todo el contenido que ésta puede generar.
9 Ver película La Clase, reseña de la Web Filmaffinity, disponible en: http://www.filmaffinity.com/es/film107060.html, consultado el 02/03/2011. Lo que deja claro esta película es que, si bien la adopción de políticas al respecto, ayuda, también depende mucho de la responsabilidad adquirida por todas las personas que participan de ese proceso educativo.
10 Ver los diez puntos en Freire, Paulo, Pedagogía del oprimido, Madrid, Siglo XXI de España Editores S.A., 2003, p. 78.
11 Ver resumen en Monografías.com, “La pedagogía del oprimido de Paulo Freire” (Yerko Reyes), disponible en: http://www.monografias.com/trabajos6/peop/peop.shtml, consultado el 02/03/2011.
12 Web de Naciones Unidas, “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, disponible en http://www.un.org/es/documents/udhr/, consultado el 02/03/2011.
13 Freire, Paulo, Op. Cit. pp. 103 – 106.
14 La historia revolucionaria latinoamericana está llena de miembros del clero que llegaron a proponer una nueva concepción de la religión a través de la llamada Teoría de la liberación, de corte marxista.
15 Ver reseña sobre Pedagogía del Oprimido (no aparece el nombre del autor), disponible en: http://es.scribd.com/doc/27995061/LA-PEDAGOGIA-DEL-OPRIMIDO, consultado el 02/03/2011.
16 Sea en estos o en otros términos: por ejemplo: los que pueden acceder a la comprensión y los que no. La dicotomía sigue existiendo y, con ella, la desigualdad.
17 Su filosofía educativa queda recogida la 20 máximas de Paulo Freire, en Wikipedia, disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Paulo_Freire, consultado el 02/03/2011.