domingo, 25 de abril de 2010

La Revolución

El primer viaje de Carpentier a México
Carmen Vásquez
La Jiribilla

Entre 1926 y 1932, Alejo Carpentier publicó unos seis textos que componen una referencia y explicación única sobre el viaje que hizo a México en 1926, que fue el primero de muchos viajes a ese país que tanto admiró.
Los primeros tres de esos textos se publicaron en La Habana y, naturalmente, en español. Se trata de “Diego Rivera, pintor mexicano”, publicado en Carteles el 11 de julio de 1926; de “Creadores de hoy. El arte de José Clemente Orozco”, publicado en Social, en octubre de 1926 y de “Diego Rivera”, publicado en Avance: 1927, el 15 de agosto de 1927. Una nota de advertencia en este último indica: “He aquí un fragmento de la semblanza crítica leída por Alejo Carpentier con ocasión de la apertura de la Exposición Flouquet-Rivera, organizada por 1927 y de la cual ya dimos oportuna cuenta en el número anterior”.
Después de haberse radicado en París, en 1928, publicó una serie de tres otros artículos, esta vez en francés, en la revista Le Cahier. Se trata de “Diego Rivera et la renaissance de la fresque au Mexique”, en septiembre de 1929; “Diego Rivera”, en diciembre 1931 y La Révolution mexicaine”, en febrero de 1932 [1] .
No obstante, entre la primera serie y la segunda, existe una tercera, sumamente importante, que lleva el título de Rempart de la liberté! (¡Muralla de la libertad!), la cual a su vez consta de tres artículos. Los títulos de estos son: “Mexique!, où l’on voudrait vivre…”, “Le prodigieux essor social mexicain” y “Diego Rivera, le conquérant des murs mexicains”. Esta última serie se publicó en el prestigioso diario parisino Le Soir, los días 5, 9 y 14 de mayo de 1928.
En las dos primeras series el nombre de Carpentier figura como el de su autor. De que lo sea no hay duda alguna, puesto que él mismo lo asintió en varias ocasiones. En la de Le Soir, su nombre no aparece como su autor, puesto que no fue él quien la publicó. Fue Robert Desnos, su amigo recién encontrado en La Habana, en marzo de ese año de 1928, quien la redactó y publicó. La importancia de Carpentier en estos tres escritos desnosianos es indudable. El amigo surrealista francés le otorga el papel que el cubano verdaderamente interpretó: el de narrador y de relator de sus andanzas mexicanas durante el verano de 1926. Aquí Carpentier se presenta como un héroe que descubre, un auténtico descubridor, de una realidad maravillosa y única – la de México de los años veinte – realidad que cuenta, relata, analiza y hace descubrir con gran entusiasmo a su amigo Desnos, quien a su vez lo convierte en personaje narrador de su serie de artículos. De ahí que esta presentación sea tan importante porque, de la manera más espontánea posible, nos revela el tremendo impacto que el viaje a México de 1926 tuvo en el joven periodista cubano:-Et le Mexique?Mon compagnon parut regarder très loin, comme dans un rêve. Nous étions assis à la terrasse d’un café. L’après-midi s’achevait et, dans le crépuscule tiède,…- Et le Mexique? , répétai-je.Mon ami parut s’éveiller.-C’est là que l’on voudrait vivre ! dit-il.-Qui “on”?-Nous tous. Il n’est pas un seul de mes amis, il n’est pas un seul garçon de ma génération — j’ai vingt-trois ans — qui ne désire aller au Mexique, ne fut-ce que pour un court séjour. Et pas seulement ceux de Cuba, mais encore ceux de toute l’Amérique centrale, du Guatemala au Venezuela et au Pérou et dans toute l’Amérique du Sud. Le Mexique, c’est la meilleure sauvegarde de nos libertés actuelles et la garantie que nous conquerrons celles qui nous manquent.
Sans le Mexique la mer Caraïbe serait la mer yankee et toutes les petites républiques auraient connu le sort, passager je le souhaite, du Nicaragua.
Maiis je te reparlerai un jour de cette “histoire de brigands” et de ce héros qui a nom Sandino.
¿Cómo llegó Carpentier a México? En una de lo que él llamaba “nuestras sesiones de trabajo”, la del 11 de diciembre de 1975, me contó cómo él, con otros periodistas cubanos, recibieron una invitación del entonces presidente Plutarco Elías Calles, a través de Juan de Dios Bojórquez, en aquel momento embajador de México en Cuba, para ir a visitar al país y constatar los avances que se habían logrado con la Revolución. La invitación constaba de un viaje de tres semanas. Tan pronto llegó a la capital, me dijo, “Me separé (del grupo de periodistas). Me fui por la libre. Inmediatamente fui a ver a Diego Rivera, José Clemente Orozco. Todo el equipo de Vasconcelos, Pellicer, toda la generación de ‘Contemporáneos’”.
En otra sesión de trabajo, la del 24 de marzo de 1976, nos dijo de memoria que el viaje se efectuó “en junio o julio de 1926”, el primero de esos meses siendo el más lógico ya que el primero de los artículos publicados después de su regreso a La Habana, el de Carteles, fue publicado el 11 de julio de ese año. Nos indicó también que había publicado en Social y en Avance, sobre Orozco y sobre Diego Rivera. Luego nos contó lo que descubrió:
Cosas pequeñas. Vi los mercados típicos de México. Descubrí la cerámica popular, los códices. El Museo Nacional había hecho una edición facsímil de los códices y unos amigos me la regalaron. Llevé una caja a La Habana llena de reproducciones precolombinas. El barroco latinoamericano se me revoilà en el Museo Nacional de México. Ahí conocí yo el barroco precolombino.
El entusiasmo con que nos relataba sus primeras experiencias mexicanas, 50 años después de haberlas vivido, es una prueba de lo que debió de haber sido esta vivencia iniciática para él.
El tono entusiasta fue siempre el mismo, según lo prueba en un texto —“Autobiografía de urgencia”— que publicó en la revista Ínsula (N°218), de Madrid en 1965:Hice mi primer viaje a México —después entonces he vuelto más de veinte veces— en 1926, invitado por el gobierno mexicano. Se trataba de una convención de periodistas y se me dio un banquete por ser el jefe de rédaction más joven de América. En México conocí a Pellicer, a Torres Boder, actual secretario de Educación, a Orozco, a Diego Rivera. Mi amistad con Diego duró hasta su muerte.
Volvamos a los escritos. Los tres textos publicados en La Habana, dos en el 1926 y uno en el 1927, forman un corpus homogéneo. En ellos, Carpentier habla de México y de sus amigos Diego Rivera y José Clemente Orozco. Al primero lo califica de “un hombre del Renacimiento”, añadiendo luego: “He llamado a Diego Rivera “renacentista” y es porque solo el Renacimiento supo mostrarnos hombres de esa envergadura”. A través de las pinturas de ambos, explica la política establecida como consecuencia de la Revolución y las expresiones culturales que resultaron de ella, a través de la pintura mural, específicamente. Relata asimismo a quiénes conoció y cómo los artistas mexicanos —pintores, escritores, etc.— se asocian en una misma y única estética revolucionaria.
Paralelamente, y esto es lo más interesante, narra sus actividades en la capital mexicana. Así sabemos que participó en las caminatas que solía hacer Diego Rivera por las calles de la ciudad. Sabemos, también, que fue a la casa de este, la cual describe en detalle, así como de la “tamalada” que allí se dio en su nombre —y también en el de Conrado Massaguer, el caricaturista y humorista político y social, director de la revista habanera Social—, quiénes asistieron a ella y a quiénes conoció allí, nombrando a algunos escritores como Salvador Novo, Javier Villaurrutia, Gorostiza y al folclorista Tata Nacho, que mucho frecuentaría en los años 30 en París. Menciona asimismo a Lupe Marín, entonces esposa de Diego Rivera, quien visitaría luego París en 1934 [2] . No obstante, estos tres textos, por reveladores que sean, lo son mucho menos que los otros que vamos a tratar.
Si nos mantenemos en una lógica cronológica, y si tenemos en cuenta la fecha de la llegada de Carpentier a París, en compañía de Desnos, a finales de marzo de 1928, es evidente que se deben tratar los artículos de Desnos publicados en Le Soir antes de los de Carpentier publicados en Le Cahier.
Recordemos que no bien llegó Desnos a París, publicó una serie de artículos sobre su viaje a Cuba y sobre la situación política, social y cultural cubana en el periódico Le Soir [3] . Como hemos afirmado en varias ocasiones anteriormente, estos artículos revelan no solamente el parecer del escritor surrealista francés, sino también, y sobre todo, la visión que Carpentier tenía de la Cuba de aquel momento y de la historia que a su país le había tocado vivir. Como dijimos al comienzo de este trabajo, en la serie de tres artículos sobre México —“Rempart de la liberté!”, el francés recupera las experiencias y las ideas de Carpentier sobre ese país, algo que Desnos recuerda en cada momento en sus textos.
En el primero de la serie —“¡Mexique! où l’on voudrait vivre…” (¡México! donde uno quiscale vivir…”), tras hablar de ese país ensoñador, defensor de las libertades, particularmente ante los EE.UU., el autor aborda lo que llama “el problema etnográfico”. Pasa entonces a evocar el Porfiriato y la posición de Madero. Tras mencionar la huida de Porfirio Díaz y el asesinato de Madero, se comentan las llamadas: “luchas entre los generales” —Huerta, Carranza, Villa— seguidas de la expedición punitiva de los Estados Unidos en México. Se evocan los quehaceres de Calles y de Obregón y el conflicto de los cristeros, aunque no se le llaman así. El artículo termina con unas frases elogiosas de Sandino— “l’admmirable lutte du général Sandino”— y con un Desnos pidiéndole al amigo que continúe su relato; “Raconte-moi tout ça!”.El segundo de los artículos se titula “Le prodigieux essor social mexicain” (“El prodigioso desarrollo social mexicano”). Comienza así:
Raconte-moi tout ce que tu sais du Mexique, dis-je à mon compagnon. J’arrive d’Europe. Une Europe fatiguée et lasse, où triomphent l’hypocrisie et la lâcheté, où, dans tous les pays, la liberté n’est plus qu’un mot, où la multitude des lois et des règlements constitue un appareil d’esclavage qui tend à devenit international. Parle-moi de cette République, où il y a encore place pour les hommes enthousiastes et sincères.
Continúa entonces el relato del “compañero” Carpentier. En el relato se abordan varios temas: La expedición punitiva, Los años de desorden, La época de oro, La protección de los indios, y el llamado Partido católico, es decir, la situación de los cristeros. La expedición punitiva, encabezada por el general Pershing, es presentada como una derrota con consecuencias importantísimas: “Voilà comment les Américains, en voulant punir Pancho Villa, apprirent à laisser le Mexique en paix”, dice el texto. En Années de désordre, vuelve a los años de inestabilidad y a las luchas de Pancho Villa, Huerta, Carranza, Zapata y relata la célebre huida de Carranza y su tren de oro: Carranza fut obligé de s’enfuir de Mexico. Il le fit dans ce fameux “train d’or” où avaient pris place sa famille, son état-major et… une fortune immense en ligots d’or. Poursuivi entre Mexico et la Vera Cruz, le train abandonna successivement, wagon par wagon, les lingots d’or, les domestiques, l’état-major et la famille de Carranza. Finalement, celui-ci fut arrêté dans la montagne où il avait été obligé de s’enfuir à cheval, et fusillé.
En la llamada L’époque d’or, se aborda la época de Obregón, el problema del latifundio, con lo cual se llega a la siguiente conclusión:
Le programme d’Obregon était simple, mais immense:
1° Protéger les Indiens et leur donner la place à laquelle ils avaient droit dans la nation;
2° Détruire la féodalité des grands propriétaires;
3° Eviter les vols de terre
La sección titulada La protection des Indiens, presenta la reforma agraria iniciada por Obregón así como la protección de las culturas indígenas, iniciada por Calles:
Obreron, courageusement, s’appuya sur la partie active du pays, sur la population indienne. Il lui distribua des terres et réduisit les grandes propriétés dnt les droits étaient souvent contestables.
Calles, qui lui succéda et qui, en accord avec lui, poursuivit l’œuvre commencée, fonda la Maison de l’étudiant indigène.
………………………………………………………………………………………………………………
De la sorte, le caractère même de la race est sauvegardé et, avant dix ans, la poppulation indigène, prolifique, énérgique, libre et consciente de ses droits, pourra aspirer au gouvernement.
Finalmente, cuando se trata del conflicto político-religioso, vemos que describe a los cristeros con precisión y hasta podría decirse que con sentido del humor. Así dice, “…des curés, mais des curés comme vous n’en avez pas en Europe, à demi bandits, a demi soldats”.
El artículo termina, como el anterior, anunciando el tema que se tratará en el siguiente:
Et, à côté de ce mouvement politique et social admirable, song au mouvmenet intellectuel qui en est le corollaire.
Je te dirai un autre jour qui sont Diego Rivera et ses amis.
El tercer y último artículo de “Rempart de la liberté!” lleva, como título “Diego Riuera, le conquérant des murs mexicains”. Este comienza con una recapitulación de los temas tratados en el anterior, en particular sobre la llamada “régéneration de la race indienne au point de vue social, politique et intellectuel”. La alabanza de la supervivencia de los indios en condiciones tan hostiles, permite entonces que se pueda abordar uno de los temas más tratados por Carpentier en sus obras. Se trata del sincretismo religioso. Así Desnos firma lo que Carpentier cuenta:
Quand un Indien s’agenouille devant un calvaire ou va faire ses dévotions dans une cathédrale, ce n’est pas le Christ qu’il adore, mais ses anciens dieux. Les Espagnols de la conquête avaient en effet l’habitude de briser les idoles, de les enterrer et d’élever une croix sur l’emplacement. De même les églises sont en général dréssées sur les ruines d’un temple. Les Indiens s’en souviennent. Ils adorent devant la croix le dieu brisé dont elle marque la tombe et respectent dans l’église les fondations antiques sur lesquelles elle est construite. Les années passent. Les dieux symboliques des Toltèques et des Chichimèques réunissent leurs membres épars dans la terre et, certain jour, renaissant et vigoureux, ils renverseront à jamais les croix qui les oppriment.
La siguiente sección del artículo lleva por título: “Diego Rivera”. El comienzo de ella sitúa al pintor, amigo de Carpentier, como pintor cubista y también como amigo de Picasso. Es decir, lo sitúa en un marco europeo y sumamente próximo a Desnos quien, como se sabe, fue por décadas amigo de Picasso. Luego, como hizo Carpentier en los artículos publicados en Cuba, lo describe como un verdadero y auténtico héroe, que pinta “revolver au poing, au péril de sa vie”. Rivera sienta las bases para una nueva estética mexicana y revolucionaria. Este líder artístico e intelectual le abre a su vez el campo de creación a lo que se describe como “toute une phalange d’écrivains, de peintres et de musiciens (qui) prend part au mouvemement des idées et au mouvement politique”. En esta nueva sección —Autour de Rivera— serán mencionados entre otros, escritores como Salvador Novo y Xavier de Villaurrutia “directeurs de la revue Ulysses. En efecto, la revista Ulises se creó y publicó entre 1927 y 1928. Notemos que no se menciona la revista Contemporáneos, mucho más célebre que la primera, y por razones puramente cronológicas, porque esta vio la luz entre 1928 y 1931, en fechas posteriores a la redacción de esta serie periodística.
Luego, se mencionan los pintores Leal, Charlot y Orozco, el folclorista Tata Nacho, quien, como dijimos, sería amigo de Carpentier y de Desnos en París durante los años 30, el movimiento Estridentista con algunos de sus representantes y la música clásica del momento con Carlos Chávez. Asimismo se mencionan otras revistas, como para abarcar de la mejor manera posible la variedad y profusión de la creación artística mexicana del momento.
El artículo termina con un Desnos preguntándose por qué no se embarcó hacia Veracruz y citando una canción popular de los cabarets de la época, la que termina “Hurrah! Oh México!/Oh! Oh! Oh!”.
Las consecuencias que tuvo la publicación de Rempart de de la liberté!, tanto en Francia como en México, podrán leerse en la versión final y escrita de este trabajo. Baste con decir por ahora que fueron diversas, no siempre positivas y algunas veces pintorescas.
Como ya dijimos al comienzo, Carpentier publicó unos cinco escritos en una revista parisina llamada Le Cahier. Hemos escrito ya sobre esta revista, sobre su importancia en Francia y sobre lo que significó para Carpentier haber sido invitado a publicar en ella [ 4 ] . Entre agosto de 1929 y febrero de 1932 publicó cinco textos, tres de ellos sobre México y sus experiencias de 1926. Los otros dos son, uno titulado “Edgar Varèse”, sobre la música y la personalidad del amigo compositor, el cuarto “Les points cardinaux du roman en Amérique latine” [ 5 ] , sobre el estado de la novelística latinoamericana a comienzos de la década del 30.
Los tres textos mexicanos de Le Cahier recuperan gran parte del material utilizado por Desnos en Le Soir. Utilizan los mismos detalles y revelan una misma perspectiva y análisis. El primero de ellos, “Diego Rivera et la rennaissance de la fresque au Mexique”, publicado en septiembre de 1929, muestra además una ambición literaria, de estilo propio, única en toda estas series. Relata la llegada de Carpentier a Veracruz, su encuentro con esa ciudad portuaria, su extraordinario viaje en tren y su llegada a México, la capital federal. Es un periplo maravilloso que volverá a evocar, años más tarde, en 1978, en La consagración de la primavera (primera parte, capítulo 5) y que, por lo demás anuncia otros periplos maravillosos, narrados en crónicas de viajes como las de España o las del Orinoco, o en novelas como Los pasos perdidos, El siglo de las luces, Concierto barroco, El arpa y la sombra:
On se hâte de prendre le train, de fuir cette pauvreté, cet ennui. De la plate-forme d’un wagon, on verra encore se dérouler, pendant près de deux heures, un paysage de landes sablonneuses, avec des hameaux aplatis sur le sol…Mais, tout à coup, la végétation monte, se resserre. Les arbres se multiplient. Et voici, la grande forêt tropicale…
La voie commence à monter. On laisse derrière soi les “terres chaudes”. maintenant, à chaque arrêt, des indiennes silencieuses montrent des calebasses peinte, pleines de fruits. Puis, brusquement, au-dessus d’une végétation redevenue normale, on voit paraître par une échancrure, de nuages, le pic de l’Orizaba, sentinelle des hauts plateaux que nous gravirons quelques heures plus tard…
…Commence une ascension de 2300 mètres par une voie ferrée construite littéralement sur le vida. Gouffres, tunnels, voltige au-dessus des nuages, féériques changements de décors…Nous sommes maintenant dans le vrai Mexique, aux frontières de l’empire des Aztèques.
Les maisons que nous voyons maintenant sont construites en briques, grises, identiques, par le plan et la structure à celles que Cortes rencontra lors de sa conquête. Sur les hameaux, au centre des enclos crénelés des haciendas au pied des collines, miroitent les coupoles en mosaïques des chapelles construites naguère par les prêtres espagnols, soucieux de tenir les habitants par la fois…Des merveilleux villages se succèdent. C’est Apiazo, où l’on vend des cannes sculptées; Appam, dont les cent maisons sont dominées par plus de vingt églises: Teotihuacan, où nous attendent les pyramides du Soleil et de la Lune…Ici la grandeur du décor surpasse nos prévisions. Nous entrons à Mexico sous un coup de véritable ébaissement.
Ya se anuncia el encuentro con Diego Rivera, más breve que en la narración anterior, pero que recupera todo lo anteriormente afirmado en los artículos cubanos y en los firmados por Desnos. El entusiasmo de Carpentier es aquí indudable. El objetivo que se ha impuesto es también indudable. Se trata de difundir a un público culto francés, la belleza natural, la historia colonial y reciente de ese país tan poco conocido en Europa.
En diciembre de 1931 se publica en Le Cahier un corto artículo titulado “Diego Rivera”. En él Carpentier recupera su apreciación sobre el pintor mexicano como verdadero ejemplo del hombre renacentista. Insiste, como siempre, en la importancia de la pintura mural, citando también a otros pintores como Orozco, Leal, Charlot, Siquieros. Luego afirma: “Il est bien consolant de penser que, par les temps qui courent, il y a sur la terre un groupe de peintres puissamment doués, vaillant en vue d’un autre idéal que celui d’obtenir un bon contrat chez quelque for marchand”.
El más ambicioso y completo de los tres artículos mexicanos de Le Cahier, lleva el título de “La Révolution mexicaine”. Fue publicado en febrero de 1932. Comienza con un epígrafe de La serpiente emplumada, The Plumed Serpent, en inglés, libro publicado por D.H. Laurence en 1926. Una traducción al francés había sido publicada por las ediciones Stock en 1931. El epígrafe dice así:
…les hommes au Mexique sont semblables à des arbres, à des forets que les hommes blancs ont jetés bzd lors de leur venue. Mais les racines des arbres sont restées profondes et vivaces, et donnent de nouvelles pousses. Chaque nouvelle pousse renverse une église espagnole ou une usine américaine, et bientôt la forêt se dressera à nouveau.
Procede entonces Carpentier a tratar un tema que siempre le interesó: el de la falsa imagen que los europeos tenían de la América Latina, y en este caso, de México en particular.
Pour bon nombre de lecteurs européens, le Mexique offre l’image d’un pays étrange, cinématographique, où les revolvers se déchargent avec une étonnante facilité, au sein d’une révolution qui règne incessamment.
Continúa, en esta primera parte del artículo, desarrollando el tema e insistiendo sobre “cette grande nation, qui est actuellement à l’avant-garde de la civilisation sud-américaine”. Y para confirmar su exposición, cita a Louis Guillaine y al libro de este que tanto lo marcó: L’Amérique latine et l’impérialisme nord-américain, publicado en París, por Armand Colin en 1924. Luego comienza a analizar la Revolución, con algunos excesos y banditismos innegables —la frase es suya— pero que también ha implicado un auténtico renacimiento, “l’éclosion d’une conscience nationale” en México.
Para explicar estas ideas, da una vuelta atrás, haciendo una presentación de la conquista, por parte de los aztecas y de los españoles. Así va poco a poco trazando la historia mexicana a través de los siglos hasta llegar al triunfo de Benito Juárez sobre Maximiliano. La segunda parte del artículo analiza el Porfiriato, como lo había hecho sistemáticamente en los textos anteriores, hablando de los “peones”, del “latifundio” y justificando la llegada de Madero y de Zapata. La tercera parte trata de la Revolución en sí, y de las dificultades con que esta tuvo que enfrentarse: asesinatos, creación de “ejidos”, creación de escuelas en las “haciendas”, creación de la Constitución de 1917, las diferentes reformas.
Luego, en la cuarta parte del artículo, cambia el tono, y recuerda su viaje inolvidable:
En 1926, j’arrivais à Mexico par une de ces matinées splendides, comme seuls en connaissent les hauts plateaux que peuplèrent les anciens Aztèques. Un air sec, stimulant, me récompensait d’une journée de morne accablement passée dans la torride Vera-Cruz. J’allais voir quelques amis, écrivains, peintres, tous travaillant dans les ministères…Rien ici de l’atmosphère lourde, miteuses, qui se respire un peut partout dans ces bâtiments officiels…; On n’y voit que des jeunes gens.
Después comienza a describir todo el universo que descubrió: las escuelas, las ediciones de antiguos textos y de nuevos, las bibliotecas ambulantes, el trabajo de recuperación folclórica, la pintura mural, la Casa del estudiante indígena. Su entusiasmo no tiene límites: “Et c’est ainsi partout. Jeunesse, dynamisme”. Y concluye así:
Cette révolution, les hommes du Mexique actuel l’ont payée de leur sang…; le tourbillon a fauché de nombreuses viez. Mais le sacrifice n’a pas été vain. Le redressement de l’Indien, sa libération, la naissance de sa nouvelle conscience nationale, ont donné au Mexique son vrai visage…
Et c’est pour cela que le Mexique, avant-garde de l’Amérique du Sud - l’Amérique du Sud doit commencer pour nous à Rio Grande – est le pays le plus intensément caractérisé du Nouveau-Continent. Malgré les différences morphologiques entre peuplades, malgré l’existence de 44 dialectes différents sur son territoire, ce pays donne une surprenante impression d’unité ethnique: unité qui est celle de la race indienne, la seule qui a su résister, par sa pureté et sa force, à l’invasion des hommes de l’Europe.
Si l’Amérique doit nous donner un jour le spectacle de la naissance d’une civilisation nouvelle, c’est sans doute de ce bloc qu’elle sortira.
Añadamos que, al final de este magnífico artículo se aclara el origen de las numerosas reproducciones que lo ilustran:
Pour illustrer cet article, nous avons reproduit quelques-unes des planches et dessins qui ornent le “Codice Matritence” - Histoire des Choses de la Nouvelle Espagne – du Père Sahagún, prêtre espagnol qui visita le Mexique peu de temps après la Conquête, et dont l’ouvrage constitue une sorte d’Encyclopédie de l’histoire, la religion et les mœurs des anciens Aztèques. La belle édition en fac-similé de ce Codex à laquelle nous devons ces gravures, a été publiée par les soins du Musée National d’Archéologie, Histoire et Ethnographie de Mexico.
Esta aclaración, por supuesto, prueba que aquel regalo de la edición de códices en facsímil que le habían regalado sus nuevos amigos mexicanos lo había acompañado no solamente en su retorno a La Habana, sino también en su traslado al París donde viviría hasta mayo de 1939.
Después de leer, o de oír esta exposición, no creo que haya duda alguna del enorme impacto que el viaje a México de 1926 tuvo en la vida de Carpentier. Y también en su obra tanto periodística, como de ficción. En ella recurren una y otra vez reminiscencias de aquellas vivencias que, pareciendo ser tan maravillosas, en realidad fueron verídicas experiencias para él inolvidables. Que el descubrimiento o el recuerdo de estos textos nos sirva a todos para constatar que componen un valioso testimonio del descubrimiento de América que hizo Carpentier a través de su primer viaje a México.
Notas:
1 El primero y el tercero de estos han sido reproducidos respectivamente en : «Alejo Carpentier et Los pasos perdidos», sous la direction de Carmen Vásquez, Paris, Indigo et Centre d’Études Hispaniques d’Amiens (CEHA) /Université de Picardie Jules Verne, 2003, pp. 235-238 ; Alejo Carpentier, Essais littéraires, traduction par Serge Mestre, Préface de Carmen Vásquez, Paris, Gallimard, 2003, pp. 71-88.
2 Todos estos detalles aparecen en mi tesis doctoral: Carmen Gómez Pizá de Vásquez, «Robert Desnos et le Monde Hispanique», Université de La Sorbonne Nouvelle/Paris IV, U.F.R. de Littérature Comparée, année universitaire 1978-1979, Vol. I, 450pp ; Vol II, 350 pp,.
3 Carmen Vásquez, Robert Desnos et Cuba: Un carrefour du monde, Paris, L’Harmattan, Publication de l’Équipe de recherche de l’Université de Paris-VIII, Histoire des Antilles Hispaniques, volume 19, 1999, 186pp.
4 Carmen Vásquez, Alejo Carpentier: Los artículos de Le Cahier, La Torre, Homenaje a Nilita Vientós Gastón, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, Puerto Rico, Año VII, Números 27-28, julio-diciembre 1993, pp. 673-694. 5 Este texto ha sido reproducido en: Alejo Carpentier, Essais Littéraires, Op. Cit., pp. 58-70.http://www.lajiribilla.cu/2010/n468_04/468_04.html

sábado, 24 de abril de 2010

Actualidad de 'El imperialismo, fase superior del capitalismo', de Vladimir I. Lenin

Teitelbaum
Argenpress

Lenin escribió “El Imperialismo…” en Zurich entre enero y julio de 1916, es decir hace 90 años, aunque se publicó por primera vez en Petrogrado recién en abril de 1917. El trabajo de Lenin sigue siendo un instrumento indispensable para el análisis de la sociedad capitalista contemporánea.Aunque muchos se obstinan en llamar “mundialización neoliberal” al sistema socioeconómico actualmente dominante, como si se tratara de una enfermedad pasajera y curable del capitalismo, dicha “mundialización neoliberal” no es otra cosa que el sistema capitalista real, es decir el resultado de la evolución del capitalismo hasta su etapa actual, imperialista y guerrerista. La actual guerra de agresión emprendida por Israel contra Palestina y El Líbano con el apoyo político y logístico (bombas de enorme poder destructivo) que le proporciona Estados Unidos, no es una “reacción desproporcionada de Israel”: es la quinta guerra imperialista (si no contamos la invasión a Panamá en 1989) en sólo 15 años: guerra del Golfo, guerra contra Yugoslavia, guerra de Afganistán y guerra contra Irak. Esta agresión ha sido cuidadosamente planificada con el mentor estadounidense, su objetivo es el control de toda la región y tiene en la línea de mira Siria e Irán. El capitalismo en su etapa imperialista necesita guerras a repetición con fines geoeconómicos y geopolíticos expansionistas y para dar salida a sus crisis periódicas, que tienden a hacerse permanentes, mediante la producción de armamentos y la reconstrucción de cada posguerra. Es la “destrucción creativa” de que hablaba Schumpeter. El sistema actual no es simplemente una etapa indiferenciada de un “sistema-mundo moderno” que existiría desde hace 500 años (Wallerstein). Es la expresión contemporánea, cualitativamente diferente, del capitalismo. Es una falacia la idea de Wallerstein (La Jornada, México 01/06/2003) de que Bush es un accidente “militarista macho” y que el gran capital (por lo menos aquel representado por gente como Bill Gates y Soros) quiere un sistema capitalista estable que Bush no les brinda, que puede ejercer su hegemonía con eficiencia económica y ser capaz de crear un orden mundial que garantice un “sistema-mundo” que funcione con fluidez, así sea para permitir una desproporcionada tajada de acumulación de capital. No hay un capitalismo enfermo de la mundialización neoliberal y de guerrerismo y otro capitalismo “posible” o utópico, estable y eficiente que pueda funcionar con fluidez, libre de las crisis, del militarismo y la guerra y de brotes neofascistas. Escribía Lenin en 1916: “El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países “avanzados”. Este “botín” se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón) que, por el reparto de su botín arrastran a su guerra a todo el mundo” (El imperialismo…Prólogo a las ediciones francesa y alemana de julio de 1920, párrafo II). En la frase plena de ambigüedad “otro mundo es posible” que se ha hecho tan popular, está latente la idea de que “otro capitalismo es posible”, si se contienen los “excesos” del “neoliberalismo” y se introducen algunas reformas para lograr “un mundo mejor”. Lenin ya respondió en 1916 a este pseudo reformismo inofensivo en el libro que comentamos, cuando escribió en el Capítulo IX (La crítica del imperialismo): “Las cuestiones esenciales en la crítica del imperialismo son las de saber si es posible modificar con reformas las bases del imperialismo, la de saber si hay que seguir adelante desarrollando la exacerbación y el ahondamiento de las contradicciones engendradas por el mismo o hay que retroceder, atenuando dichas contradicciones. Como las particularidades políticas del imperialismo son la reacción en toda la línea y la intensificación del yugo nacional como consecuencia del yugo de la oligarquía financiera y la supresión de la libre concurrencia a principios del siglo XX, en casi todos los países imperialistas aparece una oposición democrática pequeñoburguesa al imperialismo…En los Estados Unidos, la guerra imperialista de 1898 contra España provocó una oposición de los “antiimperialistas”, los últimos mohicanos de la democracia burguesa, los cuales calificaban de “criminal” dicha guerra y consideraban como una violación de la Constitución la anexión de tierras ajenas…Pero mientras toda esa crítica tenía miedo de reconocer el lazo indisoluble existente entre el imperialismo y los fundamentos del capitalismo, mientras temía unirse a las fuerzas engendradas por el gran capital y su desarrollo, no pasaba de ser una “aspiración inofensiva”. Como resultado de la concentración y acumulación del capital se formaron los grandes oligopolios y monopolios cuya base financiera se consolidó desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX con la fusión del capital industrial y el capital bancario. Lenin escribió en “El Imperialismo…” : “Traducido al lenguaje común esto significa: el desarrollo del capital ha llegado a un punto tal que, aunque la producción de mercancías siga “reinando” como antes y siga siendo considerada como la base de toda la economía, en realidad se halla ya quebrantada, y las ganancias principales están destinadas a los “genios” de las combinaciones financieras” (Capítulo I, La concentración de la producción y los monopolios). Y más adelante comienza citando a Marx: “Los bancos crean en escala social la forma, y nada más que la forma, de la contabilidad general y de la distribución general de los medios de producción”, escribía Marx hace medio siglo en El Capital. Los datos que hemos reproducido referentes al incremento del capital bancario, al aumento del número de oficinas de cambio y sucursales de los bancos más importantes, de sus cuentas corrientes, etc., nos muestran concretamente esa “contabilidad general” de toda la clase de los capitalistas y aún no sólo de los capitalistas, pues los bancos recogen, aunque no sea más que temporalmente, toda clase de ingresos monetarios de los pequeños propietarios, de los funcionarios, de la reducida capa superior de los obreros, etc.”. (Capítulo II, Los bancos y su nuevo papel). En el Capítulo III (El Capital financiero y la oligarquía financiera) Lenin agregaba: “El capital financiero, concentrado en pocas manos y que goza del monopolio efectivo, obtiene un beneficio enorme, que se acrece sin cesar, de la constitución de sociedades, de la emisión de valores, de los empréstitos del Estado, etc.”. Esta descripción que hizo Lenin en 1916 tiene ahora plena vigencia. En efecto, a partir del decenio de 1970 se produjo un cambio profundo en la economía mundial, momento que marca el fin del Estado de bienestar (y también el fin de las ilusiones reformistas que engendró dicho “Estado de bienestar”). El Estado de bienestar estuvo caracterizado por la producción en masa y el consumo de masas, impulsado este último por el aumento tendencial del salario real, de la seguridad social y de otros beneficios sociales. Es lo que los economistas llaman el modelo “fordista”, de inspiración keynesiana, caracterizado por las cadenas “tayloristas” de producción (una especie de stajanovismo capitalista) iniciado en Estados Unidos, que se extendió a Europa sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. y se aplicó con limitaciones y suerte variada en algunos países de la periferia. El agotamiento del modelo del Estado de bienestar obedeció a varios factores entre los que cabe destacar los siguientes: la expansión económica iniciada con la reconstrucción de la posguerra encontró sus límites, el consumo de masas tendió a estancarse o a disminuir lo mismo que los beneficios del capital al tiempo que entraban en escena las innovaciones tecnológicas (robotización, microelectrónica, etc.). Se hizo necesario entonces incorporar la nueva tecnología a la industria para dar un nuevo impulso a la economía y eso requirió grandes inversiones de capital. Se inició así la época de la austeridad y de los sacrificios (congelación de los salarios y aumento de la desocupación) que acompañaron a la reconversión industrial. La revolución tecnológica en los países más desarrollados impulsó el crecimiento del sector servicios y se produjo el desplazamiento de una parte de la industria tradicional a los países periféricos, donde los salarios eran –y son- mucho más bajos. Se acentuó entonces el pasaje de un sistema de economías nacionales a una economía dominada por tres centros mundiales: Estados Unidos, Europa y Japón y un grupo constituido por los 'cuatro tigres de Asia': Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur. Las 'ventajas comparativas' de los Estados pasaron a ser 'ventajas comparativas' de las sociedades transnacionales con diversa implantación territorial. Con la incorporación de las nuevas tecnologías la productividad aumentó enormemente, es decir que con el mismo trabajo humano la producción pasó a ser mucho mayor. Se abrieron entonces dos posibilidades: O se incitaba al consumo de masa de los bienes tradicionales y de los nuevos bienes a escala planetaria con una política salarial expansiva, una política social al estilo del Estado de bienestar, se reducía la jornada de trabajo en función del aumento de la productividad para tender a una situación de pleno empleo y se reconocían precios internacionales equitativos a las materias primas y productos de los países pobres, o se tendía a mantener y a aumentar los márgenes de beneficio conservando bajos los salarios, el nivel de ocupación y los precios de los productos de los países del Tercer Mundo. La primera opción hubiera sido factible en un sistema de economías nacionales, en las que la producción y el consumo se realiza fundamentalmente dentro del territorio y es posible coyunturalmente un pacto social de hecho entre los capitalistas y los asalariados en tanto consumidores. Pero en el nuevo sistema mundializado, la producción se destina a un mercado mundial de 'clientes solventes' y a los capitalistas ya no les interesa el poder adquisitivo de la población del lugar de producción. Decimos coyunturalmente, porque, como explica Lenin, no puede haber un pacto social permanente entre los capitalistas y los trabajadores, porque “entonces el capitalismo dejaría de ser capitalismo, pues el desarrollo desigual y el nivel de vida de las masas semihambrientas son las condiciones y las premisas básicas, inevitables de este modo de producción. Mientras el capitalismo es capitalismo, el exceso de capital no se consagra a la elevación del nivel de vida de las masas en cada país, ya que esto significaría la disminución de las ganancias de los capitalistas, sino al acrecentamiento de estos beneficios mediante la exportación de capital al extranjero, a los países atrasados” (El Imperialismo…, Capítulo IV, La exportación de capital). En efecto, en las condiciones de la mundialización acelerada, los detentores del poder económico y político a escala mundial con su visión de 'economía-mundo' y de 'mercado global' apostaron a la segunda alternativa para elevar su tasa de beneficios (bajos salarios, bajos niveles de ocupación, liquidación de la seguridad social, precios bajos para las materias primas, etc.). Esta opción tuvo como consecuencia acentuar las desigualdades sociales en el interior de cada país y en el plano internacional, con lo que se creó una neta diferenciación en la oferta y la demanda de bienes y servicios. La producción y oferta de bienes se orientó no a la gente en general sino a los llamados “clientes solventes”. Fue así como la oferta de bienes de lujo aumentó enormemente y la oferta de nuevos productos como ordenadores y teléfonos portátiles encontró una gran masa de clientes en los países ricos y muchos clientes en la primera periferia no demasiado pobre. Como contrapartida, los bienes esenciales para la supervivencia (alimentos, salud, medicamentos) quedaron prácticamente fuera del alcance del sector más pobre de la población mundial. La idea de servicio público y de un derecho irrevocable a los bienes esenciales para vivir con un mínimo de dignidad, fue reemplazada por la afirmación de que todo debe estar sometido a las leyes del mercado. Las clases dominantes optaron entonces por ritmos de crecimiento económicos bajos, a causa de que un mercado relativamente estrecho imponía límites a la producción y surgió el fenómeno de las grandes masas de capitales ociosos (incluidos los petrodólares), puesto que no podían ser invertidos productivamente. Pero para los dueños de dichos capitales (personas, bancos, instituciones financieras) no era concebible dejarlos arrinconados sin hacerlos fructificar. Es así como el papel tradicional de las finanzas al servicio de la economía, interviniendo en el proceso de producción y del consumo (con créditos, préstamos, etc.) quedó relegado por el nuevo papel del capital financiero: producir beneficios sin participar en el proceso productivo. Este último aspecto se concreta de diversas maneras: con la compra de acciones de las empresas industriales por los inversores institucionales gestores de fondos de pensiones, por las compañías de seguros, por los organismos de inversión colectiva, etc., quienes así pasan a intervenir en las decisiones de política de las empresas industriales con el objeto de que su inversión produzca la alta renta esperada, imponiéndoles estrategias microeconómicas y a corto plazo. Y la otra manera en que el capital industrial ha ingresado en el ámbito del capital financiero especulativo es simplemente invirtiendo parte de sus beneficios en la especulación (por ejemplo con los llamados productos financieros derivados (1)), en lugar de hacerlo en la inversión productiva (2). El profesor Michel Drouin (3) dice: 'El desarrollo de los flujos de capitales internacionales, impulsado por la desregulación y la descompartimentación casi general de los mercados financieros, hizo de los años 80 el decenio de la mundialización financiera… Las operaciones financieras, cuyo volumen estaba ya desconectado del volumen de las transacciones en bienes y servicios, se hicieron autónomas, es decir movidas no por la lógica de las transacciones corrientes sino por la de los movimientos de capitales. La esfera financiera basó su desarrollo sobre ella misma a partir de la búsqueda de un beneficio surgido de la variación de los precios de sus propios instrumentos. El carácter especulativo de esta lógica de crecimiento permite hablar del surgimiento de una economía internacional de la especulación'. Los Estados Unidos y una parte de la población de dicho país son los primeros beneficiarios del proceso de mundialización financiera, la que les permite apropiarse del producto del trabajo y de los ahorros de los pueblos de todo el planeta. Ronald Mc Kinnon, profesor titular del Departamento de Ciencias Económicas de la Universidad de Stanford, en un artículo publicado en el Boletín del Fondo Monetario Internacional (4) escribe: “Durante el último decenio, el ahorro de las familias (en los Estados Unidos) ha disminuido más de lo que el ahorro público (expresado por los excedentes presupuestarios) ha aumentado en el mismo período. El enorme déficit de la balanza de pagos (exportaciones versus importaciones) de las transacciones corrientes de Estados Unidos, de alrededor de 4,5% del producto nacional bruto de 2000, refleja ese desequilibrio del ahorro. Para financiar un nivel normal de inversión interior –históricamente alrededor del 17% del producto nacional bruto- Estados Unidos ha debido utilizar ampliamente el ahorro del resto del mundo. “Malas” reducciones de impuestos –las que reducen el ahorro público sin estimular el ahorro privado- podrían incrementar esa deuda con el extranjero. Desde hace más de veinte años (es decir desde antes de 1980), Estados Unidos recurre ampliamente a las reservas limitadas del ahorro mundial para sostener su alto nivel de consumo- el de la administración federal en los años 80 y el de las familias en los años 90. Las entradas netas de capitales son actualmente más importantes que en el conjunto de los países en desarrollo. Es así como Estados Unidos, que era acreedor del resto del mundo a comienzos de 1980, se ha convertido en el más grande deudor mundial: unos 2 billones 300 mil millones de dólares en 2000. Los balances de las familias y de las empresas en Estados Unidos muestran el efecto acumulado de los préstamos privados obtenidos en el exterior desde hace diez años. La deuda de las empresas es también muy elevada con relación a su flujo de caja. Sin embargo, no tienen por qué inquietarse. Estados Unidos se encuentra en una situación única y es que disponen de una línea de crédito prácticamente ilimitada, en gran parte en dólares, frente al resto del mundo. Los bancos y otras instituciones financieras de Estados Unidos están relativamente al abrigo de las tasas de cambio: sus activos [...] y sus pasivos son en dólares. En cambio, otros países deudores deben acomodarse a las disparidades de las monedas: los pasivos internacionales de sus bancos y de otras empresas son en dólares y sus activos en moneda nacional”. En el Capítulo VIII (El parasitismo y la descomposición del capitalismo) de El Imperialismo…escribió Lenin: “El imperialismo es la enorme acumulación en unos pocos países del capital monetario…De aquí el incremento extraordinario de la clase, o mejor dicho, del sector rentista, esto es, de individuos que viven del “corte del cupón” completamente alejados de la participación en las empresas y cuya profesión es el ocio. La exportación de capital, una de las bases económicas más esenciales del imperialismo, acentúa todavía más este divorcio completo del sector rentista respecto de la producción, imprime un sello de parasitismo a todo país que vive de la explotación del trabajo de algunos países ultraoceánicos y de las colonias”…Por este motivo, la noción de “Estado rentista” o Estado-usurero ha pasado a ser de uso general en la literatura económica sobre el imperialismo. El mundo ha quedado dividido en un puñado de Estados- usureros y una mayoría gigantesca de Estados deudores”. Con esta 'economía internacional de la especulación' se aceleró la acumulación de grandes capitales en pocas manos (a expensas sobre todo de los trabajadores, de los jubilados y de los pequeños ahorristas) y se creó la ilusión de que el dinero podía reproducirse por si sólo, sin ayudar a crear valor. En el caso de las participaciones del capital financiero (fondos de pensiones, compañías de seguros, etc.) en industrias y servicios, la elevada renta que exigen y obtienen dichos capitales está fundada en la degradación de las condiciones de trabajo en esas industrias y servicios. Es bien conocido el fenómeno de que cuando una empresa anuncia despidos sus acciones suben. También se suceden los escándalos que afectan a los grupos financieros (fondos de pensiones, etc.) e industriales y cuyas víctimas de predilección son los pequeños y medianos ahorristas. Lenin escribía en 1916: …”Este ejemplo típico de “equilibrismo” en los balances, el más común en las sociedades anónimas, nos explica por qué las direcciones de éstas emprenden negocios arriesgados con mucha más facilidad que los negociantes particulares. La técnica moderna de elaboración de los balances no sólo les da posibilidades de ocultar al accionista medio la operación arriesgada, sino que incluso permite a los individuos principalmente interesados descargarse de responsabilidad por medio de la venta oportuna de las acciones en el caso de que fracase el experimento, mientras que el negociante particular responde con su piel de todo lo que hace” ( El Imperialismo…, Capítulo III. El capital financiero y la oligarquía financiera) Estas son las formas en que el capital transnacional mantuvo y mantiene una alta tasa de beneficios y un acelerado ritmo de acumulación y concentración a pesar del crecimiento económico lento y de la existencia de un mercado restringido. Este proceso de concentración del capital monopolista a escala mundial, la llamada “mundialización”, tiene consecuencias bien precisas. David Korten (5), citando a alguien que viene, como diría Martí, de las “entrañas del monstruo”, escribe: 'Robert Reich, secretario americano del Trabajo en la administración Clinton, explicaba en su libro The Work of Nations (1991) que la mundialización económica promovida con tanto éxito por las instituciones de Bretton Woods llevó a las clases más ricas a separar su interés del de la nación y, por eso mismo, a no sentirse interesados por sus vecinos menos favorecidos ni obligados en forma alguna hacia ellos. La ínfima minoría de los muy ricos ha formado una alianza apátrida en virtud de la cual el interés general se confunde con los intereses financieros de sus miembros. Esta separación se ha producido casi en todos lados con tal amplitud que la distinción entre países del Sur y del Norte ya no tiene mayor significación. La división no es más entre países sino entre clases. Cualquiera haya sido la intención, las políticas propiciadas por las instituciones de Bretton Woods que tuvieron éxito permitieron inexorablemente a los muy ricos reivindicar las riquezas del mundo entero a expensas de sus semejantes, de las otras especies y de la viabilidad de los ecosistemas del planeta' Vale la pena citar también un párrafo de un libro escrito por un grupo de economistas franceses en 1983, porque es una previsión bastante exacta de la sociedad actual: 'La culminación de la regulación monopolista privada a escala mundial conducirá a una reestructuración drástica y, sin duda, irreversible, de los Estados- naciones. Estos se convertirán en territorios amorfos cuyas funciones económicas estarán determinadas desde el exterior por oligopolios internacionales. Esos territorios serán a la vez grandes espacios abiertos y fragmentados. Se impondrá una estructura dualista, hecha de un sector 'moderno' y otro 'tradicional'. En el primero, ampliamente internacionalizado, estarán concentradas las sedes de los grandes grupos, las industrias de alta tecnología, las grandes instituciones de enseñanza, los dirigentes y los ingenieros mejor formados, ellos mismos muy movibles y hablando el mismo idioma, los laboratorios y todo el complejo de medios de comunicación internacionales. El sector 'tradicional ' agrupará la masa de la población, con baja remuneración y calificación, dedicada a las tareas subcontratadas por el sector moderno en las que, quizás, un tiempo de trabajo más corto será compensado por la reducción de la cubertura de las necesidades sociales, la que será preferida al desempleo, cuya tasa será elevada' (6). En esas condiciones, las posibilidades de un desarrollo nacional autocentrado, basado en un pacto social de hecho entre los capitalistas y los trabajadores, que preconizaban, con distintos matices o enfoques diferentes, los teóricos latinoamericanos de la dependencia (7), es actualmente irrealizable. Ese “pacto social de hecho” entre capitalistas y trabajadores, estos últimos en tanto consumidores, fue factible en un sistema de economías nacionales, en las que la producción y el consumo se realizaba fundamentalmente dentro del territorio. Pero en el sistema mundializado actual, como se ha señalado más arriba, la producción se destina a un mercado mundial de 'clientes solventes' y a los grandes capitalistas “nacionales” ya no les interesa que aumente el poder adquisitivo de la población del lugar de producción. Algunos intentos de llevar a la práctica en América Latina y el Caribe, con diferentes modalidades, ciertas ideas de los teóricos de la dependencia, cuando las condiciones económicas mundiales podían permitir suponer que dichas ideas eran viables, no terminaron de someterse a la prueba de los hechos porque finalizaron abruptamente con intervenciones militares, golpes de Estado y dictaduras promovidos por Estados Unidos, como fueron los casos de Guatemala, con Arévalo y Arbenz, de Brasil con Goulart, de Chile con Allende, etc. En Argentina el peronismo como proyecto nacional (si se puede hablar en América Latina de proyecto nacional cuando no se toca la propiedad terrateniente) comenzó a agotarse de 1950 en adelante con la redistribución negativa de los ingresos para los asalariados, la misión Cereijo a los Estados Unidos, la ley de inversiones extranjeras de 1953, el contrato con la Standard Oil California, etc. hasta que el 1955 la oligarquía y el gran capital -fuerzas armadas mediante- le dieron el puntapié final. El ensayo camporista de 1973 de ”volver a las fuentes” sólo duró 49 días. Los años de gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua fueron un intento de aplicar un modelo propio de desarrollo, con cierto número de realizaciones en su activo (reforma agraria, educación, alimentación, etc.), pero la guerra económica, militar y paramilitar que libró Estados Unidos contra los sandinistas, a la que se sumaron, hacia el final de su mandato, las concesiones del Gobierno sandinista a las políticas fondomonetaristas, condujeron a la derrota electoral de 1990. Cuba es un caso aparte porque de entrada rompió con el capitalismo tal como existe actualmente en su fase imperialista. Eso le ha permitido el “milagro” de ser un modelo para los países pobres (y ricos) en materia de educación, salud, vivienda, etc., y de resistir al mismo tiempo durante casi medio siglo al bloqueo y a los atentados terroristas promovidos y organizados por los Estados Unidos. Al precio de tensiones internas permanentes que dieron lugar a serias distorsiones políticas. Pero este es otro tema, aunque de rigurosa actualidad a la hora de la “transición”, de la que todos hablan, tanto dentro como fuera de la isla. Todo el mundo, amigos y enemigos, tienen la mirada puesta en Venezuela y en su Presidente Chávez, en su audaz política exterior y en su desafío permanente al imperialismo estadounidense. Pero por ahora hay un evidente desfasaje entre esa política exterior y una verdadera política interior de ruptura con el capitalismo en su fase imperialista. Los hechos (Lenin repetía con frecuencia el proverbio “los hechos son testarudos”) indican que, en cuanto a la integración regional, actualmente hay que ser extremadamente cauteloso y que nada justifica el entusiasmo que ha suscitado en algunos sectores la reciente Cumbre de Presidentes celebrada en Córdoba. Porque se puede afirmar que no es posible concretar actualmente una auténtica integración subregional sudamericana ni regional latinoamericana y caribeña al servicio de los intereses nacionales y populares que haga realmente frente al gran capital transnacional y a sus personeros políticos porque salvo, en un grado diferente y en cierta medida, las excepciones de Cuba y Venezuela, no existen en los gobiernos, ni en cada país, ni regionalmente, la voluntad, los proyectos políticos, económicos y sociales ni los instrumentos jurídicos necesarios para concretar tal tipo de integración. Se suele poner de relieve el fracaso del intento estadounidense de imponer el ALCA. Pero algunos olvidan la existencia de numerosos tratados bilaterales de libre comercio, de protección de las inversiones y otros similares. Esos tratados, como consecuencia de la aplicación de las cláusulas de «trato más favorable», de « trato nacional » y de “nación más favorecida”, que figuran en casi todos ellos, funcionan como un sistema de vasos comunicantes, que permite a las políticas imperialistas circular libremente a escala regional y planetaria y penetrar en los Estados, donde desintegran las economías nacionales y generan graves daños sociales. Dicho en otros términos, un país o una subregión signataria de tratados bilaterales con Estados Unidos pueden funcionar como “caballo de Troya” del poder transnacional en otro país o subregión. Para evitar, solo en parte, el efecto “caballo de Troya”, los Estados Parte en el MERCOSUR firmaron en Buenos Aires el 5 de agosto de 1994 el Protocolo sobre Promoción y Protección de Inversiones Provenientes de Estados No Partes del MERCOSUR. En su artículo 1º el Protocolo dice que los Estados Partes se comprometen a no otorgar a las inversiones realizadas por inversores de Terceros Estados un tratamiento más favorable que el que allí se establece. Pero por falta de ratificaciones este Protocolo no ha entrado en vigor. De modo que el efecto “caballo de Troya” puede seguir funcionando en el MERCOSUR. Para decirlo en lenguaje informático, por esta red mundial de tratados bilaterales, regionales e internacionales circula libremente el virus del imperialismo que, cuando penetra en un país, destruye las economías nacionales y las conquistas sociales, así sean mínimas. El “antivirus” para evitar la contaminación consiste en establecer normas protectoras del desarrollo armónico de la economía nacional complementadas con una justicia distributiva de los resultados, tener la voluntad política de aplicar ambas y sobre esas bases plantearse una política de integración regional. Tal cosa existió en cierta medida en algunos países de nuestro continente hace varios decenios, lo que se reflejó en algunas políticas nacionales, en varias leyes nacionales sobre inversiones extranjeras, en la legislación social y, en el plano regional, en la Decisión Nº 24 del 31 de diciembre de 1970 del Acuerdo de Cartagena (8). Todo lo cual desapareció después. Y ahora, tanto las normas protectoras de la economía nacional como la voluntad política de rescatarlas o crearlas son inexistentes. Todo esto comporta, como dice Lander, (9) «el establecimiento de la plena prioridad de los derechos del capital, o derecho mercantil, sobre los derechos democráticos o derechos de la gente, movimiento que se expresa en varias tendencias que se han venido dando en el sistema internacional durante las últimas décadas. Entre éstas, ha sido particularmente significativo el progresivo desplazamiento de las Naciones Unidas y de sus organizaciones asociadas por las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional), como centros del sistema institucional multilateral… …Como resultado de la hegemonía del neoliberalismo que acompaña el nuevo orden unipolar, cada uno de los principales asuntos de la vida colectiva pasa a ser pensado y decidido desde una óptica cada vez más estrechamente mercantil… …Se consolidan -como régimen jurídico de obligatorio cumplimiento- las políticas de liberalización y privatización que se habían impuesto a prácticamente todos los países del Sur. Esto es, mediante acuerdos internacionales, se busca hacer que estas políticas no puedan ser revertidas. A 90 años de haberlo escrito, el trabajo de Lenin analizando el imperialismo conserva plena actualidad, con los obvios ajustes que requieren los cambios políticos, sociales, económicos y tecnológicos ocurridos desde entonces. Pero sobre todo, hay que rescatar y utilizar su método de análisis, el mismo que empleó Marx para radiografiar el capitalismo, consistente en un examen riguroso y profundo de los hechos, partiendo del estado real de desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción en un momento y un lugar dados, de las fuerzas económico-sociales en presencia, de las relaciones entre ellas en función de sus respectivos intereses y de su respectivo peso económico-social y de las tendencias realmente dominantes. Lo que implica abandonar la tendencia a confundir situaciones coyunturales con fenómenos estructurales y dejar la costumbre de creer que la realidad consiste en los mitos, los símbolos y los discursos y no en los hechos. Es decir acostumbrarse a ver al mundo sobre sus pies como hizo Marx y no cabeza abajo, como pretendía Hegel.Notas: 1) Los productos derivados son contratos cuyo valor depende o'deriva' de un activo subyacente que es tratado en un mercado. Ese activo puede ser un bien (materia prima), un activo financiero (una moneda) o incluso una canasta de activos financieros (índice bursátil). (Drouin, pág. 125, véase nota 3.).2) François Chesnais, Tobin or not Tobin , ed. L’Esprit frappeur, Paris, 1998. Del mismo autor, Le capital rentier aux commandes , en Les Temps Modernes nº 607, Paris, janvier-février 2000. Véase también de F. Chesnais La mondialisation du capital y, bajo la dirección del mismo autor, La mondialisation financiére , ed. Syros, Paris, 1996.3) Michel Drouin, Le systéme financier international, Edit. Armand Colin, Paris, enero 2001, Cap. V.4) Fondo Monetario Internacional, Finances et Developpement junio 2001.5) David C. Korten, L'échec des institutions de Bretton Woods, en Le procés de la mondialisation, bajo la dirección de Edward Goldsmith y Jerry Mander, ediciones Fayard, París, marzo 2001, pág. 91. (edición original en inglés: The Case again the globalisation).6) Michalet, Delapierre, Madeuf y Ominami, Nationalisations et Internationalisation….Ed. La Découverte/Maspero, París, 1983, p. 147.7) Cabe mencionar entre ellos a Gunder Frank, Furtado, Faletto, Cardoso, Mauro Marini, Prebisch, Theotonio dos Santos, etc. Para una crítica de algunas de sus formulaciones puede leerse 'Siete tesis equivocadas sobre América Latina' (1965), de Rodolfo Stavenhagen. Pero algunos de ellos, como Gunder Frank, tuvieron razón en afirmar que el subdesarrollo formó y forma parte del mismo proceso histórico que generó el desarrollo capitalista ('América Latina: subdesarrollo o revolución', 1963). O el mismo Stavenhagen, que en su trabajo 'Siete tesis…' dice certeramente que las sociedades latinoamericanas no son duales y que existe una relación de complementaridad entre los 'polos de desarrollo' y las zonas subdesarrolladas.8) Acuerdo celebrado entre un grupo de países andinos el 26 de mayo de 1969. La Decisión Nº 24 se refería al régimen común de tratamiento a los capitales extranjeros y sobre marcas, patentes, licencias y regalías.9) Edgardo Lander, El ALCA y los derechos humanos. www.ceim.uquam.ca/textes/construire_lander.pdf

La muerte de la literatura según Todorov

Crítica y contribución al debate acerca del libro: La Literatura en peligro de Tzvetan Todorov
Blas López-Angulo
Rebelión

En La literatura en peligro Todorov repasa sumariamente las relaciones entre literatura y comprensión del mundo. Cuestiones como la “el arte por el arte”, la autonomía de la obra, etc., han dado en dividir la producción entre una literatura de masas y una literatura elitista de críticos y académicos estudiosos. Cualquier método de análisis que, olvidándose de su función, se entroniza como fin en sí mismo no sólo peca de reduccionista, sino de irresponsable. Nos lo dice alguien que en los ochenta había comenzado su desarraigo del corsé de los sistemas y las categorías. La Bulgaria comunista, confiesa que coartaba su libertad investigadora, por lo que se refugió en los estudios de la forma. Para evitar tanto una adhesión a la temática revolucionaria que no sentía, así como una desafección que tampoco practicaba. Llegado a París en 1963 profesionaliza su interés por los citados estudios: se afilia al círculo de Barthes, traduce al francés y compila a los formalistas rusos, ahonda en el estructuralismo, la filosofía del lenguaje y la semiótica . Sin embargo, a raíz de su creciente afinidad con los temas de la otredad, pronto pierde su afición por los aparatos analíticos establecidos. ( Personalmente, en los 90 mi conocimiento se corresponderá con este “segundo Todorov”).
Esta toma de distancia se traduce en Crítica de la crítica (1984), cuidado embate contra la concepción inmanente de la literatura defendida desde hace 200 años por los románticos y sus innumerables herederos. Parecen olvidar, alega Todorov, que “La literatura trata sobre la existencia humana”. Efectivamente, en 1750 -nos recuerda el ensayista- surge la Estética como disciplina (ciencia de la percepción) completando un giro, puesto que los cánones tradicionales se centraban en la Retórica (se aprendía cómo escribir). Como consecuencia muchas artes abandonan su servicio en iglesias o palacios instalándose en museos para ser contempladas por su solo valor estético. El famoso urinario de Duchamp se convertirá en obra de arte, por el mero hecho de trastocar su ubicación y destino. Lo cual no es de extrañar, dado que a principios del siglo XX el arte termina por romper su relación con el mundo. En parte, debido al impacto de las tesis de Nietzsche que niega la verdad o la validez de cualquier método para llegar a ella. No es casual su influencia posterior en filósofos como Heidegger, Gadamer y posmodernistas: Lyotard, Vattimo, Rorty...Se negará la mayor: no sólo la literatura no está legitimada como vía de conocimiento, sino que el discurso filosófico y científico se verán afectados por esa misma sospecha. Los “deconstruccionistas” los describirán como si fueran géneros literarios. Ahora bien, a Rorty Todorov le tiene bastante en cuenta cuando aquel propone en un estudio ( Redemption from Egotism. James and Proust as spiritual exercices, 2001) la aportación de la literatura a nuestra comprensión del mundo. No como verdad o conocimiento, sino como cura para nuestro “egotismo” . “Lo que las novelas nos ofrecen no es un nuevo saber, sino una nueva capacidad de comunicación con seres diferentes de nosotros, y en este sentido participan más de la moral que de la ciencia” (p.88, La literatura en peligro ).
Todo esto por contradictorio que nos parezca no deja de tener su coherencia. Equiparados todos los “relatos”, ante la esterilidad de cualquier propuesta filosófica, cabe, en cambio, otorgar al arte, además de su plus estético, una especie de iluminación “comunicativa”en un plano de “interacción subjetiva”. El siguiente paso sería recomendar las enseñanzas de Eurípides, Dante, Shakespeare o Cervantes sobre la condición humana antes que las de los más eminentes sociólogos o psicólogos.En mi opinión, los excesos del formalismo académico, íntimamente ligados al nihilismo y solipsismo que también cita Todorov, han pervertido algunas claves bien armonizadas desde el Renacimiento, perfectamente retomadas en la Crítica del juicio (1790) de Kant. Lo bello no puede objetivarse, pero puede reconocerse y valorarse moralmente de forma consensuada por la comunidad.
Por lo demás, los peligros de la literatura no sólo tienen que ver con sus mercenarios exégetas. Evidentemente, la cultura audiovisual del pasado siglo, unido a las nuevas tecnologías del presente, incluso los nuevos soportes, condicionan su futuro tanto o más. Y conforma su propuesta de “fomento” de la lectura, incluso de aquella literatura que personalmente aborrece, un espíritu afín a las utopías rousseaunianas de la Ilustración basadas en la educación y progreso, actualmente, al menos en parte, cuestionadas.En definitiva, conviene relativizar los peligros de la literatura y el arte. Ya en su tiempo Hegel pronosticó la muerte del arte, justo por lo contrario, "la apoteosis de la razón". Manejaba un concepto, Aufheben, con un doble sentido contradictorio en alemán, que por lo dicho antes nos viene de perlas. Aufheben quiere decir por un lado “superar en tanto que abolir ” . El arte y la literatura abolidos como lenguajes, trivializados. En cambio, Aufheben, “ superar” es también elevar a un estado superior su sentido, trascenderlo, conservarlo (¡en una 3ª acepción complementaria!) en otro nivel, no suprimirlo. Por eso mismo, Schlegel con ironía relativizaba los virtuosismos de las formas. Lo cual como compartía el otro día, a propósito del ensayo de Chirbes, no quiere decir que el autor deba despreciar la sabiduría literaria acumulada. Ni que su obra deba separarse del acervo universal de toda experiencia humana. De otra manera y durante la anomalía del franquismo lo dejó escrito en su pizarra el profesor de Estética, precisamente, José Mª Valverde, antes de renunciar a su cátedra: “ Nulla aesthetica sine ethica. Ergo apaga y vámonos”.

miércoles, 21 de abril de 2010

La parábola del elefante y las pulgas. Un libro imprescindible para la izquierda (IV)

Sobre la edición de Los ejércitos secretos de la OTAN de Daniele Ganser. Grecia y los ejércitos stay behind.

Salvador López Arnal
Rebelión

En la cronología de las páginas 340-346, Grecia aparece en una sola ocasión. La siguiente:
1967. En Grecia, el ejército stay-behind Fuerzas de Asalto Helénicas toma el control del Ministerio de Defensa griego y comienza un golpe de Estado, instaurando una dictadura derechista.
Sin embargo, el capítulo de Los ejércitos secretos de la OTAN dedicado a Grecia, el décimo sexto, es uno de los más interesantes del ensayo de Daniele Ganser. Es magnífica la explicación del final de la guerra mundial en Grecia, y de la posterior intervención imperial (que refuta la que fuera usual afirmación en torno a que la primera intervención militar en Europa después de la II Guerra Mundial se produjo con la invasión de Budapest por las tropas del Pacto de Varsovia en 1956) y está igualmente a su altura lo narrado sobre el golpe fascista de 1967. Dejo ambos temas para una próxima colaboración.
Me centro en una conversación, y en una derivada posterior, entre el entonces comandante en Jefe Imperial Lyndon B. Jonson, el sucesor de Kennedy, un presidente demócrata, no republicano, y el embajador de Grecia en la Casa Blanca, Alexandr Matsas. Fue en 1964.
Jack Maury, que había reemplazado al antiguo Jefe de Estación de la CIA en Atenas, había recibido la orden de eliminar a Georges Papandreu del poder. Tiempo atrás, Papendreu había emprendido una lucha contra la CIA y el KYP, el servicio secreto militar griego, forzando la dimisión del primer ministro griego conservador, abiertamente apoyado por la CIA, Constantino Karamanlis. En la siguientes elecciones, en noviembre de 1963, la Unión de Centro, una coalición de centro izquierda, consiguió el 42% de los votos y 138 escaños en el Parlamento. Papandreu fue elegido primer ministro de 1964. Desde la invasión de Hitler, era la primera vez que la derecha griega, y los sectores sociales que tan fielmente representaba, se enfrentaba a una pérdida relativa de poder. Para muchos, es una constante político-historiográfica, sonó la alarma y hubo gritos: el país se encaminaba, dijeron, gritaron, hacia la toma del poder por el Partido Comunista. La sentencia fue dictada al poco: Papandreu debía ser eliminado.
Adoptando un perfil visiblemente arrogante, vistiendo trajes llamativos y grandes anillos y conduciendo un coche grande americano —más grande que el del embajador, como se aprestaba a apuntar—, señala Ganser (página 302), el Jefe de Estación de la CIA quiso hacer una demostración pública de poder. Con el apoyo del Rey Constantino (el pariente de la Reina Sofía de España), los realistas y oficiales derechistas del ejército y el servicio secreto, maniobraron en junio de 1965 para expulsar a Papandreu del cargo de primer ministro por prerrogativa real. Le siguieron numerosos gobiernos de corta duración. El ejército secreto, aconsejado por el oficial del KYP Konstantin Plevris, se empleaba a fondo, y clandestinamente, para manipular el clima político.
Estallaron bombas en todo el país. El puente Gorgopotamos fue volado en pedazos por una de ellas en 1965, cuando la izquierda y derecha democrática se unían para conmemorar su resistencia a la ocupación nazi “y, en particular, conmemorar la maniobra con la que dejaron empapados a los alemanes tras volar el puente en plena ocupación”.
La masacre fascista dejó cinco muertos y casi 100 heridos, muchos gravemente heridos.
Tiempo después, un oficial implicado en las operaciones secretas stay-behind, declaro que ellos eran “oficialmente terroristas entrenados” subrayando que habían disfrutado siempre de un poderoso apoyo. ¿Qué apoyo? Tenía un nombre conocido: la administración de Lyndon Johnson en Washington, “quien ya en el contexto de la guerra en Chipre había dejado claro al gobierno griego quién estaba al mando”.
En el verano de 1964 el Presidente en Jefe L. B. Johnson llamó al embajador griego Alexander Matsas a la Casa Blanca, Le señaló que el problema en Chipre debía ser resuelto dividiendo la isla en una parte turca y otra griega.
Matsas rechazó el plan. Johnson tronó como Zeus y Júpiter juntos y exaltados. Por su boca y sus ojos. Estas fueron sus palabras:
“[…] Entonces escúcheme, Sr. Embajador, que se joda su Parlamento y su Constitución. América es un elefante. Chipre es una pulga. Grecia es una pulga. Si estas dos pulgas continúan picando al elefante, simplemente serán aplastadas por la trompa del elefante. Bien aplastadas” [la cursiva es mía]
El gobierno de Grecia debía seguir las órdenes de la Casa Blanca. La razón esgrimida por mister Jonson era clara pero no distinta: “Pagamos muchos dólares americanos a los griegos, Sr. Embajador. Si vuestro primer ministro me da una lección sobre democracia, Parlamentos y constituciones, él, su Parlamento y su constitución no durarán mucho”.
Matsas, consternado, acaso con voz débil, se atrevió a afirmar: “Debo protestar por su actitud”. Johnson siguió en su tono anterior: “No te olvides de contarle al viejo Papa —¿cuál es su nombre? [SLA: L.B.J. se refería a G. Papandreu]— que te lo he dicho. Recuerda decírselo te digo”.
Matsas, como era su obligación institucional, cablegrafió la conversación por teléfono al primer ministro griego. El servicio secreto norteamericano interceptó el mensaje. El teléfono de Matsas sonó poco después. El comandante en Jefe estaba al otro lado del auricular:
“¿Está intentando entrar en mi lista negra, Sr. Embajador? ¿Quieres que me enfade realmente contigo? Era una conversación privada entre tú y yo. No tenías por qué poner todas las palabras que utilicé contigo. Cuidado con lo que haces”.
La línea se cortó. Hubo una situación parecida pocos años después.
Andreas [1], el hijo de George Papandreu, fue testigo de las manipulaciones y la guerra secreta en su país. Andreas había dejado Grecia en los años treinta para escapar a la represión de la dictadura de Metaxas. Se convirtió en ciudadano americano, llevó una carrera exitosa como economista y académico y encabezó el departamento de economía de la Universidad de California en Berkeley.
Durante la segunda guerra mundial sirvió en la Marina de los EEUU. Después de la guerra fue contactado por la CIA para trabajar en el grupo de políticas mediterráneas. Fue miembro de la agencia usamericana. Cuando comenzó a comprender el rol de los Estados Unidos en Grecia cortó sus lazos y a finales de los años cincuenta volvió a Grecia para convertirse en uno de los críticos más destacados de la política de los Estados Unidos.
El joven Papandreu atacó en sus discursos la interferencia estadounidense en la política griega, a la OTAN, a la corrupción del rey, a los partidos conservadores griegos y al establishment griego en general. En 1964, Andreas Papandreu asumió cargos ministeriales y descubrió que el KYP espiaba rutinariamente las conversaciones en los ministerios y enviaba los datos a la CIA. Despidió a dos oficiales de alto rango del KYP e intentó reemplazarlos por oficiales más fiables. Les ordenó interrumpir toda cooperación con la CIA. El nuevo Director del KYP “volvió a decir, disculpándose, que no podía hacerlo. Todo el equipamiento era americano, estaba controlado por la CIA o por griegos bajo supervisión de la CIA. No había ningún tipo de distinción entre los dos servicios. Duplicaría las funciones una relación de contraparte”.
Cuando Papandreu desafió al KYP, Norbert Anshutz, el subdirector de la Misión Diplomática de la Embajada norteamericana, fue a visitarle. Le aconsejó revocar sus órdenes al KYP. Papandreu se negó y ordenó al funcionario norteamericano que abandonase su oficina. Anshutz replicó advirtiéndole que “habría consecuencias”.
Las hubo. El golpe de Estado militar llegó la noche de abril del 20 al 21 de 1967, un mes antes de las elecciones programadas. Las encuestas, incluyendo las de la CIA, predecían una arrolladora victoria de la Unión del Centro.
El elefante aplastaba, en compañía de sus amigos de siempre, a las pulgas rebeldes.
Nota:
[1] En colaboración con J. R. Lasuén, Sacristán tradujo a principios de los sesenta La economía como ciencia de A. G. Papandreu para la colección Zetein de Ariel que él mismo dirigía. Escribió además una presentación, fechada en diciembre de 1961, firmada conjuntamente con Lasuén pero cuya autoría, según varios testimonios coincidentes, es obra exclusiva suya. Representa en mi opinión una apretada manifestación de las posiciones metodológicas iniciales de Sacristán en el ámbito de las ciencias socials. Algunas de las preocupaciones vertidas en este escrito se mantuvieron inalterables a lo largo del tiempo, como puede corroborarse con los apuntes de metodología de la ciencia de sus cursos de 1981-1982 y 1983-1984.
La positiva consideración del ensayo de Papandreu no implicó ausencia de matices críticos. Así, en una conferencia sobre “Formalismo y ciencias humanas” (1962), Sacristán señalaba:
“(...) Más interesante es la observación de Papandreu, la que se refiere a la polivalencia semántica o polisemantismo de las teorías económicas más elementales, esto es, las de Estática comparativa -si no más elementales, por lo menos no las más complejas (...) Pero lo primero que ya hay que observar es que polivalencia semántica se presenta ya en matemáticas, no sólo en Ciencias Sociales, sino en la más abstracta de todas las disciplinas que cultivamos, aparte de la lógica [...] Con esta primera observación a uno le extraña que un lógico como Papandreu piense que la polivalencia semántica es un rasgo especialmente nefasto de las Ciencias Sociales, por ejemplo, de la teoría económica, cuando ese mismo rasgo resulta darse no ya en matemática superior sino en aritmética. Y no hay ninguna duda de que en aritmética es un mal: está claro que para la teoría del número natural resulta molesto no poder contar con un conjunto de axiomas que sean categóricamente representativos, digamos, del conjunto de los números naturales. Pero, en cambio, en mi opinión, no está nada claro que esa polivalencia semántica sea un mal para ciencias empíricas en general, para ciencias positivas, no ya para Ciencias Sociales, por lo siguiente: Vds. saben que el concepto de campo en Física nació propiamente en relación con nociones eléctricas y magnéticas, propiamente electro-magnéticas; luego el concepto de campo se ha extendido bastante a dominios muy diversos y que yo sepa -subrayo el que yo sepa y subrayo en mi opinión porque naturalmente que no soy competente en Física, como naturalmente tampoco lo soy en ciencias sociales seriamente- pero, que yo sepa, nadie ha considerado un mal el hecho de que el concepto de campo llevara en sí la posibilidad de una polivalencia semántica”.
Al contrario, proseguía Sacristán, todo esto había parecido muy bien en Física y había sido considerado progreso. Progreso de la Física,el que fuera posible someter en general, no ya a propósito del concepto de campo, dominios y ramas teóricas distintas a leyes que contenían nociones en un principio pensadas para uno solo de esos campos. A lo que añadía:
“[…] Naturalmente que, con esto, en Física, donde las abstracciones están ya muy elaboradas, se produce a la larga una unificación de conceptuación que anula lo que tenga de intranquilizador la polivalencia semántica, pero no veo tampoco que esté escrito en ninguna parte que este mismo proceso no pueda ocurrir en Ciencias Sociales...”
El texto de su presentación del libro La economía como ciencia era el siguiente:
“La rapidez con que el público y los estudiosos españoles han tomado conciencia de la importancia de los temas teoréticos en economía, es sin duda, en última instancia, muy buena cosa. Pero el crecimiento rápido, en los adolescentes, igual que en la cultura, suele ir acompañado por el tonto vicio de la pedantería. El aspecto actual de la literatura y la enseñanza de las cuestiones económicas en España son buen testimonio de ello. Pero entre la pedantería del adolescente y la de una producción nominalmente científica hay una diferencia muy importante: la del joven se compensa con la obra de sus años posteriores; la del escritor impaciente, en cambio, no desaparece por el curso de un crecimiento natural; para una rama de la cultura, el crecimiento sólo puede ser fruto de examen de conciencia y propósito de enmienda.
Sería desde luego injusto afirmar que la pedantería entre los economistas sea fenómeno exclusivo de culturas nacionales como la nuestra; lo reciente y rápido del acceso público español a la temática teórico-económica puede, sin duda, haber dado a aquella pedantería más alas -y más lucro al pedante- que en otros países. Pero las causas del fenómeno son universales: movidos por el plausible deseo de llevar sus estudios a edad adulta, los economistas han incorporado masivamente de la filosofía, la lógica formal y la teoría de la ciencia toda una terminología, principalmente analítica, que no se desprendió de las ciencias naturales y, sobre todo, de las formales (lógica formal y matemática) sino cuando éstas ofrecían a la especulación y al análisis filosófico-científico teorías muy redondas y completas. Conceptos e ideales como el de teoría axiomática o, en general, el de construcción algorítmica de un cuerpo de conocimientos no se han aplicado concretamente en lógica o en matemática sino doscientos años largos después de su primera formulación moderna (la de Leibniz) o hasta más de dos mil años después de los primeros y parciales logros de esos ideales (con Aristóteles y Euclides). En los estudios económicos, por el contrario, ha bastado con ver unas cuantas cosas, más o menos claramente, para que los especialistas se lanzaran a intentar articularlas según los ideales de conocimiento que tan larga gestación tuvieron en las ciencias formales y de la naturaleza.
Y si eso puede decirse de los grandes de la teoría económica, no hará falta mucha fantasía para imaginar lo que ocurre entre individuos de menor estatura. En frenética lucha por el prestigio, hay quien ya ha decidido no sumar nunca más, sino ‘integrar’ siempre; no formular hipótesis, sino llamar ‘teoría’ al primer par de ideas que se le ocurren, y no carecemos de personas empeñadas en 'axiomatizar' a toda costa las cuentas de la vieja.
Pero como fondo de esas extremas y grotescas manifestaciones de la pedantería de los economistas hay oscuridades conceptuales bastante más graves, y bastante menos imputables a pecaminosas intenciones publicitarias. El presente ensayo de A. G. Papandreu puede contribuir apreciablemente a disipar entre nosotros dos sobre todo de esas oscuridades. La una se refiere al concepto de teoría; la otra, al carácter empírico de las proposiciones económicas. Por lo que hace al primer problema, la terminología adoptada por el autor -y respetada en la traducción- es un tanto insólita, pero se encamina precisamente a combatir con eficacia el mal uso de la palabra “teoría”: no todo conjunto de enunciados es una teoría, enseña en sustancia el autor, sino sólo aquel cuyo campo de relevancia está unívocamente determinado; y éste no es el caso frecuente en economía. (Papandreu da el nombre de 'modelo' al conjunto de enunciados cuyo campo de relevancia no está unívocamente determinado). Consiguientemente, hay que admitir que los enunciados económicos componen raras veces teorías en el sentido fuerte de esta palabra, tomado de la ciencia de la naturaleza. De aquí, por lo que hace al segundo problema, la importancia decisiva de la verificación empírica. Es precisa no ya por prurito positivista, sino para dar sentido a los modelos económicos. Estos, como todo conjunto de enunciados cuyo campo de relevancia no es unívocamente determinado, no tiene en rigor sentido pleno mientras no se le ponga en relación con algún campo empírico mediante operaciones de verificación. Así pues, por grande que sea la utilidad de la construcción formal de las 'teorías' (modelos), de la formalización lógico-matemática, en economía, habrá que tener presente siempre que el modelo formalizado no es por sí mismo más que aquel 'juego de las cuentas de vidrio' que inspiró a Hermann Hesse una voluminosa y conocida narración.
Seguramente lo más característico del ensayo de Papandreu es que su llamamiento a la sensatez empírica se arguye y construye con un instrumental lógico de primera calidad, del todo suficiente a pesar de la natural compresión de la materia en un volumen tan breve. El concepto (formal) de estructura, tan oscilante y vago en la literatura económica1, se beneficia especialmente de la aplicación de ese instrumental lógico, con una definición que acaso tenga como único inconveniente el de no ser fácilmente intuible para relaciones (funciones) no numéricas. Pero no es cosa de entrar aquí en detalles que el propio autor resume con extraordinario talento didáctico en su excelente capítulo introductorio”.
Sacristán finalizaba señalando que tanto por la difusión relativamente escasa de los estudios modernos de lógica en España –su manual se editaría tres años después- cuanto por las peculiaridades de la terminología del autor del ensayo, había tenido que poner algunas notas a pie de pagína. Fue una constante, una magnífica constante en su labor socrático-traductora.

martes, 20 de abril de 2010

“Elogio a la locura” de Erasmo de Rotterdam

Luis Roca Jusmet
Rebelión

Los clásicos del pensamiento se definen, como bien dice el gran filósofo vivo Pierre Hadot, por su capacidad de presentar una experiencia intelectual que puede ser revivida más allá del momento histórico en que fue escrita. “Elogio a la locura”, escrito por Erasmo de Rotterdam en el siglo XVI, es un libro bien curioso. Por una parte porque siendo la obra más conocida del autor fue escrita en pocos días como una especie divertimento. Erasmo estaba aburrido en casa de Tomás Moro y en unos días escribe este libro. No es un caso único porque lo mismo pasó con Freud respecto a su “Malestar en la cultura”. En ambos casos hay una frescura y una fluidez que no tienen sus escritos más rigurosos. Pero lo más fuerte es que Erasmo, que ha pasado a la historia por la defensa de la racionalidad de un humanismo equilibrado, pase a la historia con un libro que no es un elogio de la razón sino todo lo contrario. La palabra latina stultia además no es tanto lo que hoy entendemos por locura ( dementia) sino más bien la estupidez.Hay una razón, que podríamos llamar táctica que puede explicar el título. La crítica de Erasmo, que es muy radical y no deja títere con cabeza, podría desencadenarle serios problemas con el poder. Al hablar en nombre de la Locura se cubre con un ropaje satírico que le protegerá, mientras el buen entendedor puede captar su mensaje sin problemas. Pero yo creo que el texto va más allá de esta motivación. Hay una especie de juego saturnal desesperado por parte de Erasmo en el que se da cuenta de que tiene que dar la vuelta a su propio discurso para ser radical, para llegar al fondo de su crítica. Lo que ocurre en su época es que nadie hace lo que dice, hay una impostura generalizada, la Iglesia utiliza el discurso del cristianismo para legitimar el poder, los privilegios y el cinismo de los que lo utilizan. El gran drama es que las palabras que debería utilizar para criticar a los impresentables de su época ha sido apropiada por estos.Podemos hacer una analogía entre la época de Erasmo y la nuestra. Si seguimos a Wallerstein el siglo XVI es el final de un sistema-mundo y el inicio de otro, el capitalismo como economía-mundo. Continuando con su planteamiento la economía-mundo del capitalismo se está acabando y está empezando otra que no sabemos lo que será. Tampoco lo sabía Erasmo ni la gente de su época. Lo único que sabían es que el sistema estaba acabando y los poderosos mantenían sus privilegios como aves de rapiña sin importarles el futuro, que no sería el suyo. Hoy pasa lo mismo: sabemos que el capitalismo está llegando a su límite y que una minoría sigue expoliando a su costa. Pasa también que vivimos esta “crisis de palabras” (según la expresión de Daniel Blanchart en un texto muy recomendable que se titula así). No sabemos cómo expresar nuestra rabia, nuestra indignación, nuestra crítica. Socialismo, democracia, derechos humanos, izquierda, libertad, igualdad eran palabras contundentes que querían decir mucho, que expresaban movimientos reales por la emancipación. Hoy es este discurso es utilizado por los liberales que gestionan el sistema (sean liberales puros, liberales conservadores o socioliberales) y el estalinismo destruyó el sentido emancipatorio del término comunismo. El desaliento es el peligro inmediato que nos acecha pero hemos de ver la manera, difícil por supuesto, de recuperar esta ética de la verdad a través del discurso que en su momento Erasmo no pudo hacerlo de otra manera que elogiando la locura. Yo no sé cual es la solución pero si sé que los que queremos reivindicar la tradición de la izquierda hemos de evitar alimentar con falsas retóricas esta crisis de palabras que tanto daño está haciendo.

domingo, 14 de marzo de 2010

Palabra Pertinente

A propósito del libro Antropología, etnomarxismo y compromiso social de los antropólogos (Ocean Sur 2010), de Gilberto López y Rivas
Paul Hersch Martínez
Ocean Sur

Ante los graves momentos por los que atraviesa actualmente nuestro país, donde la trama misma de la sociedad se encuentra sometida a crecientes presiones económicas y políticas, el llamado a la reflexión respecto al papel de las ciencias sociales y las humanidades y al compromiso de quienes a ellas se dedican en México y en América Latina resulta sin duda pertinente. De ese llamado se ocupan los cuatro ensayos que componen la obra Antropología, etnomarxismo y compromiso social de los antropólogos (Editorial Ocean Sur, 2010), del profesor e investigador del INAH en Morelos, Gilberto López y Rivas. Hoy, antes de una estancia de trabajo de campo, tal vez más que nunca en los últimos años, el investigador ha de preguntarse por los medios y las condiciones para realizarla. De entrada, por las condiciones laborales de los participantes, cuando la planta de trabajadores académicos se encuentra estancada a pesar de la relevancia creciente de su trabajo, o por los recursos asignados a su tarea, valorada poco en algunos círculos gubernamentales, sino incluso por las condiciones mismas de seguridad, pues como bien reconocen algunos funcionarios, hay regiones enteras del país donde no solo es desaconsejable llevar a cabo indagaciones entre la población, sino hasta transitar. Digámoslo de manera extrema pero no del todo disparatada: nadie quiere hoy tropezarse con una hielera que contenga un par de cabezas cercenadas. Los momentos de prueba constituyen, para individuos y colectividades, oportunidades de definición que ponen de relieve sus características esenciales. Esa premisa vale a su vez para las entidades académicas y universitarias y sus actores sociales, y es que, ante los embates indiscutibles de la inseguridad, los índices de pobreza en aumento y la incertidumbre laboral; ante la desinformación sistemática proyectada por unos medios de comunicación que a menudo operan como medios de soporización, o ante los graves apremios ambientales, ¿de qué sirven hoy al país esas instituciones académicas? ¿Cómo podemos responder, desde ellas, desde el ámbito interno de cada individuo y desde su desempeño cotidiano ante los retos del México actual? No se ocupa López y Rivas de una mera disquisición ideológica o de presentar un discurso moralizante, sino de clarificar procesos desde un ejercicio de ubicación espacial y temporal. Porque al fin y al cabo se trata de una ubicación, de colocar en contexto un ejercicio profesional, de propiciar una reflexión necesaria. La lectura de los cuatro ensayos contenidos en el libro pone de manifiesto, para empezar, que el tema de la responsabilidad social de los antropólogos en particular y de los profesionistas en general, aun siendo de gran actualidad, no es un tema nuevo en México, pues tiene una dimensión histórica que el autor proporciona. La pregunta por la pertinencia de las ciencias sociales y las humanidades y por la responsabilidad política de quienes se dedican a ellas ha sido formulada antes en nuestro país, y su respuesta ha sido explorada previamente con lucidez, pero la historia de nuestras disciplinas, o buena parte de su historia reciente es poco conocida incluso entre profesionales graduados. Una ciencia social que no se pregunta por su propia pertinencia social y que tampoco parte del referente de su propia historia, constituye una contradicción. Y en ese sentido, López y Rivas alude centralmente en su primer ensayo a un texto que sin duda sigue siendo de gran actualidad: el documento fundacional del Consejo Latinoamericano de Apoyo a las Luchas Indígenas (CLALI), generado en 1984, hoy de aconsejable lectura, porque contextualiza la realidad etnográfica y la reflexión sobre la diversidad cultural en el marco de una realidad social más amplia. El origen colonial de la antropología y el reto de abandonar la mera propensión a inventariar al otro y sus costumbres —en nuestro caso, a menudo al indígena y su mundo—, el reto de trascender la explicable fascinación hacia lo exótico, el desafío de superar el folclorismo para reconocer la dinámica social de los seres humanos y sus colectividades, son tendencias que han sido descritas y analizadas, pero no han sido del todo superadas. El racismo y la exclusión que éste conlleva continúan en nuestra sociedad, aunque se les presente a veces con un ropaje de “tolerancia” o condescendencia. De ahí la necesidad de preguntarse por el impacto de la disciplina justamente en las realidades sociales y en los conjuntos de población de las que se ocupa. Pero además, la inclusión progresiva de nuevos temas y problemas de estudio, de nuevos derroteros de indagación en la antropología, demanda hoy miradas y métodos que —lejos de tomar a los procesos como cosas o de descontextualizar las temáticas—, hagan un esfuerzo por incorporar de manera concreta, en los protocolos mismos de investigación, los rubros de reciprocidad y de pertinencia social de las investigaciones, y el sentido de éstas como aportadoras de insumos para las políticas públicas. Hoy sigue siendo pertinente investigar, tomar el tiempo de otras personas y el propio, pero para con ello ocuparse de los grandes problemas de las colectividades y los individuos y así explorar y fundamentar recomendaciones, ante la grave crisis que hoy constatamos, relativa a la toma inconsciente de decisiones políticas que resultan a menudo cuestionables desde el interés de las poblaciones, decisiones que afectan a esas colectividades y a los individuos que las componen. Y es que las políticas públicas demandan información de calidad, y a su vez, orientación de calidad. Han sido ya muchos años de delegar decisiones fundamentales que afectan a nuestra sociedad, a diverso nivel, en sujetos y grupos de poder carentes no sólo de sensibilidad social y de criterio, sino de información objetiva. Y en este entorno, es preciso estar en guardia permanente ante la perspectiva de una academia que vive mirándose el ombligo, encerrada en el laberinto de las prioridades puestas en las trayectorias personales y que discurre en circuitos ajenos a los problemas cotidianos de la población. Por ello, el texto que comentamos resulta pertinente.La crisis que estamos atravesando es en parte una crisis severa en la calidad de las políticas públicas, carentes del concurso de unas ciencias sociales y de unas humanidades integradas a la política. Problemas de relevancia colectiva pero que se expresan concretamente en la vida de los individuos, problemas de índole laboral, ambiental, educativa o sanitaria, no siempre se abordan con el método y la rigurosidad que ameritan, ni su análisis riguroso, cuando lo hay, nutre los movimientos sociales y los procesos de toma de decisiones. Estos problemas son materia prioritaria de atención y sin embargo, a menudo, se soslayan porque remiten a condiciones estructurales: que nacen de un entramado, del esqueleto que no se puede ver, pero que mantiene la forma de las cosas tal como son. La articulación entre las investigaciones generadas por las instituciones académicas y las políticas públicas es aún, en muchos casos, solamente una buena idea. Las instituciones académicas velan poco por hacer valer sus productos más allá de su propio circuito, y sin embargo, la elección misma de temas y problemas de investigación, incluidas las investigaciones que son parte de la formación universitaria, sin duda ha de enriquecerse al expandirse el sentido social del trabajo académico, que mucho tiene que aportar hoy a nuestro país. Hoy es preciso proveerse de las preguntas oportunas y esenciales que son el nodo mismo de la producción del investigador. Preguntarnos con tino es nuestra responsabilidad. Y en la formulación de las preguntas interviene no una motivación ideológica que puede ser inconsciente, ni sólo una determinada convicción política, sino una sensibilidad social. Con otras palabras, López y Rivas conmina con su libro a salir del circuito cerrado y autocomplaciente de una ciencia social limitada e intrascendente, ocupada de sí misma, pero no de su impacto ante los graves temas y problemas actuales del país, de América Latina y del mundo todo. Un elemento general de la obra es el ejercicio de memoria y a su vez el rescate del etnomarxismo, del cual poco se habla en nuestros días, a pesar de su pertinencia actual. Otro elemento a resaltar del texto es la actualización que brinda respecto al papel de la antropología en un marco actual de transnacionalización globalizadora, donde, a pesar de los discursos de globalización y apertura, unos son los globalizadores y otros los globalizados, y una es la globalización del capital y otra, la falta de globalización real de las oportunidades básicas para todo el mundo. Esto es, la globalización del trabajo digno, la globalización de la justicia, o la globalización de las oportunidades educativas y lúdicas de calidad. Y es que los grandes cambios habidos en los dos últimos decenios han generado una constelación de situaciones que deben de ser abordadas por las ciencias sociales de una manera crítica y a su vez propositiva. Estimulante a diversos niveles, la obra de López y Rivas orilla a explorar con detenimiento varias de sus fuentes, empezando por el citado documento fundacional del Consejo Latinoamericano de Apoyo a las Luchas Indígenas (CLALI). Destaca el autor las aportaciones del etnomarxismo en su crítica al marxismo reduccionista, vinculado con el pensamiento gramsciano que desde el propio marxismo y muchos años antes de que se acuñara el término de etnomarxismo, planteó la dinámica entre culturas a partir de su propia condición de italiano proveniente de un territorio periférico de Italia, la isla de Cerdeña. Uno de los aspectos centrales que es preciso resaltar en la obra de López y Rivas es la atinada crítica hecha hace ya más de un cuarto de siglo, a una perspectiva que no ha sido superada, que es la visión de las etnias como independientes de los procesos clasistas, desconexión que hoy vemos evidente en muchas de las iniciativas que se ocupan, por ejemplo, de la interculturalidad, y recurren a dicho término soslayando el conflicto social, económico y político que enmarca las relaciones interétnicas, situación hoy evidente en el campo de las iniciativas de reconocimiento y valoración de la etnomedicina y de la denominada “medicina tradicional”, que ponen el énfasis en un eje de modernidad-tradición sin reparar en las tensiones sociales inherentes a los mecanismos de innovación y de herencia que se manejan como si lo étnico se encontrase al margen de la dinámica de clases; dicho de otra forma, en énfasis en la dinámica de la diversidad cultural sin considerar la creciente desigualdad social imperante, pues reconocerla implica entrar al campo de las condiciones estructurales subyacentes, las cuales rebasan la dinámica étnica, pero la enmarcan. A su vez, resulta atinada la reflexión del autor al subrayar la estratégica recuperación del pasado, de la memoria histórica, que adquiere sentido y eficacia política en cuanto se relaciona con un presente insatisfactorio, injusto y opresivo. Esta observación, que da pie a reconocer que la dimensión histórica de los procesos forma parte ineludible de la investigación antropológica, se enlaza con el hecho ya puesto en relieve, de que lo étnico no es independiente, incompatible ni antitético con lo clasista. No es menos necesario reconocer, como lo hace la obra, que la solución de la problemática étnica requiere de la acción política de los indígenas y no la aplicación de políticas indigenistas: en ese sentido, para derivar eso en una temática concreta, por ejemplo, la solución de los retos que implica la etnomedicina y la etnobotánica demanda la participación de los actores sociales implicados en los temas y problemas que ocupan a esas disciplinas, y no, como se plantea a veces de manera simplista, el establecimiento de políticas de reivindicación étnica sin el concurso político de los supuestos “reivindicados”. Si lo étnico no sólo es compatible sino dependiente de los procesos de clase, es evidente que lo etnomédico es compatible y además dependiente de esos procesos de clase determinantes en el campo de la salud y la enfermedad. El texto permite una lectura equilibrada que implica no soslayar la dimensión de clase ni soslayar la dimensión étnico-cultural, ya presente en los aportes gramscianos de su momento: sin duda, como se afirma en el trabajo, “en el desarrollo de la nación moderna, los sujetos actuantes no son sólo los constituidos por las clases sociales sino también, dentro de las mismas, los agrupados en torno a las identidades de diversa naturaleza, como las etnias, los grupos de edad, el género y otros”. Cabe señalar finalmente que el texto de López y Rivas, de lectura accesible, y de fundamentada documentación, es una obra que debe ser leída por todo estudiante de ciencias sociales y por todo joven antropólogo, para que pondere la dimensión trascendente de la disciplina en la que se está metiendo y para que se pregunte acerca de su propia responsabilidad respecto a los grandes problemas actuales. Publicado originalmente en El Tlacuache – La Jornada Morelos,número 406, (7 de marzo de 2010)http://www.oceansur.com/news/palabra-pertinente/